Por favor, diligencie la inscripción. La participación en el evento no tiene ningún costo.
https://directoriodeeventos.com/Form/Formulario_G_Y_S_CONGRESOS_-_ASBESTO


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JUSTIFICACIÓN:
Con la expedición de la ley Ana Cecilia Niño, Colombia dio un paso muy importante hacia la prohibición del asbesto, uno de los carcinógenos ocupacionales más reconocidos, responsable de aproximadamente la mitad de las muertes por cáncer ocupacional.
Sin embargo, en los países con registros fiables y precisos en lo que respecta a las enfermedades relacionadas con el asbesto, la incidencia de mesoteliomas y otros casos de cáncer relacionados con exposiciones no profesionales tiende a ser cada vez más elevada.
Es por ello que el país, en todo su espectro social, debe revisar a fondo los avances en las herramientas que brinda la ley y su implementación en temas como la sensibilización social sobre los riesgos que representa el asbesto, la respuesta de atención a las víctimas, las políticas públicas por parte del Estado colombiano, el estudio e investigación de la problemática asociada a este mineral, la cadena de manejo del asbesto existente, la capacidad técnica y humana en materia de laboratorios para el análisis e identificación del asbesto, las alternativas para la eliminación del asbesto y las acciones para el cumplimiento de las normas emanadas de la ley 1968 de 2019, más conocida como Ley Ana Cecilia Niño.
ANTECEDENTES:
En 2019, un gran movimiento social de organizaciones académicas, sociales y no gubernamentales, institucionales, políticas y mediáticas logró prohibir el asbesto en Colombia a través de la expedición de la ley Ana Cecilia Niño (Ley 1968 de 2019), que entró en vigencia a partir del 1 de enero de 2021.
A partir de ese momento, se prohibió explotar, producir, comercializar, importar, distribuir o exportar cualquier variedad de asbesto y productos elaborados con él en el territorio nacional.
Una vez publicada y sancionada la ley, dos aspectos entraron en la agenda prioritaria de todas las organizaciones participantes y del Estado colombiano.
1. Política pública de sustitución del asbesto in situ (artículo 3);
2. Medidas de identificación y seguimiento a la salud de los trabajadores durante un periodo umbral de 20 años (artículo 3, apartado 2) mediante la identificación de los trabajadores afectados por la exposición al asbesto y, de esta forma, generar los estudios epidemiológicos necesarios para el cumplimiento de la salud de estos trabajadores (artículo 5).
Para ello, se crea la ruta para la atención integral de las personas expuestas al asbesto, a través de la cual se debe brindar información y orientación sobre los derechos, medidas y recursos a su disposición, y la atención en salud, incluyendo los exámenes médico-legales y especializados orientados al diagnóstico y tratamiento (Artículo 12).
OBJETIVOS:
El ciclo de conferencias ASBESTOS EN COLOMBIA 2024 busca promover la implementación de la Ley Ana Cecilia Niño para generar un espacio de discusión y debate sobre el asbesto no sólo en Colombia, sino en América Latina, a través de la incidencia internacional de expertos de países con experiencia en esta problemática.
Buscará fortalecer el compromiso de las autoridades y de la sociedad en general con la implementación efectiva de la Ley Ana Cecilia Niño. Esto incluye la sensibilización social sobre los riesgos que representa el asbesto, la respuesta de atención a las víctimas, las políticas públicas por parte del Estado colombiano, el estudio e investigación de la problemática asociada a este mineral, la cadena de manejo del asbesto existente, la capacidad técnica y humana en materia de laboratorios para el análisis e identificación del asbesto, las tecnologías alternativas para la eliminación del asbesto y las acciones para el cumplimiento de la normatividad emanada de la ley de 1968, más conocida como Ley Ana Cecilia Niño.
OBJETIVOS ESPECÍFICOS
El proyecto ASBESTO EN COLOMBIA 2024 es un encuentro internacional de conferencias para presentar la problemática relacionada con el uso industrial del asbesto, desde diferentes enfoques derivados de la ley Ana Cecilia Niño (Ley 1968 de 2019).
Durante dos días en Bogotá se llevará a cabo un ciclo de conferencias con el objetivo de promover el manejo adecuado del asbesto instalado y revisar los avances en la identificación y vigilancia de la población expuesta al asbesto, y revisar los desarrollos en la implementación de la Ley Ana Cecilia Niño (Ley 1968 de 2019).

Por Kathleen Ruff
Exdirectora del Court Challenges Program of Canada (ccp) y de la Comisión Ciudadana por los Derechos Humanos de Columbia Británica. Fue la fundadora y editora del Canadian Human Rights Reporter. Coordinadora de la Alianza del Convenio de Rotterdam, fundadora de rightoncanada.ca y asesora principal de derechos humanos del Instituto Rideau de Asuntos Internacionales.
Traducción del texto original en inglés «Scientific articles, intended to cast doubt on harm caused by chrysotile asbestos, were potentially part of a crime-fraud» (2013), publicado en RightOn Canada. Recuperado de http://bit.ly/2TmVjEj.
Texto original en español publicado en ASBESTO EN COLOMBIA: Fundamentos para el debate.
La periodista y activista de derechos humanos canadiense, denuncia el comportamiento corporativo de la industria del asbesto al filtrar documentos en revistas con concejos editoriales proclives al sesgo; ella señala puntualmente que las grandes corporaciones a menudo invierten estratégicamente en agendas de investigación, cuyo objetivo es desarrollar un cuerpo de conocimiento científico favorable a un interés económico particular o útil, para defenderse contra demandas particulares de responsabilidad legal, y aunque para algunos académicos estas declaraciones sean simples datos anecdóticos, estas terminan siendo las fuentes que alimentan los análisis del estado del arte en temas relacionados con el asbesto, sembrando la literatura científica con estudios financiados por la propia industria para afectar la veracidad de las conclusiones que emiten los expertos. Este es, puntualiza ella, el problema de nuestro tiempo.
INTRODUCCIÓN
En una poderosa decisión, un tribunal de apelaciones de Nueva York encontró que 11 artículos, publicados en revistas científicas, fueron potencialmente parte de un delito de fraude. Los artículos, financiados por Georgia-Pacific, tenían la intención de arrojar dudas sobre la capacidad del asbesto crisotilo para causar cáncer.
El 6 de junio de 2013, cinco jueces de un Tribunal de Apelaciones de Nueva York dictaminaron de manera unánime (New York Supreme Court, Appellate Divison, 2013) que Georgia-Pacific (GP) debe permitir una revisión (privada) en cámara de documentos y datos brutos relacionados con 11 estudios de investigación publicados y financiados por GP, relativos a los efectos sobre la salud del compuesto para masillas de esta empresa —un producto utilizado en la construcción—, el cual contiene asbesto.
El tribunal de apelación rechazó el argumento de GP de que los documentos estaban protegidos por el privilegio del sigilo entre abogado-cliente, por lo que no deberían divulgarse. Normalmente, el privilegio del sigilo abogado-cliente se considera sacrosanto en Estados Unidos. Sin embargo, en circunstancias excepcionales, ese privilegio puede anularse. Los jueces de apelación decidieron que se trataba de una situación excepcional y confirmaron una decisión judicial anterior que dictaminó que debe ejecutarse una revisión a puerta cerrada de los documentos, para determinar si se aplica la excepción de fraude delictivo al privilegio del sigilo abogado-cliente.
Los cinco jueces observaron que la excepción de fraude delictivo comprende «un plan fraudulento, una supuesta violación del deber fiduciario o
una acusación de otra conducta ilícita» (New York Supreme Court, Appellate Division, 2013).
Los consejos para el cumplimiento de un objetivo fraudulento o ilegal no pueden considerarse sólidos. Más bien, el asesoramiento en el cumplimiento de tales objetivos es socialmente perverso, y las comunicaciones del cliente que buscan tal consejo no son dignas de protección. (New York Supreme Court, Appellate Division, 2013)
GP financió estos estudios en 2005 para ayudarse en su defensa de las demandas relacionadas con el asbesto, los cuales se presentaron falsamente como investigaciones independientes y se publicaron en las siguientes revistas científicas: Inhalation Toxicology, Journal of Occupational & Environmental Hygiene, Annals of Occupational Hygiene y Risk Analysis. En efecto, el tribunal señaló que los estudios tenían la intención de arrojar dudas sobre la capacidad del asbesto crisotilo para causar cáncer y que los autores no revelaron la participación y sugerencias del abogado de GP en largas discusiones sobre el contenido de los manuscritos antes de la publicación. Incluso, dos artículos afirmaron que «[GP] no participó en el diseño del estudio, el análisis de los datos o la preparación del manuscrito» (New York Supreme Court, Appellate Division, 2013) y la afirmación de David Bernstein de que su investigación fue «patrocinada» por una subvención de gp resultó falsa. En realidad, no existieron tales subvenciones y Bernstein fue contratado por GP en una tarifa por horas.
Asimismo, el tribunal declaró que la única revelación sobre conflictos de interés en tres artículos liderados por David Bernstein y coescritos por Stewart Holm, fue que la investigación era «patrocinada» o «respaldada» por una beca de GP. Los artículos no explicitaron que Holm fue contratado especialmente por gp para los litigios por asbesto o que él informaba al abogado interno de la empresa. Los artículos tampoco informaron que Bernstein hubiese sido testigo experto de GP en el litigio por asbesto del Condado de Nueva York desde 2009, que había testificado como experto en defensa de Union Carbide Corporation en litigios sobre asbesto o que había recibido pago y hablado en nombre del Instituto del Crisotilo, el brazo para cabildeo de la industria minera del crisotilo en Quebec.
Si bien Bernstein se presenta como un científico independiente, él ha sido financiado durante décadas y ha trabajado en estrecha colaboración con la industria del asbesto en todo el mundo. Por ejemplo, en agosto de 2012, Bernstein fue llevado por el lobby brasileño del asbesto para testificar ante
la Corte Suprema de Brasil, en apoyo de la industria y su negativa a que el asbesto crisotilo debería ser prohibido.
El tribunal de apelación también señaló que, aunque GP se esforzó tardíamente a abordar las deficiencias de algunas de sus divulgaciones, sus correcciones no reconocieron la participación de su abogado interno y no aclararon que el testimonio del doctor Bernstein como testigo experto precedió a la publicación del primer artículo sobre el compuesto para masilla de GP, reformulado en 2008.
De acuerdo con los jueces de apelación, lo anterior constituye una base fáctica suficiente para concluir que las comunicaciones relevantes podrían haberse realizado en fomento de un fraude y el tribunal de mociones confirmó la recomendación de proponer la revisión en cámara de los documentos internos. Los jueces citaron la observación del tribunal anterior sobre lo preocupante que es la participación tan íntima del abogado interno de GP en estudios científicos —los cuales deberían ser objetivos—, especialmente a la luz de las negaciones de GP de dicha participación.
Los jueces de apelación citaron una sentencia judicial que dice que «las grandes corporaciones a menudo invierten estratégicamente en agendas de
investigación, cuyo objetivo es desarrollar un cuerpo de conocimiento científico favorable a un interés económico particular o útil, para defenderse contra demandas particulares de responsabilidad legal» (New York Supreme Court, Appellate Division, 2013). También citaron la sentencia del caso contra la British American Tobacco: «la publicación de los hallazgos y conclusiones [de la investigación] invita al uso de personas a quienes los hallazgos favorecen y a la confianza de los que buscan los hechos. El público tiene interés por resolver disputas sobre la base de información precisa» (New York Supreme Court, Appellate Division, 2013). En el presente caso, GP encargó los estudios en anticipación a un litigio y admitió que «[en] un momento apropiado y después de que se hubiere completado su publicación, GP planeaba presentar los resultados de los estudios en litigio» (New York Supreme Court, Appellate Division, 2013).
Finalmente, el tribunal de apelación declaró que los principios de imparcialidad requieren una divulgación más completa y que no se debe permitir
que GP use las conclusiones de sus expertos como una espada al sembrar la literatura científica con estudios financiados por la misma empresa, mientras que usa el privilegio como escudo al retener los datos brutos subyacentes, los cuales podrían ser objeto de escrutinio por parte de la parte contraria y afectar la veracidad de las conclusiones de sus expertos.
RESPONSABILIDAD DE LAS REVISTAS CIENTÍFICAS
Las revistas científicas que publicaron los artículos son Inhalation Toxicology (cuatro artículos), Journal of Occupational & Environmental Hygiene (cuatro artículos), Annals of Occupational Hygiene (dos artículos) y Risk Analysis (un artículo).
Estas cuatro revistas científicas fueron supuestamente engañadas para que publicaran artículos manipulados, controlados y financiados por la industria del asbesto como si se tratara de investigaciones científicas legítimas e independientes. Por lo tanto, las revistas engañaron y les fallaron a sus lectores sin saberlo. Es importante que estas cuatro revistas científicas publiquen una disculpa a sus lectores, eliminen los artículos de sus sitios web y archivos y los reemplacen por una declaración que explique la razón de la eliminación.
Así, es de esperar que científicos y defensores de la salud, preocupados por la integridad de la ciencia y la protección de la salud, se pongan en contacto con las revistas, haciendo esta solicitud y publicando la respuesta que reciban.
LISTA DE LOS ARTÍCULOS FRAUDULENTOS
Los 11 artículos que se acaban de listar fueron citados en declaraciones judiciales por Stewart Holm, director de Toxicología y Manejo Químico de GP,
como «investigación basada en litigios» (O’Neill, 2013, p. 1). Según el tribunal y como ya se mencionó, los documentos no eran enteramente el producto de mentes científicas independientes, sino que la empresa contrató a un grupo de expertos, quienes reportaban a los abogados de GP. El análisis permitió observar que los autores no revelaron que el asesor jurídico de GP desempeñó un papel significativo en la preparación de los estudios, pues participó en largas discusiones de los manuscritos y sugirió revisiones. Seth Shulman, de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS), explicó la importancia de este asunto:
¿Por qué preocuparse por un montón de artículos técnicos en revistas científicas arcanas? Debido a que, como señaló el tribunal, hay indicios de que esos estudios fueron una mala información plantada deliberadamente para poner en duda la naturaleza carcinogénica del asbesto crisotilo, un componente del joint compound de Georgia Pacific para trabajos de construcción. (O’Neill, 2013, p. 3)
Stewart Holm fue coautor de los tres documentos publicados en Inhalation Toxicology y coautor de casi todos los estudios. En una declaración de junio de 2011 a la Corte Suprema de Nueva York, Holm dijo que había sido «especialmente contratado» por GP en 2005 para «prestar servicios de consultoría especializada en relación con los litigios pendientes y venideros relativos a la supuesta exposición al asbesto» (O’Neill, 2013, p. 3). Según el tribunal de apelación, Holm reveló que trabajó «bajo los auspicios» de los abogados internos de la compañía, «que también participaron significativamente en el proceso de revisión previa a la publicación » (O’Neill, 2013, p. 3). Una condición que Holm describió es que cualquier
publicación de esta «investigación basada en litigios» tenía que ser aprobada por el principal abogado litigante de GP, John Childs (O’Neill, 2013, p. 3).
Los jueces de Nueva York adoptaron una opinión muy diferente y exigieron la divulgación de los datos relativos a los estudios con plena justificación, debido a que el caso involucraba «un esquema fraudulento, un supuesto incumplimiento del deber fiduciario o una acusación de conducta inapropiada» (O’Neill, 2013, p. 4). La corte agregó que los documentos en los que Donaldson era coautor no hicieron revelaciones importantes, pues no hizo mención alguna «de que Holm fue empleado especialmente por gp para el litigio de asbesto o que él reportaba al abogado residente de la compañía» (O’Neill, 2013, p. 4).
Los seis coautores (Bernstein, Rogers, Sepúlveda, Decker, Gaering y Kuzendorf) recibieron pagos de GP por un total de US$ 2.3 millones, como informó la corte. Holm estimó que Donaldson había recibido alrededor de us$ 6000 (O -Neill, 2013).
Por otro lado, estos documentos de la Corte Suprema de Nueva York no solo involucran al profesor Donaldson. El más reciente dice que su testimonio
sería sobre «conceptos respecto de la dosis, el aclaramiento, la biopersistencia y cómo el cuerpo reacciona de forma diferente al crisotilo» (O’Neill, 2013, p. 5), comparado con otras formas de asbesto, incluyendo la aseveración de que «las fibras cortas de crisotilo no son una causa potente de la enfermedad en seres humanos y, en dosis bajas, no se espera que causen enfermedad en absoluto, incluyendo el mesotelioma» (O’Neill, 2013, p. 5).
REFERENCIAS
O’Neill, R. (2013). Dust storm: «crime-fraud» allegations cloud conference. Hazards Magazine,
(123). Recuperado de http://bit.ly/2GWsLeY.
Ruff, K. (2013). Scientific articles, intended to cast doubt on harm caused by chrysotile asbestos, were potentially part of a crime-fraud. Ottawa: RightOn Canada. Recuperado de http://bit.ly/2TmVjEj. New York Supreme Court, Appellate Division. (6 de junio de 2013). In the matter of New York City Asbestos Litigation. Weitz & Luxenberg P. C. et al., respondents, v Georgia-Pacific LLC, appellant. New York State Law Reporting Bureau. Recuperado de http://bit.ly/2VwJoBd.

Kathleen Ruff, RightOnCanada.ca
Octubre 17 de 2018.
El gobierno de Canadá publicó hoy una serie de medidas regulatorias que prohíben el asbesto y los productos que contienen asbesto.
Estas medidas entrarán en vigencia en 90 días.
Este es un gran día en la lucha para prohibir el uso de asbesto en todos los rincones del mundo.
Sin embargo, no es un día perfecto. Las regulaciones eximen los 800 millones de toneladas de residuos mineros en Quebec, que contienen hasta un 40% de asbesto, y los proyectos para hacer un uso comercial de los residuos, por ejemplo, extrayendo magnesio.
El gobierno afirma que los riesgos de exposición a los residuos de la extracción de asbesto ya se abordan a través de la legislación laboral y de salud de las provincias. Esto es simplemente falso. Como las propias autoridades sanitarias de Quebec lo han dicho con bastante claridad, y como lo ha declarado el propio Primer Ministro Trudeau, los estándares de exposición ocupacional de Quebec son defectuosos y deben modificarse, ya que actualmente permiten que los trabajadores estén expuestos a altos niveles de asbesto que serían ilegales en cualquier otro lugar de Canadá o el mundo occidental.
Queda mucho por hacer para abordar el terrible legado de un siglo de minería y uso del asbesto en Canadá.
Pero este es un primer paso importante y es bienvenido.

LA CONTROVERSIA SOBRE EL ASBESTO BLANCO, 1950-2004
Por Geoffrey Tweedale * y Jock McCulloch **[1]
RESUMEN
En la primera mitad del siglo XX, el asbesto era un mineral controvertido a causa de su asociación con la asbestosis y el cáncer de pulmón. No lo ha sido menos desde la década de los 60, cuando se identificó otro cáncer relacionado con el asbesto: el mesotelioma. El mesotelioma parecía estar más fuertemente vinculado con el asbesto azul (crocidolita) que con las otras variedades de asbesto: el marrón (amosita) y el blanco (crisotilo). Este hallazgo provocó un intenso debate entre los «crisofílicos» (quienes declararon inocuo el crisotilo) y los «crisofóbicos» (aquellos que creían que este era un peligro mortal). El presente ensayo intenta describir por primera vez la historia de la controversia sobre el crisotilo, la cual nos demuestra que el consenso científico sobre la seguridad del asbesto blanco fue un proceso muy lento en desarrollarse. Esto se debió solo en parte a las complejidades de la investigación científica, pues los factores políticos, económicos y sociales han militado en contra de una solución más rápida a este debate, facilitando la producción y el uso continuado del asbesto en las economías emergentes del mundo entero.
En 1991 la popular revista Science dio la bienvenida a sus lectores describiendo así el mundo de la investigación sobre el asbesto: «un mundo dividido por profundas fisuras y amargas disputas… donde la ciencia y la ley interactúan en una serie de demandas multimillonarias… [y] donde los científicos con puntos de vista opuestos ya no parecen ser capaces de hablar entre sí como científicos.» La revista aludía a dos recientes conferencias sobre el asbesto: la primera, celebrada en Harvard en diciembre de 1988, que se refirió a los «Aspectos de Salud por la Exposición al Asbesto en los Edificios»; la segunda, que tuvo lugar en Nueva York en junio de 1990, y se llamaba la «Tercera Ola de las Enfermedades por Asbesto».[2]
Aparentemente, las conferencias tenían mucho en común. A las dos asistieron destacados científicos del área y ambas estaban preocupadas por evaluar el peligro que representaba el asbesto para el medio ambiente, en especial en oficinas y escuelas. Ninguno de los participantes cuestionó si el asbesto era potencialmente un riesgo grave para la salud: se reconoció que la inhalación de fibras de asbesto podría causar asbestosis (cicatrización pulmonar), cáncer de pulmón (originado en el revestimiento de las vías respiratorias), mesotelioma (un virulento cáncer del revestimiento del tórax o del abdomen) y posiblemente otros cánceres. Tampoco se puso en duda que las enfermedades relacionadas con el asbesto (ERA) fueran incurables y, en muchos casos, fatales. En ese punto, sin embargo, el consenso terminó. De hecho, las dos conferencias enviaron al público y a la comunidad científica mensajes muy diferentes: según el simposio de Harvard, el peligro que representaba el asbesto en los edificios era insignificante; la reunión de Nueva York, por otro lado, consideró que el asbesto en el medio ambiente era un peligro grave y advirtió que las ERA podrían dañar a miles de trabajadores de la construcción, al personal de las oficinas y a los maestros de las escuelas. Pero la discusión se polarizó de otro modo al reflejar conclusiones tan opuestas: los participantes de las dos conferencias fueron tan hostiles entre sí que no asistieron a las reuniones conjuntas. Las divisiones y la amargura eran sintomáticas de la cargada atmósfera social y política que generaron las disputas, ampliamente publicitadas en los Estados Unidos, sobre los costos y beneficios de limpiar la contaminación ambiental por el asbesto.
Fundamental para esta hostilidad fue el desacuerdo sobre qué tipo de fibra causaba las ERA; una reflexión inspirada en el hecho de que el asbesto no es una entidad única.[3] «Asbesto» es un nombre genérico dado a un grupo de minerales fibrosos. Existen dos tipos: el serpentino y los anfíbolos. El crisotilo (o asbesto blanco) es el único miembro del grupo serpentino, y se extrae principalmente en Rusia, Canadá, China, Brasil y Zimbabue. El grupo anfíbol incluye, entre otras, dos categorías comerciales importantes de asbesto: amosita (marrón) y crocidolita (azul). El crisotilo ha sido la categoría comercial más utilizada, y representa más del 90 por ciento del asbesto usado en el siglo XX. Los participantes de la conferencia de Harvard hicieron hincapié en la ubicuidad del crisotilo y afirmaron que, a diferencia de los anfíbolos, aquel no provocaba mesotelioma ni causaba asbestosis o cáncer de pulmón si se mantenían las debidas precauciones. Por el contrario, los científicos de la «Tercera Ola» argumentaron que el crisotilo, además de causar asbestosis, era un carcinógeno indudable, capaz de causar mesotelioma y cáncer de pulmón.
Catorce años más tarde, gran parte de las altas temperaturas generadas por la controversia sobre el asbesto-en-edificios se ha disipado, al menos en los Estados Unidos. Pero el asbesto sigue siendo el más controvertido y temido de los minerales industriales. La mayoría de los países del mundo desarrollado virtualmente han prohibido su uso, aunque aún tienen que aceptar su legado en litigios, empresas en quiebra y una mayor morbilidad y mortalidad por las ERA. En los Estados Unidos, ha sido tal el estruendo de los litigios, que se han presentado demandas para que el Congreso actúe. Mientras tanto, se proyecta que los países europeos sufran una epidemia de ERA que eventualmente podría matar a medio millón de personas. El asbesto sigue siendo una preocupación ambiental, dada su omnipresencia en edificios y productos de ingeniería.
También la controversia con respecto al tipo de fibra está muy viva; la afirmación de que el crisotilo, a diferencia de los anfíbolos, no representa ningún peligro si se toman las precauciones adecuadas, se utiliza en la actualidad para justificar la producción y el uso continuado del asbesto en los países de economías emergentes. Con el cierre de la producción mundial de anfíbolos en Sudáfrica en 1996, el crisotilo es ahora el único tipo de asbesto disponible. En 2002, la producción mundial de asbesto fue de 1,9 millones de toneladas, con Rusia, China, Canadá y Kazajstán como proveedores líderes. La mayor parte de esta producción se destina a países de América Latina, Asia y Lejano Oriente, los cuales utilizan productos que ya no son tolerados en los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). La justificación para el uso continuado del asbesto se basa, en gran medida, en el argumento que algunos científicos impulsaron con fuerza en los años 80: que el asbesto blanco puede utilizarse de forma segura y, por lo tanto, debe ser un mineral preciado, en especial en los países de economías emergentes, donde cualquier riesgo para la salud se vería compensado por los beneficios que ofrecen productos como las tuberías de agua en asbesto-cemento. No obstante, los críticos siguen afirmando que el crisotilo es una amenaza; que no existe un umbral seguro de exposición, y que su producción en los países de economías emergentes, donde las medidas de seguridad son típicamente laxas, es irresponsable. El debate ha sido caracterizado por un participante como un debate entre «crisofílicos» y «crisofóbicos».[4] El argumento, que ha durado más de treinta años, sigue siendo amargo; como la industria del asbesto lucha por la supervivencia, el núcleo de la disputa se ubica en los aspectos epidemiológicos del asbesto.
La literatura al respecto es enorme y su evaluación difícil, en especial para los profanos. Inevitablemente, el debate se ha vertido en los ámbitos político y médico-legales, que ha generado aún más documentación, aumentando los problemas para su evaluación. Un médico escribió: «Se han publicado varios hallazgos, pero todavía queda por escribirse el relato de un historiador sobre la conducción de estas batallas (las del crisotilo), al igual que sobre los alcances de las diferencias entre los científicos y las formas en que estas fueron explotadas». Este ensayo intenta contar dicha historia; la primera que se ha escrito, por lo que sabemos. Explicaremos cómo surgió el debate sobre la seguridad del crisotilo, y describiremos los puntos de vista opuestos, así como los principales momentos de la controversia. Como historiadores, no intentamos proporcionar una «respuesta» científica sobre si el crisotilo es una fibra «segura», si bien mostraremos el lento surgimiento de un consenso científico (el cual consideramos convincente) que ve el crisotilo lejos de una luz favorable. También iluminaremos un hecho que no siempre se desprende de la literatura médica o de los pronunciamientos oficiales: que los factores políticos y económicos le han dado forma al debate científico en sus puntos críticos. Este enfoque conecta nuestro trabajo con una literatura creciente en la historia de la medicina del trabajo, que enfatiza cómo el control corporativo sobre la investigación científica ha influido tanto en el proceso científico como en los esfuerzos de los gobiernos por ofrecer una debida protección ambiental.[5]
NACIMIENTO DE LA HIPÓTESIS DE LOS ANFÍBOLOS
Hasta los años 50, los científicos reconocían pocas diferencias entre los tipos de asbesto, en cuanto a su capacidad de causar ERA (aunque aparentemente los trabajadores del asbesto notaron diferencias en la toxicidad de la fibra ya desde 1932).[6] Cuando la asbestosis apareció como un riesgo laboral significativo en los Estados Unidos y la Gran Bretaña, en los años 20, se descubrió que esto ocurría entre los trabajadores de las fábricas que procesaban todo tipo de fibra. También en Sudáfrica, en ese momento, la asbestosis era un riesgo conocido en las minas de crisotilo. El cáncer de pulmón relacionado con el asbesto se observó con mayor frecuencia entre los años 1930 y 1950 en las minas y fábricas que producen y procesan el asbesto azul, marrón y blanco. Los experimentos con animales, financiados por la industria en el laboratorio de Saranac en el Estado de Nueva York, durante la década de 1930, sugirieron que todos los tipos de asbesto podían inducir fibrosis.[7]
En 1960 se identificó el mesotelioma maligno por parte de un equipo de investigadores sudafricanos que incluía a J. Christopher Wagner (1923-2001), en las zonas mineras de asbesto azul del norte del Cabo (Sudáfrica). Esta investigación implicaba a la crocidolita como agente de la enfermedad. Según Wagner, quien se convertiría en una figura clave en futuros debates sobre el asbesto, «esta fue la primera vez que se incriminó a un tipo específico de asbesto».[8] También expuso Wagner la creencia de que el asbesto azul era la fibra más mortífera, y la principal ─quizá por completo─ responsable del mesotelioma, una visión que más tarde se denominaría la «hipótesis de los anfíbolos». En Sudáfrica, donde se produjo casi toda la crocidolita del mundo, esta condena afectó a la industria minera. Mientras que la asbestosis generalmente se confinaba al lugar de trabajo, el mesotelioma podía contraerse a partir de la exposición no ocupacional y ambiental. Esto significaba que los productos basados en asbesto eran potencialmente peligrosos. El nacimiento de los movimientos ecologistas en los Estados Unidos y Europa Occidental durante la década de 1960, generó un lobby anti-asbesto que llamó la atención pública sobre la amenaza del mesotelioma. Una de las repercusiones de la investigación de Wagner fue que le atrajo tal nivel de críticas por parte de la industria minera, que se vio imposibilitado de conseguir un empleo en Sudáfrica. En 1962, emigró al Reino Unido y se unió a la Pneumoconiosis Research Unit (PRU) del gobierno en el sur de Gales.
El mesotelioma representaba una amenaza menor para la industria del asbesto en el Reino Unido; sin embargo, a mediados de la década de 1960 los medios de comunicación ya llamaban al asbesto el «polvo asesino». Por otro lado, la industria británica era principalmente usuaria de crisotilo (y amosita), mientras la crocidolita jugaba un papel menor.[9]
La industria señaló la crocidolita como la culpable –e, irónicamente, como la cura– de sus problemas. En 1968, el productor líder Turner & Newall le dijo a un comprador preocupado que sus productos estaban hechos de asbesto blanco; que este «no estaba implicado de manera similar [en el mesotelioma]. Una vez más, no creo que su cliente corra ningún riesgo en este sentido». En 1969, la industria del asbesto de los Estados Unidos había dejado voluntariamente de importar crocidolita, aunque esto se debió en parte a que el gobierno había introducido normas más estrictas sobre el asbesto. Seguía siendo legal producir con cualquier tipo de asbesto; sin embargo, los controles de polvo requeridos para la crocidolita fueron mucho más estrictos que los del crisotilo y la amosita, lo que hizo que el asbesto azul no fuera económicamente rentable de producir. La crocidolita estaba consagrada en la ley británica como la fibra más peligrosa.[10]
En la práctica, la distinción entre crisotilo y crocidolita era engañosa. De la misma manera que los términos «blanco», «azul» y «marrón» no son descripciones precisas del color de la fibra, la distinción geológica entre los tipos a menudo era difusa. Por ejemplo, la mina de Penge en la provincia del norte de Sudáfrica fue la única fuente de amosita en el mundo. Sin embargo, la amosita se mezcló invariablemente con la crocidolita, de modo que, de hecho, ambos tipos de fibra se procesaron juntos en las fábricas y, por supuesto, cualquiera que usara la amosita aguas abajo, inadvertidamente también estaba utilizando la crocidolita. Del mismo modo, el crisotilo «puro» a menudo contiene pequeñas cantidades de anfíbol, como la tremolita. El asbesto también se puede encontrar como un constituyente en otros minerales potencialmente peligrosos, en particular los silicatos como el talco. Esto inevitablemente confundió los estudios médicos sobre los efectos en la salud. Los procesos de producción borraron aún más la distinción entre los tipos de fibra. Los productos de asbesto-cemento, como los tubos a presión y las tejas de gran longitud, usaban tradicionalmente asbesto blanco, pero se deformarían si se extraían del molde «verde» o no se fijaban. La adición de crocidolita al asbesto-cemento de crisotilo, sin embargo, hizo posible el trabajo de materiales de «resistencia verde». Los países del bloque del Este, en particular, usaron grandes cantidades de crocidolita como una especie de «antibiótico de amplio espectro» para mejorar la calidad del asbesto blanco ruso que era inferior.[11]
La determinación de la toxicidad del asbesto por el tipo de fibra era compleja por otras razones. La latencia prolongada de las ERA planteó problemas mayores (con mesoteliomas que generalmente ocurren solo treinta o cuarenta años, o incluso más, después de la exposición); su relativa rareza en la población general, la falta de información sobre la exposición al polvo que había ocurrido muchas décadas antes, y el hecho de que la exposición se daba por lo general frente a una mezcla de varios tipos de fibra. Otro acertijo era que los mesoteliomas no se podían encontrar entre los trabajadores de las minas canadienses de crisotilo, ni entre los trabajadores del asbesto y los usuarios finales en América, donde el asbesto blanco se había utilizado principalmente. Según Irving Selikoff, el decano de los expertos en asbesto de Estados Unidos, solo se importaron cantidades triviales de anfíbolos a los Estados Unidos antes de la década de 1940. ¿Era probable ─algunos se preguntaban─ que todos los mesoteliomas se debieran a estas pequeñas cantidades de crocidolita? En 1964, los científicos que asistieron a una reunión internacional en Nueva York se negaron a creer «que solo este tipo de fibra [crocidolita] estuviera relacionada con estos tumores».
Los expertos británicos coincidieron en que, respecto al mesotelioma, «es altamente improbable que solo un tipo de fibra sea siempre el responsable». Los estudios científicos parecían proporcionar cierta confirmación a esta visión escéptica, especialmente aquellos que se centraban en grupos como los trabajadores textiles y los mecánicos de frenos, quienes solo habían experimentado exposición al crisotilo. Estos estudios sugerían que el crisotilo podría causar el mesotelioma.[12]
J. C. Wagner creía que la incertidumbre podría resolverse mediante experimentos con animales, que comenzó tan pronto llegó al sur de Gales. En 1969 había inoculado asbesto en la pleura de ratas y esto había desencadenado el mesotelioma. Estos experimentos complejos y lentos fueron continuados tanto por Wagner como por otros investigadores de todo el mundo, aunque recibieron especial patrocinio en el Reino Unido, donde el financiamiento estuvo disponible por parte del gobierno y la industria del asbesto. Sin embargo, los resultados iniciales no fueron útiles para la industria y plantearon tantas preguntas como respuestas. Según un médico: «A pesar de las pruebas de laboratorio negativas para carcinogenicidad [química], todos los estudios de inhalación e inyección de animales indicaron que todas las fibras eran igualmente peligrosas, lo que respaldaba la restricción general o la prohibición del asbesto, pero ponían en duda la seguridad de sustitutos como la fibra de vidrio.” El crisotilo parecía ser un carcinógeno tan potente como la crocidolita.[13]
Esto contrastaba con la evidencia clínica de las ERA en humanos, la cual parecía mostrar que la crocidolita era la principal responsable del mesotelioma. El propio Wagner se inclinaba a descartar el trabajo de laboratorio como «engañoso» y no veía ninguna razón para una prohibición general del asbesto: «el descubrimiento de que ciertos tipos son más peligrosos que otros ha sido una gran ventaja al permitir un cambio de los productos más peligrosos por los menos peligrosos.»[14] Esta perspectiva era compatible con las más grandes empresas de asbesto, porque la mayor parte de sus ganancias se obtenían del crisotilo. Por el momento, la minería de crocidolita continuó, ya que seguía ofreciendo recompensas financieras, al igual que la extracción y el uso de amosita; pero los productores de crisotilo ahora estaban en ascenso dado que el uso mundial de asbesto se elevó a su pico de alrededor de 5 millones de toneladas en 1975. Las compañías líderes, que a menudo cooperaron para resolver los problemas técnicos relacionados con la molienda y el empaquetado, ahora tenían una segunda razón más convincente para la cooperación. En un intento por sobrevivir a los sustos de la salud de mediados de la década de los 60, la industria compartió información para contrarrestar la evidencia médica sobre los riesgos para la salud, y protegerse contra los sindicatos, movimientos sociales y gobiernos que buscaban reducir el uso del asbesto. Los productores de crisotilo de Canadá, Rhodesia del Sur y otros países formaron un frente unido contra el asbesto anfíbolo.
CONTANDO EL «CUENTO» DEL CRISOTILO
Obviamente, el crisotilo solo podía prevalecer si se demostraba que no representaba el mismo peligro para la salud que la crocidolita. Durante los años 60 y 70, preocupada por su supervivencia, la industria del asbesto comenzó un ejercicio masivo de investigación y relaciones públicas que fue diseñado para lograr ese objetivo. La financiación se invirtió en organismos patrocinados por la industria, que brotaron como el conocimiento de que el asbesto causaba la propagación del cáncer. En diciembre de 1970 se fundó la Asociación de Información sobre el Asbesto/América del Norte (AIA/NA) en los cuarteles generales de la compañía líder en asbesto de los EE.UU., Johns Manville, con sede en Nueva York. Al año siguiente, el presupuesto de la AIA era de casi US$300.000 para gastos en monitoreo de las conferencias y documentos médicos, y para iniciar «líneas de acción» en consecuencia. Una de esas líneas era manchar al crítico de la industria, Selikoff, y «comenzar a contar el ´cuento´ del crisotilo y desacreditar otras fibras”. Actuando en concierto con los estadounidenses estaba la Asociación Minera de Asbesto de Quebec (QAMA), que en 1966 había lanzado el Instituto de Salud Ocupacional y Ambiental (IOEH) en Montreal. El ochenta por ciento del asbesto canadiense se extraía en Quebec, con Thetford Mines como principal centro de operación. Canadá tenía el 40 por ciento del mercado mundial de crisotilo, convirtiéndose en el mayor productor de ese mineral, con envíos anuales a mediados de la década de 1960 de 1,5 millones de toneladas valoradas en más de US$160 millones. Con tales ganancias bajo amenaza, no escaseaba el dinero para apoyar el trabajo que protegería a la industria, y en 1972 el QAMA reportaba gastos por más de US$2 millones en proyectos de investigación.[15]
La asociación aceptó, confidencialmente, que los «tres tipos de asbesto estaban en el mismo barco… [y] …no se puede ignorar que en las circunstancias adecuadas se aplica la misma fibrogénesis y malignidad a la amosita y al crisotilo». De hecho, los primeros casos de mesotelioma pleural y otros cánceres de pulmón entre los mineros del crisotilo canadiense, se identificaron a finales de la década de los 40, cuando la industria canadiense mostraba poco remordimiento al suprimir la evidencia que se publicaba. Una vez que la publicidad de esta información se hizo ineludible, el QAMA erigió dos defensas. Una consistía en enfatizar la distinción entre la (supuesta) experiencia favorable de salud de los molineros y los mineros canadienses del asbesto ─presumiblemente protegidos por políticas que enfatizaban el uso responsable─ y el desastroso registro de los trabajadores de aislantes estadounidenses (como destacó Selikoff). El otro era el argumento de que la exposición al asbesto canadiense era al «crisotilo puro, mientras que los trabajadores de aislantes habían sido expuestos a una mezcla de varios tipos de asbesto». El eje de estas defensas fue el trabajo epidemiológico del IOEH. Estas investigaciones se centraron en J. Corbett McDonald, profesor de la Universidad de McGill en Montreal, quien en 1966 lanzó un gran estudio de cohortes para determinar los efectos que la minería del crisotilo en Canadá tenía sobre la salud.[16]
McDonald negó que el IOEH fuera una iniciativa de la industria, aunque esta afirmación se contradice con los documentos de QAMA. Ciertamente, el equipo de McDonald fue el principal destinatario de las dádivas de QAMA, que recibió US$500.000 en fondos de investigación entre 1966 y 1972. La asociación supo dónde poner su dinero sabiamente. Como las cohortes de McDonald fueron seguidas a lo largo de las décadas, los hallazgos sugirieron que las ERA entre los trabajadores de las minas de crisotilo en Canadá eran menos severas y generalizadas que en otras partes, confirmando así una creencia canadiense que data de principios del siglo XX.[17] El hallazgo no fue inesperado: la fibra de asbesto se descompone menos y por lo tanto es menos peligrosa en las etapas de minería y molienda preliminar, que en el usuario final de la fábrica y el trabajo de aislamientos (procesos que el QAMA ignoró, a pesar del atroz registro de asbestosis en muchas fábricas canadienses). Por otro lado, McDonald también destacó las muertes por cáncer de pulmón relacionadas con el asbesto y el mesotelioma en comunidades mineras canadienses, lo que puso a la industria del crisotilo en un problema importante que él y su equipo tratarían pronto de abordar.
Tranquilizadoramente, McDonald y sus colegas de McGill publicaron estudios que sugerían que los «contaminantes» en el medio ambiente canadiense, no el crisotilo, eran los culpables de los tumores pulmonares. La contaminación con aceite orgánico y sintético fue sugerida por primera vez como una posible razón de la naturaleza cancerígena del asbesto. Los estudios publicados a finales de la década de 1970 por McDonald y sus colegas también se centraron en el papel de la crocidolita, importada por una fábrica de máscaras de gas que había operado durante la Segunda Guerra Mundial, como la causa de los mesoteliomas. Sin embargo, los críticos han cuestionado si la crocidolita alguna vez fue importada a Canadá y sugirieron que una pista sobre la exposición a la crocidolita podría estar en un estudio geológico, realizado a fines de la década de 1950, que documentaba la presencia de pequeñas cantidades de crocidolita en las minas de Quebec.[18]
Los estudios de McGill han sido caracterizados por críticos estadounidenses como la apología del «Todo Menos el Crisotilo» [Anything But Crysotile, ABC, por sus siglas en inglés], quienes sostienen que tales estudios han sido utilizados por la industria para ampliar la cuota de mercado y evadir la responsabilidad. Ciertamente, en América del Norte, las asociaciones comerciales como QAMA y la AIA/NA ayudaron a la industria a definir la agenda de investigación, y a transformar el problema del asbesto en un problema de laboratorio que parecía desconectado de cuestiones políticas y sociales. Esta separación fue particularmente útil después de mediados de la década de los 70, cuando una controversia pública se generó por revelaciones sobre las malas condiciones de trabajo en las plantas canadienses de Johns Manville (en Scarborough), Turner & Newall (en Montreal) y Bendix Automotive (en Windsor). En particular, la agitación sindical contra las condiciones laborales en Thetford desencadenó investigaciones federales contra la industria del asbesto. Estas revelaron una imagen diferente a la presentada en los artículos epidemiológicos publicados en revistas médicas. Se encontró que el control del polvo distaba de ser satisfactorio, y un investigador, el juez René Beaudry, consideró «impactante» que en algunos sectores de la industria los trabajadores aún manejaran la fibra de asbesto con sus propias manos. Continuó diciendo sobre los empleadores: «Han mantenido la información disponible sobre los efectos peligrosos del polvo de asbesto lejos de los trabajadores y los sindicatos». Un grupo de trabajo sobre asbestosis en Ottawa, dibujó una imagen bastante parecida en donde por igual se sugirió que las cifras de McDonald para el mesotelioma estaban subestimadas.[19] El grupo de trabajo tomó nota de la evidencia de que la crocidolita era más peligrosa que el crisotilo, pero en ninguna parte de su informe hubo una sugerencia de que este no causara mesotelioma. Estos informes concluyeron que la industria estaba más interesada en explotar la incertidumbre médica creada por el sistema de compensación, y los estudios epidemiológicos, que en gastar dinero para proteger a los trabajadores del polvo de asbesto.
En Gran Bretaña, la función del manejo científico y de relaciones públicas de la industria del asbesto estuvo a cargo del Consejo de Investigación de la Asbestosis y sus organizaciones de cabildeo asociadas, propugnando la idea de que el crisotilo podría usarse de manera segura. En una importante consulta del gobierno del Reino Unido en 1976, el Comité Simpson, la industria del asbesto presentó un frente unificado, alegando que dentro de ciertos umbrales la producción de crisotilo (y amosita) podría continuar. El gobierno aceptó que el crisotilo «rara vez causaba mesotelioma» y que este punto «favorable» debería usarse para enmarcar las políticas al respecto.[20] La idea de que algunos tipos de asbesto podrían producirse de manera segura, si se tomaban las precauciones adecuadas, se consagraría como la doctrina del «uso controlado».
A mediados de la década de los 70, sin embargo, el devastador impacto del asbesto en la fuerza laboral de los Estados Unidos había llevado a la creación de un grupo heterogéneo de críticos de la industria del asbesto, compuesto por científicos, periodistas, abogados, sindicatos y víctimas. Al carecer de los recursos de la industria y el gobierno, estas personas revisaron las pruebas publicadas (y en algunos casos se basaron en su experiencia personal) para llegar a un enfoque diferenciado sobre el crisotilo. Nancy Tait, cuyo esposo había muerto de mesotelioma causado por la exposición indirecta al asbesto en su trabajo como ingeniero telefónico, fue la primera en publicar un ataque a la hipótesis de los anfíbolos, enfatizando que «el crisotilo [es] un carcinógeno». Tait creó la Sociedad para la Prevención de la Asbestosis y las Enfermedades Industriales, que presionó en nombre de las víctimas e hizo campaña contra el uso de todas las formas de asbesto. Alan Dalton (1946-2003), un científico socialista que ridiculizó el mito del asbesto blanco, «comercializado por la industria durante los últimos quince años”, lanzó un ataque aún más vigoroso contra la industria del asbesto en 1979.[21] Acción Clydeside contra el Asbesto fue otro grupo de influencia formado en esa época. La lucha contra todos los tipos de asbesto fue llevada a cabo en los Estados Unidos por la White Lung Association y en Japón por la Ban Asbesto Network.
La evidencia científica apoyó estas críticas. A principios de la década de los 70, bajo los auspicios de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) había comenzado a evaluar el riesgo de cáncer para los seres humanos, planteado por los productos químicos. Los primeros grupos de trabajo sobre asbesto desde la IARC, que incluyeron a representantes de la industria, presentaron en 1973 una evaluación prudente sobre el riesgo de cáncer. Sin embargo, un grupo más independiente de la IARC concluyó en 1976 que todas las formas de asbesto causaban cáncer de pulmón y mesotelioma, y que era imposible definir un umbral seguro. La IARC dio mucho más peso que Wagner a la evidencia de carcinogenicidad en animales, aunque este último había llegado a la conclusión de que el crisotilo canadiense podría inducir el mesotelioma cuando se inyectaba intrapleuralmente en los ratones. Mientras tanto, un estudio estadounidense mostró una alta tasa de cáncer entre los trabajadores de textiles, fricción, empaquetado y manufactura de asbesto en una instalación que había usado 99% de crisotilo.[22]
A pesar de estos estudios, el uso del crisotilo continuó mientras que la producción de anfíbolos se disipó. Los anfíbolos, que incluso en su apogeo constituían menos del 15 por ciento del mercado mundial de asbesto, se extrajeron solo en Sudáfrica y Australia. En su apogeo, en 1976, la industria sudafricana empleaba a unas veintitrés mil personas y exportaba fibra por valor de R400 millones a más de cincuenta países. Como la alarma sobre el mesotelioma se extendió en los Estados Unidos y el Reino Unido, la producción sudafricana cayó de 379.000 toneladas en 1977 a 163.000 toneladas en 1985. El Departamento de Minas atribuyó esta caída a la creciente competencia de productores de la URSS y Canadá, y a las actividades del que denominaron «movimiento internacional contra el asbesto», que tendría como objetivos la amosita y la crocidolita sudafricana, fibras que constituían el 70% de las exportaciones. Según el Comité Asesor de Productores de Asbesto de Sudáfrica, el miedo al cáncer estaba siendo utilizado por los competidores para destruir la industria sudafricana.[23] En el Reino Unido, los Estados Unidos y Europa Occidental, las grandes empresas abandonaron los anfíbolos. El creciente aislamiento internacional del gobierno por favorecer el apartheid en Pretoria, ayudó a las compañías mineras canadienses y de Rhodesia del Sur a sacar a Sudáfrica del mercado, obteniendo así una mayor participación del crisotilo.
CANADÁ Y LA DEFENSA DEL CRISOTILO
Los años ochenta presenciaron las primeras prohibiciones del asbesto, con los países escandinavos como líderes. Por ejemplo, en 1986, Suecia introdujo la primera de una serie de restricciones sobre el crisotilo. Sin embargo, la producción mundial anual de asbesto fue de aproximadamente 4 millones de toneladas (que todavía incluía anfíbolos). La industria era lo suficientemente poderosa como para lanzar una acción de retaguardia sostenida, con Canadá que emergía como un importante defensor del asbesto. Dentro de Canadá, la publicidad adversa y la presión sindical llevaron a Ontario a declarar en 1982 que el asbesto debía ser un producto «designado» (es decir, regulado). Las tensiones canadienses sobre el asbesto se resolvieron en 1984, cuando una Comisión Real de Ontario recomendó la prohibición de la crocidolita y la amosita, pero respaldó el uso del crisotilo, si existía un control adecuado del polvo (excepto en la fabricación textil de asbesto, que se creía debía ser prohibida).[24] Efectivamente, la comisión había circunscrito estrictamente el uso del asbesto en el propio Canadá, al tiempo que garantizaba la continua extracción y exportación del crisotilo canadiense.
Mientras tanto, la financiación de la industria continuó engrasando las ruedas del circuito de conferencias académicas. En 1982, los delegados a un simposio mundial sobre el asbesto celebrado en Montreal, fueron alentados por el gobierno de Quebec (y miembros de la AIA) para llegar a un consenso sobre el «uso seguro». Esto fue un preludio a la formación del Instituto del Asbesto (AI) en Quebec en 1984. Todavía existente, el AI se describe a sí mismo como una organización «sin fines de lucro»; pero siempre ha sido subsidiado por el gobierno federal canadiense, el gobierno de Quebec y los intereses de la minería del asbesto. En 2001, había recibido alrededor de US$54 millones de sus patrocinadores. Desde sus inicios, el AI se había dedicado, sobre todo, a promover el «uso seguro del asbesto crisotilo» a través de conferencias, iniciativas de relaciones públicas y difusión de información científica.[25] Naturalmente, el AI estaba vinculado con sus organizaciones hermanas en todo el mundo[26], como el AIA/NA, y no dudó en mostrar los estudios médicos canadienses y otros que presentaron el asbesto blanco de manera favorable.
Es importante apreciar que el énfasis en la seguridad del crisotilo no solo se utilizó para defender a la industria en el ámbito comercial; también proporcionó su defensa jurídica. A medida que el número de acciones por lesiones personales aumentaba en la década de los 80, la defensa del crisotilo ─el argumento de que el cáncer de asbesto era específico del tipo de fibra─, se usaba cada vez más en los tribunales, junto con las últimas investigaciones científicas. La continua experimentación con animales y el examen con microscopio electrónico de la carga pulmonar de las personas que habían muerto por ERA se centraban cada vez más en las dimensiones de las fibras y su biopersistencia: el grado de permanecían en el cuerpo. Las características físicas de los anfíbolos ─específicamente, su longitud (superior a 5 micras), el espesor de la fibra y su durabilidad─ se identificaron como una posible razón para su capacidad de desencadenar el mesotelioma.[27] En comparación, se decía que el crisotilo tenía una forma más corta, «rizada», con fibras menos duraderas.
Ciertamente, el crisotilo es mucho más reactivo desde el punto de vista biológico y químico, por lo cual sus fibras tienden a disolverse y dividirse en una multitud de pequeñas fibras que se eliminan del pulmón más fácilmente que los anfíbolos. Sin embargo, la ciencia no siempre fue tan clara como sugería la industria, principalmente porque aún no se entendían por completo los mecanismos por los cuales cualquier tipo de asbesto inducía cáncer.
La legislación estadounidense sobre asbesto nunca ha diferenciado los tipos de fibra. En 1986, la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional de EE.UU. (OSHA), revisó la evidencia científica publicada y concluyó que en los estudios todos los tipos de fibra, solos o en combinación, habían sido observados como causantes de cáncer de pulmón, mesotelioma y asbestosis. Parecía que las fibras largas causaban más daño que las cortas; por otro lado, los científicos estaban lejos de creer que las fibras cortas (menores de 5 micrones) no fueran cancerígenas. Además, en la década de 1980 los objetivos políticos y sociales se movían continuamente a medida que las percepciones de riesgo cambiaban. La presión de los medios aumentó considerablemente. En Gran Bretaña, los documentales de televisión impactantes como el de Alice: A Fight for Life (Alicia. Una lucha por la vida. 1982) no se molestaron en desentrañar el argumento de las dos fibras diferenciadas. Incluso si lo hubieran hecho, ya existía para la época un flujo constante de estudios que sugerían el vínculo del asbesto crisotilo como causante de mesotelioma (aparte de otros tipos de ERA). Investigaciones independientes en las minas de Zimbabue hallaron casos de asbestosis, cáncer de pulmón y mesotelioma, aunque la falta de datos hizo imposible calcular las cantidades. En los países desarrollados, el mesotelioma se encontró en personas expuestas solo al asbesto blanco: mecánicos de frenos, fabricantes de productos de fricción y trabajadores ferroviarios.[28] También se encontró evidencia de que el asbesto blanco causaba mesotelioma en trabajadores de filtros para vinos y trabajadores de metal, incluso después de haber estado expuestos a exposición ambiental. Se demostró que un notable exceso de cánceres de pulmón estaba asociado con el hilado textil de asbesto en Charleston, Carolina del Sur. En 1987, un grupo de trabajo de la IARC concluyó que el crisotilo inducía cáncer de pulmón y mesotelioma pulmonar, y que no existía un nivel seguro de exposición.[29]
Las contraargumentaciones de los canadienses seguían enfatizando el papel de los «contaminantes» y los co-cancerígenos en la enfermedad del asbesto. Explicaron la alta tasa de cáncer en la fabricación de textiles de asbesto en Charleston, como posiblemente debida al petróleo. Otra sugerencia intrigante fue la de que muchos de los mesoteliomas observados en los trabajadores del crisotilo (especialmente los mineros y los molineros en Canadá) se debían a los anfíbolos. Desde la década de 1960, se sabía que el mineral canadiense contenía reibeckita azul fibrosa (es decir, crocidolita), pero los investigadores y las compañías de asbesto inicialmente lo ignoraron, posiblemente porque la crocidolita nunca pudo eliminarse del mineral o del producto final, comprometiendo así el argumento de que el asbesto canadiense era inofensivo. Sin embargo, a fines de la década de los 80 y en la década de los 90, McDonald y otros sugirieron que la tremolita (que típicamente constituía alrededor del 1 por ciento en el crisotilo de calidad comercial) era la única causa del mesotelioma en los trabajadores canadienses y que, además, si se hacía un esfuerzo para identificar mineral de crisotilo sin tremolita, la extracción podría continuar. Otros creían que la presencia de la tremolita simplemente subrayaba el hecho de que el asbesto nunca fue una entidad pura, y que señalar una sola variedad como segura siempre había sido imprudente. Como comentó un crítico: «atribuir la producción de mesotelioma a este contaminante anfíbol… es claramente sospechoso. Si la tremolita no puede eliminarse del crisotilo mediante procesamiento industrial, todo el tema de la contaminación con tremolita parece académico, en el mejor de los casos».[30] Sin embargo, los científicos de McGill contraatacaron argumentando que mediante una cuidadosa selección y análisis de las minas, la producción de crisotilo con contaminación «mínima» era factible.
EL DEBATE AMBIENTAL
A fines de la década de los 80, el asbesto estaba en retirada en todo el mundo. Pero la intensidad del debate entre crisotilo versus anfíbolos no disminuyó, ni siquiera en países como los Estados Unidos y el Reino Unido, donde la manufactura de asbesto casi que había dejado de existir. Durante los años 90, el campo de batalla se desplazó hacia las consideraciones ambientales como la contaminación atmosférica por las pastillas de asbesto para frenos, o por el asbesto utilizado en los filtros para bebidas. Particularmente polémico era el peligro percibido que representaba el asbesto en los edificios. En América, en 1986, los planes del Congreso de exigir a las escuelas que inspeccionaran el asbesto (y posiblemente lo eliminaran o lo «removieran») provocaron reacciones violentas entre las aseguradoras y los propietarios de bienes inmuebles. La oposición a las medidas fue liderada por Safe Buildings Alliance, fundada en 1984, que afirmó que el crisotilo (el principal tipo de asbesto usado en los edificios) no era un peligro para la salud. Los documentos internos de la industria del asbesto muestran que Safe Buildings Alliance fue un frente de batalla para varias compañías de asbesto (especialmente Celotex, US Gypsum y WR Grace) y que su principal interés eran las relaciones públicas.[31] La Safe Buildings Alliance, junto con agentes de bienes raíces, financiaron el simposio celebrado en Harvard en 1988, el cual hizo propaganda a las narrativas que afirmaban que el peligro del asbesto en los edificios era insignificante.
El núcleo de la oposición estadounidense a la eliminación del asbesto se centró en la microbióloga Brooke Mossman, el médico Bernard Gee y el ingeniero Morton Corn.[32] Corbett McDonald y sus colegas también apoyaron. Los artículos aparecieron debidamente en el New England Journal of Medicine y en la popular revista Science, ensalzando la opinión de que los anfíbolos eran el problema, no el crisotilo. Los artículos eran altamente persuasivos: el editor de Science lamentó que el crisotilo hubiese sido «untado» por una falsa asociación con la crocidolita, lo que generó una enorme publicidad a sus promotores.[33] Ambos artículos también fueron duramente criticados, no solo por las opiniones expresadas, sino porque los intereses de los autores con la industria del asbesto nunca fueron declarados en ninguna revista. Entre los destacados críticos estaban Irving Selikoff y sus colegas de la Escuela de Medicina del Mount Sinaí en Nueva York. En 1990, con el apoyo de los trabajadores organizados y los abogados de los demandantes, ellos organizaron la conferencia «Third Wave» en Nueva York, como un ambicioso contraataque a la reunión de Harvard.[34] Las líneas de batalla entre los crisofílicos y los crisofóbicos se habían definido ahora con claridad.
En 1993, el editor de la Revista Británica de Medicina Industrial, habiendo reimpreso uno de los estudios de McDonald como una publicación histórica, opinaba que «uno esperaría que las observaciones [de McDonald] hubieran sido bien recibidas, lo que implicaba que existían condiciones bajo las cuales el asbesto podría ser trabajado sin dañar la salud. Pero… él y sus colegas han sido sometidos a una campaña de vituperios diseñada para lograr fines políticos más que científicos». En Estados Unidos, una evaluación del problema del asbesto instalado, que lanzó el Health Effects Institute (un organismo financiado por el gobierno con intereses de la industria) confirmaron en gran medida la opinión de que el riesgo de una exposición no ocupacional al asbesto en los edificios era leve y que la remoción representaba un mayor riesgo.[35] Las leyes del Congreso sobre el manejo del asbesto en todos los edificios comerciales y públicos se archivaron y el espectro del litigio sobre el asbesto en los edificios disminuyó. Como el «caso de eliminación» fue eliminado, las compañías de asbesto, las aseguradoras y los propietarios de bienes raíces evitaron graves daños financieros. En medio de la publicidad, sin embargo, los riesgos asociados con los trabajos de mantenimiento y con la alteración de los antiguos materiales de asbesto se habían pasado por alto, como era el hecho de que los edificios a menudo contenían anfíbolos; un punto importante si se aceptaba que estas fibras eran especialmente peligrosas.
A principios de la década de 1990, los crisofílicos estaban en ascenso en diversas conferencias, donde se escucharon quejas sobre la «agrupación de varios minerales bastante diferentes bajo el término ‘asbesto’ «. Entre 1986 y 1993, en reuniones del Programa Internacional de Seguridad para las Sustancias Químicas (IPCS), donde productos como el asbesto-cemento se declararon aptos para el uso continuo, se detectó la influencia de los canadienses; pero también en reuniones e informes organizados bajo los auspicios de la OMS. En dichas reuniones se defendió la manufactura del asbesto bajo el concepto de «uso controlado», o mediante los análisis de riesgo que destacaban el «dividendo» social del uso de asbesto en retardantes de fuego y productos de fricción. Entre los defensores de tales argumentos estuvieron, entre otros, Richard Doll (famoso por sus estudios sobre la vinculación del tabaquismo con el cáncer de pulmón), Corbett McDonald, Peter Elmes (ex director del PRU), Robert Murray (ex asesor médico del Congreso de Sindicatos del Reino Unido), Kevin Browne (médico retirado de Cape asbestos, Ltd.), y Christopher Wagner.[36] Las compañías de asbesto pronto pidieron a estos partidarios que realizaran estudios sobre muestras puntuales, seleccionadas en las fuerzas laborales o que testificaran en litigios; a veces, en ambos casos. Estaban convencidas de que el crisotilo era un material esencial que, con las salvaguardas adecuadas, podía utilizarse de manera segura; por lo tanto, a menudo hicieron declaraciones de advertencia contra la desaparición de la industria del asbesto y la pérdida de puestos de trabajo que ello implicaría.
Según McDonald, Wagner consideró el crisotilo como «casi inofensivo». En Sudáfrica, en la década de 1960, esta opinión no había sido popular entre los productores de crocidolita o algunos de sus colegas científicos. Una vez que Wagner se trasladó a Gran Bretaña, sin embargo, su investigación demostró ser más agradable para las grandes compañías británicas y americanas, con las que alcanzó un modus vivendi. Desde 1986 hasta 2001, una importante compañía estadounidense de asbesto, Owens-Illinois, hizo pagos regulares a Wagner a través de su firma legal. La suma total probablemente fue de más de US$300.000, bastante significativa, especialmente a la luz de los bajos salarios que eran pagados a los investigadores en el Reino Unido. Sin embargo, ni Owens-Illinois ni el mismo Wagner, hablaron nunca de este empleo como «experto en consultoría sobre problemas de asbesto». No está claro por qué la compañía empleó a Wagner y cuáles fueron los aportes que este hizo a su empleador, por montos superiores a US$6.000 mensuales. Una posibilidad estaba en que hubiera sido contratado para ayudar a revisar la literatura médica, enfatizando los peligros de la crocidolita sobre los de la amosita y el crisotilo, reforzando de esta manera las defensas de Owens-Illinois en los litigios.[37] Ciertamente, Wagner testificó en su defensa a pedido de los fabricantes de asbesto que usaban crisotilo/amosita, y las transcripciones revelan que fue una experiencia incómoda poco relacionada con la ciencia pura. Posiblemente Wagner lamentó haberse comprometido de esa manera. Cuando se le entrevistó en 1998, se quejó de cómo la industria del asbesto se propuso frustrar el descubrimiento científico, y de cómo la ciencia había sido secuestrada por los abogados y la prensa; tanto, que lamentaba haber trabajado alguna vez en las ERA.[38] La consultoría secreta apareció en un descubrimiento legal, poco antes de la muerte de Wagner en 2001, aunque esto no arruinó ninguno de los obituarios elogiosos que se le hicieron.
Peter Elmes (1921-2003) también consideró insignificante el riesgo del crisotilo. Él creía que la evidencia del vínculo del crisotilo con el mesotelioma no era concluyente, y respaldaba su uso continuo, en especial si estaba libre de tremolita. Pensó que incluso el hilado de asbesto blanco podría continuar si se «restringiera a unas pocas fábricas, muy sofisticadas y seguras». Elmes no dijo dónde estarían ubicadas esas fábricas; y sus comentarios son desconcertantes dado que, como asesor de la industria del asbesto en la década de 1980, había visto por sí mismo ─y criticado─ las polvorientas y peligrosas condiciones en las minas y molinos de Turner & Newall, la empresa más avanzada de la industria. Uno de los procesos de Turner & Newall que Elmes había criticado era la fabricación de «Fortex», una tecnología de dispersión húmeda basada en crisotilo que mató al menos a un trabajador por mesotelioma. La visión de Elmes de un crisotilo libre de anfíbolos recibió poca atención por parte de los gerentes de la firma, quienes señalaron que las minas no daban garantías en cuanto al contenido de polvo y que su consideración principal era el costo.[39]
Los crisofóbicos, sin embargo, continuaron siendo voceros de la oposición al crisotilo. En la década de los 90, como lo demostró Barry Castleman, la participación de la industria en organismos como el IPCS y la OMS se encontró con la resistencia creciente de los científicos que exigían más objetividad para evaluar los riesgos de la salud. Esto se debió en parte a que una corriente continua de estudios epidemiológicos de lugares tan alejados como Australia, Alemania y los Estados Unidos, describieron los mesoteliomas inducidos por el crisotilo. La misma enfermedad atacaba a los mineros y molineros italianos (que trabajaron con crisotilo no contaminado con tremolita), a los trabajadores de ferrocarriles y locomotoras, y los mecánicos de automóviles.[40] La IARC y organizaciones estadounidenses como la Agencia de Protección Ambiental, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU. y el Instituto Nacional de Salud y Seguridad Ocupacional (NIOHS) consideraron el crisotilo como un agente causante del mesotelioma. En 1996, por ejemplo, el NIOHS concluyó que el crisotilo debería tratarse con la misma prevención que los anfíbolos.
En 1995, un estudio británico resaltó una inquietante tendencia nacional en la mortalidad por mesotelioma. No solo estaba aumentando (y se preveía que lo haría hasta al menos el año 2020), sino que un porcentaje sorprendente de los trabajadores afectados eran plomeros, electricistas, trabajadores de la construcción y pintores, incluso maestros de escuela. Esto brindó una nueva perspectiva respecto de informes anteriores en los que el riesgo del asbesto en edificios era considerado insignificante. El estudio no trataba específicamente la cuestión de la «seguridad» relativa del crisotilo, ya que a menudo no hay manera de conocer con certeza el historial de exposición de las personas afectadas por el mesotelioma; pero sonó como una advertencia que resucitaba todo el problema del asbesto en los edificios. De repente, los críticos de la industria del asbesto no parecían ser tan extremos. La reacción del gobierno ante estos hallazgos fue tardía, pero de largo alcance. En 1998, el Ejecutivo de Salud y Seguridad del Reino Unido encargó a un grupo del Consejo de Investigación Médica que evaluara el crisotilo. Su informe fue cauteloso sobre si el crisotilo podría causar mesotelioma en ausencia de trazas de anfíbol, pero subrayó que causaba asbestosis y cáncer de pulmón. Además, no cabía duda de que el uso de crisotilo para asbesto-cemento y materiales de fricción «no era justificable frente a sustitutos disponibles y técnicamente adecuados», como el alcohol polivinílico, la aramida y las fibras de celulosa.[41]
La reacción de los canadienses fue intransigente. Una edición de 1997 de Annals of Occupational Hygiene, publicada por la British Occupational Hygiene Society (BOHS), mostró los resultados finales del estudio de cohorte de McDonald sobre once mil mineros y molineros de Quebec. En un gesto poco ortodoxo, el diario llamó a uno de los científicos de McGill, Doug Liddell, a escribir un editorial como invitado. Como Liddell era uno de los coautores de McDonald, en realidad lo que hizo fue editorializar sobre su propio trabajo. Liddell aprovechó la oportunidad para lanzar un ataque intemperante contra la «amenaza» y la «intensa malicia» de los médicos del Hospital Monte Sinaí: un grupo caracterizado como «Los cabildantes». El artículo sostenía que el crisotilo era «esencialmente inocuo, excepto posiblemente en la fabricación de textiles», y afirmó que esta era la opinión de la mayoría de los científicos en el campo. Los documentos que surgieron del estudio mostraron un exceso de cánceres de pulmón y treinta y ocho mesoteliomas, que se atribuyeron característicamente a la tremolita. Sin embargo, se afirmó que solo ciertas minas «centrales» en Thetford tenían un problema de tremolita, y que el componente «minero» periférico era muy poco hermético, que podía eliminarse mediante un buen procesamiento para entregar un producto libre de anfíbolos. El editorial, titulado «Magia, amenaza, mito y malicia», provocó un furor predecible en publicaciones que recogían las respuestas crisofóbicas de W. J. Nicholson (médico del Monte Sinaí) y Morris Greenberg (un epidemiólogo independiente de los Estados Unidos). El BOHS se distanció de la discusión, diciendo que el Consejo médico de BOHS nunca vio nada antes de la publicación, a pesar de que los editores de los Anales habían precedido el tema en cuestión con la siguiente declaración (que recuerda misteriosamente el comentario en el British Journal of Industrial Medicine): «El grupo [de McDonald] sí… estableció que el crisotilo es una forma mucho menos peligrosa de asbesto que los anfíbolos, especialmente la crocidolita. Se podría haber supuesto que esto hubiera sido una buena noticia para aquellos preocupados por la salud ocupacional, pero McDonald y sus colegas tuvieron que soportar una campaña de envilecimiento motivada por aquellos cuyas razones a menudo no eran del orden científico».[42]
Sin embargo, la idea de la inocuidad del crisotilo era difícil de vender al creciente número de grupos de acción contra el asbesto que se estaban formando en sitios tan lejanos como Francia, India y Brasil. Alimentando su continuo crecimiento y enojo estaba la ascendente mortalidad por las ERA. En 1991 se formó una Red de Prohibición del Asbesto, luego de una conferencia internacional en Brasil. Facilitado por Internet, el número de grupos internacionales asociados con esta red creció constantemente hasta que en 1999 se formó una Secretaría Internacional para la Prohibición del Asbesto (IBAS). Como su nombre lo indica, la IBAS exige una prohibición mundial de todos los tipos de asbesto, una llamada que tuvo eco en 1999 por parte del Collegium Ramazzini.[43] Los científicos europeos agregaron combustible a estas demandas con otra proyección inquietante de la mortalidad por ERA. El Reino Unido prohibió el crisotilo en 1999 (con algunas exenciones temporales), lo que significó la desaparición del asbesto-cemento.[44] Un año antes, el Consejo de Europa había recomendado que se prohibieran todas las formas de asbesto en cuarenta Estados miembros, una recomendación que habría de convertirse en ley en 2005. Para entonces, las prohibiciones se estaban instituyendo en Chile, Brasil y Australia; los Estados Unidos también se movían hacia la prohibición.
Las opiniones de los grupos laicos y las de los científicos estaban comenzando a converger. Los patólogos comenzaron cuestionando las ideas de que únicamente los anfíbolos eran peligrosos y que el asbesto blanco era inofensivo porque se eliminaba más fácilmente de los pulmones. ¿Qué pasaría si el crisotilo desencadenaba el cáncer antes de ser eliminado? Después de todo, desde la década de los 80 se sabía que el crisotilo tenía predilección por la pleura: exactamente lo que cabría esperarse si causaba mesotelioma. Cuando los patólogos examinaron las cargas de fibra de mesotelioma bajo el microscopio, ciertamente encontraron anfíbolos, pero también crisotilo. Por lo tanto, no pudieron excluir el papel del crisotilo en la causa de la malignidad. Estudios posteriores de tejidos mesoteliales por microscopía electrónica analítica mostraron que, en muchos tumores, el tipo de fibra principal identificado era el crisotilo; además, muchas de las fibras eran «cortas» (menos de 5 micras). Por lo tanto, a mediados de la década de 1990, se había producido una reacción marcada contra los crisofílicos, y algunos incluso sugirieron que el crisotilo era el principal responsable del mesotelioma.[45] Incluso aquellos que no llegaron tan lejos en este tipo de afirmaciones se negaron a darle un certificado de buena salud al crisotilo.
El consenso emergente sobre el crisotilo como causante del mesotelioma se vio reflejado en varias publicaciones a fines de la década de los noventa. Por ejemplo, en 1997 un grupo multidisciplinario de científicos reunidos en Helsinki descubrió que, aunque el crisotilo era menos potente que los anfíbolos, causaba mesotelioma. Además, en 1998 el IPCS, bajo el patrocinio conjunto del Programa de Medio Ambiente de los Estados Unidos, la Organización Internacional del Trabajo y la OMS, publicó una monografía dedicada enteramente al crisotilo. La monografía concluía: «La exposición al asbesto crisotilo presenta un mayor riesgo de asbestosis, cáncer de pulmón y mesotelioma en una forma de dosis-respuesta. No se ha identificado ningún umbral para los riesgos carcinogénicos. Cuando se disponga de materiales sustitutos más seguros para el crisotilo, estos deben tenerse en cuenta».[46] Estos acontecimientos coincidieron con un desafío canadiense, realizado a través de la Organización Mundial del Comercio (OMC), a la decisión francesa de prohibir el crisotilo. La industria canadiense ahora era una sombra de lo que había sido. En 1999, Canadá produjo 345.000 toneladas de asbesto (más del 18 por ciento de la producción mundial), convirtiéndose en el segundo mayor productor después de Rusia; la mayor parte de la fibra se destinaba al mundo en desarrollo (Asia, África y América Latina). La industria empleaba aproximadamente a mil quinientos trabajadores en varios oficios de minería (una disminución de alrededor de seis mil en 1964). Sin embargo, la industria canadiense seguía considerando que valía la pena continuar con el Caso francés, como una forma de publicitar las propiedades benéficas del crisotilo a su base de clientes, cada vez menor. Esto representó otra oportunidad para que los defensores del crisotilo y sus oponentes se enfrentaran: uno, cargando sobre sí prácticas comerciales desleales, y el otro, corrupción científica y desinformación. La disputa se resolvió a favor de los franceses en 2000, cuando la OMC confirmó para su satisfacción que había un riesgo carcinogénico asociado con la inhalación de fibras de crisotilo, con la seguridad de que el «uso controlado» no había sido demostrado, y que sustitutos como la fibra de vidrio eran menos carcinogénicos.[47]
PERSPECTIVAS
En cualquier punto que se analice, el debate sobre el crisotilo parece altamente incomprensible, sobre todo para el público. Lo sigue siendo hoy. Parecía que con los informes de la OMS/OMC se podría haber llegado a algún tipo de consenso. Sin embargo, las controversias científicas han continuado sin parar; como también la propaganda. En 2001, los argumentos sobre la prohibición del asbesto se ventilaron nuevamente en el Canadian Medical Association Journal. Los oponentes eran personas bastante familiares: científicos y médicos canadienses que defendían la exportación y el uso continuado del crisotilo; y sus críticos, muchos del Collegium Ramazzini, que argumentaban lo contrario. Mientras tanto, los artículos continuaron acumulándose y mostrando los peligros del crisotilo o sugiriendo que los anfíbolos mezclados en el crisotilo eran realmente los culpables del peligro que este representaba. En 2003, el gobierno canadiense expresó su continuado apoyo a la industria con una subvención de US$775.000, repartida en tres años. En Gran Bretaña, año 2002, como en una repetición de la debacle estadounidense del asbesto en edificios, el Daily Telegraph denunció las regulaciones gubernamentales para obligar a los propietarios a gestionar el asbesto in situ y a proporcionar a quienes trabajasen en su propiedad, una descripción de los materiales de asbesto utilizados en la construcción. El periódico enfatizó que la mayor parte del asbesto en los edificios era crisotilo; un mineral, argumentó, tan seguro como el polvo de talco.[48] Los artículos una vez más dieron a entender que el crisotilo era benigno, incrementando la incertidumbre entre el público. Parecería que los debates fueran incapaces de resolver la controversia.
En este sentido, una mirada histórica es útil. A pesar de la aparente confusión en puntos particulares, en general estamos sorprendidos por la consistencia del cuadro. Primero, siempre ha existido un espectro de riesgo percibido. Los anfíbolos han sido tradicionalmente considerados por los trabajadores como los más peligrosos; un hecho aparentemente confirmado por la experiencia. Los mayores desastres sanitarios de la industria del asbesto: Hebden Bridge y Armley en el Reino Unido, Wittenoom en Australia, Penge y Prieska en Sudáfrica, Tyler en Texas y Libby en Montana, generalmente han involucrado a los anfíbolos.[49] Décadas de investigación científica simplemente han confirmado lo que los trabajadores ya sospechaban, aunque todavía se debate sobre qué tan carcinogénica es la crocidolita respecto del crisotilo.[50] En segundo lugar, el crisotilo nunca ha sido considerado libre de riesgos por los trabajadores ni por la mayoría de los científicos. Existe abundante evidencia de que el crisotilo puede causar mesotelioma; y, por supuesto, también puede causar cáncer de pulmón y asbestosis, un hecho que a menudo se ha olvidado en el debate sobre el crisotilo, el cual se ha centrado cada vez más en el mesotelioma. Los crisofílicos canadienses han tratado persistentemente de demostrar que el asbesto blanco es inocuo, pero sus afirmaciones aún no se han demostrado y sus recomendaciones probablemente no son prácticas. En tercer lugar, y tal vez lo más importante, el proceso científico ha sido fuertemente influenciado por los recursos de la industria, algo que no siempre es evidente en la literatura científica, a menudo considerada ecuánime e imparcial. Aquellos que no estén familiarizados con la historia del asbesto pueden preguntarse por qué se han dedicado más de cuarenta años a una investigación tan intensa, sobre un mineral que ya tenía un historial desastroso en los años sesenta. Esto es explicable solo en términos de los intereses de la industria del asbesto en la minería y la fabricación de productos con asbesto, que a mediados de la década de 1960 se propusieron demostrar que el crisotilo no causaba mesotelioma, convirtiendo así este cánc er en un problema relacionado con el tipo de fibra.
El uso del asbesto continúa incluso después de que los informes de la OMS/OMC han demostrado que el argumento es ahora esencialmente político y económico. En cierto sentido, siempre fue así, porque ─como lo muestra este ensayo─ el asbesto ha sido demasiado rentable para ser abandonado sin una lucha por los intereses comerciales. La influencia de estos últimos explica en gran parte por qué lo que se conoce como el «principio de precaución» nunca fue capaz de operar libremente con respecto al asbesto.[51] De manera similar, explica por qué ha habido mucho más debate e investigación sobre el asbesto que sobre los méritos de los materiales substitutos, los cuales desde al menos la década de 1970 han ofrecido alternativas mucho más seguras. También explica por qué el debate actual sobre el asbesto se ha desplazado sutilmente hacia la cuestión del riesgo relativo, abriendo así el camino para continuar con la manipulación del asbesto en condiciones «controladas». Los crisofílicos deberían estar en terreno firme aquí, pero dos hechos hacen que esta sea la parte más débil de su caso. En primer lugar, los intereses de la minería y la manufactura canadienses han fallado abismalmente en proporcionar condiciones de trabajo seguras para sus empleados, con consecuencias, en términos de ERA, que todavía se sienten. En segundo lugar, el historial de la industria en los países en desarrollo ha sido peor, e incluso hoy en día las condiciones de trabajo deficientes y las ERA siguen siendo la norma. Como los críticos del asbesto han advertido, los productos pueden trasladarse con relativa facilidad, pero el conocimiento sobre los peligros y las medidas de seguridad viaja más lentamente. El aumento de la promoción de los productos de tabaco (que tienen un efecto sinérgico con el asbesto) en los países de economías emergentes, también tiene una gran repercusión sanitaria.[52] Por lo tanto, el «uso controlado» es, en el mejor de los casos, un ideal irrealizable en los países en desarrollo y, en el peor, otro mito de la industria. El solo hecho de que la minería y la manufactura, en los países de economías emergentes, no esté regulada, hace que el crisotilo siga siendo una alternativa económica, lo cual garantiza que el debate entre los crisofílicos y los crisofóbicos continúe.
[1] * Centre for Business History, Manchester Metropolitan University Business School, Aytoun Street, Man-chester M1 3GH, United Kingdom.
** School of Social Science and Planning, RMIT University, City Campus, GPO Box 2476V, Melbourne, 3001, Victoria, Australia.
In researching this article, we drew extensively on documents produced in legal discovery in America. Of particular relevance is the Turner & Newall collection, produced in Chase Manhattan Bank v. T&N (87 Civ. 4436, Judge J. G. Koeltl), U.S. District Court, Southern District of New York, 27 Oct.–6 Dec. 1995. A microfilm copy of the T&N collection (as copied by Chase) is held at Manchester Metropolitan University BusinessSchool, United Kingdom. Documents from this collection are referenced in this essay as T&N microfilm archive, with reel/frame numbers. In addition, we had access to a treasure trove of unpublished documents on the Canadian asbestos industry, which was generously copied to us on DVD by David Egilman, Brown University,Providence, Rhode Island. We hold copies of all the documents cited in the article. Finally, we must thank Morris Greenberg, who kindly cast an expert medical eye over an early draft. Any errors that remain are our own; so are the views expressed. Geoffrey Tweedale has no competing interests; Jock McCulloch was a consultant for plaintiffs’ attorneys in Lubbe v. Cape plc (2000).
[2] Richard Stone, “No Meeting of Minds on Asbestos,” Science, 15 Nov. 1991, 254:928–931, p. 928. La «primera ola» de ERA (enfermedades relacionadas con el asbesto) fue causada por la exposición ocupacional al asbesto; la «segunda ola» fue causada por la exposición ocupacional indirecta (como en los oficios de la construcción); y la «tercera ola» se debe a la exposición en el entorno (por ejemplo, entre el personal de la oficina y las amas de casa expuestas a un overol polvoriento).
[3] Las fibras de asbesto, después del procesamiento del mineral huésped, se pueden usar en una variedad de productos (textiles, cemento, revestimientos de frenos, productos aislantes) que aprovechan las valiosas propiedades del asbesto: alta resistencia a la tracción, flexibilidad, resistencia a los productos químicos y altas temperaturas, y alta resistencia eléctrica. Ver Catherine W. Skinner, Malcolm Ross, and Clifford Frondel, Asbestos and Other Fibrous Minerals (New York: Oxford Univ. Press, 1988).
[4] J. C. McDonald, “Unfinished Business: The Asbestos Textiles Mystery”, Annals of Occupational Hygiene, 1998, 42:3–5, p. 3. Para las cifras, ver Canadian Minerals Yearbook (2002),
www.nrcan.gc.ca/mms/cmy/content/2002/20.pdf.
[5] M. Greenberg, “Dust Exposure and Mortality in Chrysotile Mining, 1910–76” [letter], Journal of Occupational and Environmental Medicine, 1994, 51:431. Para el trabajo en la historia de la medicina ocupacional, ver, por ejemplo, Ronald Bayer, ed., The Health and Safety of Workers: Case Studies in the Politics of Professional Responsibility (Oxford: Oxford Univ. Press, 1988); Claudia Clark, Radium Girls: Women and Industrial Health Reform, 1910– 1935 (Chapel Hill: Univ. North Carolina Press, 1997); David Rosner and Gerald Markowitz, Deadly Dust: Silicosis and the Politics of Occupational Disease in Twentieth-Century America (Princeton, N.J.: Princeton Univ. Press, 1991); Samuel S. Epstein, The Politics of Cancer Revisited (New York: East Ridge, 1998); Stanton A. Glantz, John Slade, Lisa A. Bero, Peter Hanauer, and Deborah E. Barnes, The Cigarette Papers (Berkeley: Univ. California Press, 1996); Markowitz and Rosner, Deceit and Denial: The Deadly Politics of Industrial Pollution (Berkeley: Univ. California Press, 2002); Robert N. Proctor, Cancer Wars: How Politics Shapes What We Know and Don’t Know about Cancer (New York: Basic, 1995); and Christopher C. Sellers, Hazards of the Job: From Industrial Disease to Environmental Health Science (Chapel Hill: Univ. North Carolina Press, 1997).
[6] Reginald Tage, un sindicalista de Cape Asbestos Company en el Reino Unido, planteó la cuestión de si «el asbesto anfíbol tiene un mayor factor de riesgo para los empleados que las variedades serpentinas»: Reginald Tage a Sir T. Legge, 25 de enero. 1932, MSS 292 / 144.3 / 6, Centro de Registros Modernos de la Universidad de Warwick, Reino Unido. El médico de la compañía de El Cabo, mientras tanto, observó que los trabajadores creían que los anfíboles (asbesto azul y asbesto marrón) eran más peligrosos que el crisotilo. Ver H. Wyers, “That Legislative Measures Have Proved Generally Effective in the Control of Asbestosis” (M.D. thesis, Glasgow Univ., 1946), p. 48.
[7] B. Dewey (Dewey & Almy Chemical Company) to Manfred Bowditch, 19 Feb. 1938.
[8] Christopher Wagner, “Disputes on the Safety of Asbestos,” New Scientist, 7 Mar. 1974, pp. 606–609, p. 606.
[9] En el siglo XX, Gran Bretaña importó 150.000 toneladas de crocidolita, 600.000 toneladas de amosita y 5 millones de toneladas de crisotilo. En 1964, el Reino Unido importó 7.500 toneladas de crocidolita (utilizada principalmente en baterías de automóviles y cemento de asbesto), 22.500 toneladas de amosita y 154.000 toneladas de crisotilo. Ver Ministry of Labour and HM Factory Inspectorate, Problems Arising from the Use of Asbestos: Memorandum of the Senior Medical Inspector’s Advisory Panel (London: HMSO, 1967), p. 8. En comparación, en 1973, los Estados Unidos utilizaron 18.000 toneladas de crocidolita, 4.000 toneladas de amosita y 840.000 toneladas de crisotilo. Ver Irving J. Selikoff and Douglas H. K. Lee, Asbestos and Disease (New York: Academic Press, 1978), p. 56.
[10] S. Holmes to Griffin & George, Ltd., 22 Apr. 1968, T&N microfilm archive, 15/1355; and Geoffrey Tweedale,
Magic Mineral to Killer Dust: Turner & Newall and the Asbestos Hazard, 2nd ed. (Oxford: Oxford Univ. Press,
2001), p. 207.
[11] Jock McCulloch recibió información sobre la mezcla de amosita y crocidolita realizada por antiguos mineros durante una visita a Penge en noviembre de 2002. Sobre el anfíbol en crisotilo «puro», ver A. Churg and B. Wiggs, “Fiber Size and Number in Workers Exposed to Processed Chrysotile Asbestos, Chrysotile Miners, and the General Population,” American Journal of Industrial Medicine, 1986, 9:143–152; and Churg, “Chrysotile, Tremolite, and Malignant Mesothelioma in Man,” Chest, 1988, 93:621–628. El problema de la deformación fue discutido en Jock McCulloch, entrevista con Pat Hart, CEO de Griqualand Exploration & Finance Company, Braamfontein, Johannesburgo, 6 de julio de 2001; la adición de crocidolita como un «antibiótico de amplio espectro» se observa en McCulloch, entrevista con Hart, 7 de julio de 1999.
[12] I. J. Selikoff to Marie Ehrmann, 31 July 1973; International Union Against Cancer, “Report and Recommendations of the Working Group on Asbestos and Cancer,” Annals of the New York Academy of Sciences, 1965, 132:706–721, en p. 711; y J. C. Gilson, “Asbestos Cancer: Past and Future Hazards,” Proceedings of the Royal Society of Medicine, 1973, 66:395–403. Para estudios que sugieren que el crisotilo podría causar mesotelioma, ver A. D. McDonald, A. Harper, O. A. El Attar, and J. C. McDonald, “Epidemiology of Primary Malignant Mesothelial Tumors in Canada,” Cancer, 1970, 26:914–919; M. Borow, A. Conston, and L. Livornese, “Mesothelioma Following Exposure to Asbestos: A Review of Seventy-two Cases,” Chest, 1973, 64:641–646; and M. Greenberg and T. A. Lloyd Davies, “Mesothelioma Register, 1967–68,” British Journal of Industrial Medicine, 1974, 31:91–104.
[13] Peter Elmes, “Conflicts in the Evidence of the Health Effects of Mineral Fibres,” in Mineral Fibers and Health, ed. Douglas Liddell and Klara Miller (Boca Raton, Fla.: CRC Press, 1991), pp. 322–335, en p. 328. Para los experimentos de Wagner, ver J. C. Wagner and G. Berry, “Mesothelioma in Rats Following Inoculation with Asbestos,” British Journal of Cancer, 1969, 23:578–581; J. C. Wagner, Berry, and V. Timbrell, “Mesotheliomata in Rats after Inoculation with Asbestos and Other Minerals,” ibid., 1973, 28:173–185; and J. C. Wagner, Berry, J. W. Skidmore, and Timbrell, “The Effects of the Inhalation of Asbestos in Rats,” ibid., 1974, 29:252–269.
[14] J. C. Wagner, P. Bogovski, and J. Higginson, “The Role of International Research in Occupational Cancer,” Medicina del Lavoro, 1972, 63:213–220, en p. 220.
[15] Minutas: reunión para debatir sobre la formación de la Asociación de Información sobre el Asbesto/América del Norte, jueves 5 Nov. 1970 (8306A), p. 4; Actas: reunión con la Junta de Directores, Asociación de Información sobre el Asbesto/América del Norte, jueves, 24 de agosto de 1971 (8301), p. 5 («líneas de acción»); AIA/NA, Artículos para discusión, 23 de marzo de 1973 (manchando a Selikoff); y «IOEH: Una revisión de antecedentes y proyectos patrocinados,» n.d., ca. 1974, archivo de microfilmes de T & N, 71 / 20-45.
[16] QAMA, Minutas de la Reunión Especial . . . realizada el 28, 29 March 1968, en el Grand Bahama Hotel and Country Club, Grand Bahamas; y QAMA, Paul-A. Filteau, Notes on Dr. Irving Selikoff, guest speaker, Univ. Toronto, 2, 3 May 1973. Sobre el trabajo de IOEH véase Paul Brodeur, Expendable Americans (New York: Viking, 1974), pp. 131–134. Para las primeras instancias de mesotelioma y cáncer de pulmón entre los trabajadores canadienses de crisotilo, véase W. E. Smith, “Surveys of Some Current British and European Studies of Occupational Tumor Problems,” Archives of Industrial Hygiene and Occupational Medicine, 1952, 5:242–262; sobre su supresión véase Barry I. Castleman, Asbestos: Medical and Legal Aspects, 4th ed. (Englewood Cliffs, N.J.: Aspen Law & Business, 1996), pp. 86–87, 113–117.
[17] Corbett McDonald CBC radio interview, 7 Mar. 1975, T&N microfilm archive, 79/1191–1196. El consultor de la industria A. J. Lanza expresó una opinión más escéptica de la industria canadiense del asbesto, y escribió: «Siempre tuve la sensación de que [el argumento de los canadienses] estaba motivado por el interés propio en lugar de hacer una contribución científica». A. J. Lanza a Bowditch, 13 de diciembre de 1937. Véase también M. Greenberg, “Trust Me, I’m a Doctor,” Amer. J. Indus. Med., 2000, 37:232–234.
[18] A. D. McDonald and J. C. McDonald, “Mesothelioma after Crocidolite Exposure during Gas Mask manufacture,” Environmental Research, 1978, 17:340–346; and Aniruddha De, “Petrology of Dikes Emplaced in the Ultramafic Rocks of South-Eastern Quebec” (Ph.D. diss., Princeton Univ., 1961).
[19] Para las críticas americanas ver D. Egilman, C. Fehnel, and S. R. Bohme, “Exposing the ‘Myth’ of ABC, ‘Anything But Chrysotile’: A Critique of the Canadian Asbestos Mining Industry and McGill University Chrysotile Studies,” Amer. J. Indus. Med., 2003, 44:540–557. Sobre las condiciones de trabajo en plantas canadienses ver R. Storey and W. Lewchuck, “From Dust to DUST to Dust: Asbestos and the Struggle for Worker Health and Safety at Bendix Automotive,” Labour/Le Travail [Journal of Canadian Labour Studies], 2000, 45:103–140. Para el comentario de Baudry’s ver R. Beaudry, G. Lagace, and L. Jukau, Rapport final: Comité d’Etude sur la Salubrité dans l’Industrie de l’Amiante (Quebec: Le Comité, 1976), p. 381. Ver también Lloyd Tataryn, Dying for a Living: The Politics of Industrial Death (Ottawa: Deneau & Greenberg, 1979), pp. 15–60. Para las críticas de las cifras de mesotelioma de McDonald, vea Subcommittee on Environmental Health, Department of National Health and Welfare, Report of the Asbestosis Working Group, Ottawa, 15 Feb. 1976, copy in T&N microfilm archive, 417/ 1220–1250.
[20] Health and Safety Commission, Asbestos, Vol. 1: Final Report of the Advisory Committee (London: HMSO, 1979), p. 62. Sobre el Consejo de Investigación de la Asbestosis, ver Geoffrey Tweedale, “Science or Public Relations? The Inside Story of the Asbestosis Research Council,” Amer. J. Indus. Med., 2000, 38:723–734.
[21] Nancy Tait, Asbestos Kills, 2nd ed. (1976; London: Privately published, 1977), pp. i–ii; and Alan Dalton, Asbestos Killer Dust (London: BSSRS Publications, 1979), p. 48. Ver también London Hazards Centre, The Asbestos Hazards Handbook (London: London Hazards Centre, 1995), pp. 103–104.
[22] Para la evaluación temprana de IARC ver WHO/IARC, Biological Effects of Asbestos: Proceedings of a Working Conference Held at the IARC, Lyon, France, 2–6 October 1972, IARC Scientific Publications No. 8 (Lyon: IARC, 1973); la evaluación más independiente es IARC Monographs on the Evaluation of the Carcinogenic Risk of Chemicals to Man, Vol. 14 (from IARC Working Group, Lyon, 4–17 Dec. 1976) (Geneva: WHO, 1977), p. 80. Véase también L. Tomatis, “The IARC Monographs Program: Changing Attitudes towards Public Health,” International Journal of Occupational and Environmental Health, 2002, 8:144–152. Para el punto de vista de Wagner, ver J. C. Wagner, G. Berry, J. W. Skidmore, and F. D. Pooley, “The Comparative Effect of Three Chrysotiles by Injection and Inhalation in Rats,” en IARC, Biological Effects of Mineral Fibres, IARC Scientific Publications No. 30 (Lyon: IARC, 1980), pp. 363–373; el estudio estadounidense es C. Robinson, R. A. Lemen, and J. K. Wagoner, “Mortality Patterns, 1940–1975, among Workers Employed in an Asbestos Textile Friction and Packing Products Manufacturing Facility,” en Dust and Disease, ed. Lemen and J. M. Dement (Park Forest, Ill.: Pathotex, 1979), pp. 131–143.
[23] “Tackling Asbestos,” Johannesburg Financial Mail, 30 Apr. 1976 (1976 figures); P. H. R. Snyman, “Safety and Health in the Northern Blue Asbestos Belt,” Historia, 1988, 33:31–52, en p. 32 (output slump); Report of the Department of Mines for the Year Ending 31 December 1978 (Pretoria: Government Printer, 1979), p. 7; y “Mounting Campaign against SA Asbestos,” Johannesburg Citizen, 11 July 1977.
[24] Report of the Royal Commission on Matters of Health and Safety Arising from the Use of Asbestos in Ontario, 3 vols. (Toronto: Queen’s Printer, 1984).
[25] Actas del Simposio Mundial sobre el Asbesto celebrado los días 25, 26 y 27 de mayo de 1982, en Montreal, Quebec, Canadá (Quebec: Canadian Information Centre, 1982). Sobre «soporte» para la IA ver Bill Schiller, “Why Canada Pushes Killer Asbestos,” Toronto Star, 20 Mar. 1999; Schiller, “Asbestos ‘King’ Admits Fibres Will Kill,” ibid., 21 Mar. 1999; and Schiller, “A Deadly Export,” ibid., 23 Mar. 1999. Sobre la misión del instituto véase la página web del Instituto del Asbesto: www.asbestos-institute.ca.
[26] Nota de los traductores: La Asociación Internacional de Crisotilo es un grupo de presión creado por la industria mundial del asbesto. Su objetivo es promover el uso del asbesto, especialmente en Asia, América Latina y África. Originalmente se llamaba Asociación Internacional del Asbesto (AIA) y se estableció en el Reino Unido en 1976. Dos décadas más tarde, cuando el Reino Unido y Europa avanzaban hacia la prohibición del asbesto, la AIA necesitaba encontrar un entorno más hospitalario. ¿Qué podría ser mejor que Canadá, un importante exportador de asbesto con el activo inestimable de permitir que la credibilidad internacional de Canadá y la bandera de Canadá se utilizaran como frentes para la propaganda sobre el asbesto?
En 1997, la AIA se trasladó a Montreal en Quebec y estableció una relación acogedora con la organización de lobby canadiense, el Instituto del Asbesto. El presidente del Instituto del Asbesto, Clément Godbout, también era el presidente de la AIA. El Ministro de Recursos Naturales de Canadá, Ralph Goodale, se jactó: «La ubicación de esta oficina central subraya el liderazgo internacional y la experiencia de Canadá en el tratamiento de las cuestiones relacionadas con el asbesto crisotilo». A fin de mantener una mejor imagen, la AIA y el Instituto del Asbesto eliminaron la palabra «Asbesto» de sus nombres en 2005, volviendo a inscribirse en el registro de empresas de Quebec como la Asociación Internacional del crisotilo y el Instituto del crisotilo. En los anales de esta organización figura como miembro de la junta directiva de la Asociación Internacional del crisotilo en octubre 4 de 2011, Jorge Hernán Estrada, Presidente de Alcolfibras, el lobby de la industria del asbesto en Colombia. Ruff, Kathleen. Exposé of the International Chrysotile Association. Mon, Feb 18, 2013.
https://rightoncanada.ca/?p=1862.
[27] M. F. Stanton, M. Layard, E. Tegeris, E. Miller, M. May, E. Morgan, and A. Smith, “Relation of Particle Dimension to Carcinogenicity in Amphibole Asbestos and Other Fibrous Materials,” Journal of the National Cancer Institute, 1981, 67:965–975. Ver también R. F. Dodson, M. A. L. Atkinson, and J. L. Levin, “Asbestos Fiber Length as Related to Potential Pathogenicity: A Critical Review,” Amer. J. Indus. Med., 2003, 44:291–297.
[28] Con respecto a la longitud de la fibra, ver Selikoff and Lee, Asbestos and Disease (cit. n. 8), pp. 427–428. Para la investigación del crisotilo en las minas de Zimbabue ver Rabelan Baloyi, “Exposure to Asbestos among Chrysotile Miners, Millers, and Mine Residents and Asbestosis in Zimbabwe” (Ph.D. diss., Inst. Occupational Health, Univ. Kuopio, Helsinki, 1989), p. 65; and M. Cullen and Baloyi, “Chrysotile Asbestos and Health in Zimbabwe, I: Analysis of Miners and Millers Compensated for Asbestos-Related Diseases since Independence (1980),” Amer. J. Indus. Med., 1991, 19:161–169. Sobre el mesotelioma en mecánicos de frenos ver A. M. Langer and W. T. E. McCaughey, “Mesothelioma in a Brake Repair Worker,” Lancet, 13 Nov. 1982, 8307:1101–1102; M. J. Teta, H. C. Lewinsohn, J. W. Meigs, R. A. Vidone, L. Z. Mowad, and J. T. Flannery, “Mesothelioma in Connecticut, 1955–1977: Occupational and Geographical Associations,” Journal of Occupational Medicine, 1983, 25:749–756; and M. Huncharek, J. Muscat, and J. V. Capotorto, “Pleural Mesothelioma in a Brake Mechanic,” Brit. J. Indus. Med., 1989, 46:69–71. Sobre el mesotelioma en trabajadores ferroviarios ver T. F. Mancuso, “Relative Risk of Mesothelioma among Railroad Machinists Exposed to Chrysotile,” Amer. J. Indus. Med., 1988, 13:639–657.
[29] Sobre el mesotelioma en trabajadores de filtros para vinos, ver G. Scansetti, F. Mollo, G. Tiberi, A. Andrion, and G. Piolatto, “Pleural Mesothelioma after a Short Interval from First Exposure in the Wine Filter Industry,” Amer. J. Indus. Med., 1984, 5:335–339; en trabajadores de metales, ver K. Moringa, N. Kohyama, K. Yokohama, Y. Yasui, I. Hara, M. Sasaki, Y. Suzuki, and Y. Sera, “Asbestos Fibre Content of Lungs with Mesotheliomas in Osaka, Japan: A Preliminary Report,” in WHO/IARC, Non-Occupational Exposure to Mineral Fibres, IARC Scientific Publications No. 90 (Lyon: IARC, 1989), pp. 438–443; and after environmental exposure to white asbestos see K. M. Wolf, Z. H. Piotrowski, J. D. Engel, L. G. Bekeris, E. Palacios, and K. A. Fisher, “Malignant Mesothelioma with Occupational and Environmental Asbestos Exposure in an Illinois Community Hospital,” Archives of Internal Medicine, 1987, 147:2145–2149. Sobre los resultados de Charleston ver J. M. Dement, R. L. Harris, M. J. Symons, and C. M. Shy, “Exposures and Mortality among Chrysotile Asbestos Workers, Pt. II: Mortality,” Amer. J. Indus. Med., 1983, 4:421–433. Para llegar a la conclusión de que no había un nivel seguro de exposición al crisotilo, véase WHO/ IARC, IARC Monographs on the Evaluation of Carcinogenic Risks to Humans: Overall Evaluations of Carcinogenicity: An Updating of IARC Monographs Vols. 1–42, Supplement 7 (Lyon: IARC, 1987).
[30] M. Huncharek, “Asbestos and Cancer: Epidemiological and Public Health Controversies,” Cancer Investigation, 1994, 12:214–222, on p. 217. Sobre posible contaminación por aceite ver P. Sebastien, J. C. McDonald, A. D. McDonald, B. Case, and R. Harley, “Respiratory Cancer in Chrysotile Textile and Mining Industries: Exposure Inferences from Lung Analysis,” Brit. J. Indus. Med., 1989, 46:180–187; sobre contaminación por tremolita ver Churg, “Chrysotile, Tremolite, and Malignant Mesothelioma” (cit. n. 10).
[31] Robert J. Day to C. F. N. Hope, 26 Oct. 1989, T&N microfilm archive, 504/981–982; and Safe Buildings Alliance, Asbestos in Buildings: What Owners and Managers Should Know (Washington, D.C., 1989), T&N microfilm archive, 504/905–942.
[32] Castleman, Asbestos (cit. n. 15), pp. 822–827. Véase también J. E. Alleman and B. T. Mossman, “Asbestos Revisited,” Scientific American, July 1997, 277:70–76, que junto con una imagen del transbordador espacial ensalza el asbesto como un «producto vital de importancia global estratégica» que «todavía puede considerarse bueno».
[33] B. T. Mossman and J. B. L. Gee, “Asbestos-Related Diseases,” New England Journal of Medicine, 29 June 1989, 320:1721–1730; and Mossman, J. Bignon, M. Corn, A. Seaton, and Gee, “Asbestos: Scientific Developments and Implications for Public Policy,” Science, 19 Jan. 1990, 247:294–301. Para la observación del editor, vea a Philip H. Abelson, “The Asbestos Removal Fiasco,” ibid., 2 Mar. 1990, 247:1017.
[34] Para las críticas ver, por ejemplo, SheldonW. Samuels, “Asbestos, Carcinogenicity, and Public Policy” [letter], Science, 18 May 1990, 248:795–796. El New England Journal of Medicine, 11 Jan. 1990, 322:131, respondió: «Mantuvimos la divulgación de [los autores] [de las consultorías de asbesto] en el archivo, pero decidimos no publicarla». Sobre la conferencia de Nueva York ver P. J. Landrigan and H. Kazemi, eds., “The Third Wave of Asbestos Disease: Exposure to Asbestos in Place: Public Health Control,” Ann. N.Y. Acad. Sci., 1991, 643:1–628.
[35] “Editor’s Choice,” Brit. J. Indus. Med., 1993, 50:1058; and Health Effects Institute, Asbestos in Commercial
Buildings: A Literature Review and Synthesis of Current Knowledge (Boston, Mass.: Health Effects Institute,
1991). Para un historial patrocinado por W. R. Grace acerca de la controversia sobre el asbesto en los edificios, que es muy crítico con la política de reducción de la Agencia de Protección Ambiental, vea Jacqueline K. Corn, Environmental Public Health Policy for Asbestos in Schools: Unintended Consequences (Boca Raton, Fla.: Lewis, 1999). El autor es el esposo de Morton Corn.
[36] Para la queja sobre el uso general del término “asbestos” ver G. W. Gibbs, F. Valic, and K. Browne, eds., “Health Risks Associated with Chrysotile Asbestos: Report of Workshop in Jersey, Channel Islands, 14– 17 November 1993,” Ann. Occup. Hyg., 1994, 38:399–646, on p. 401. Sobre la “Influencia canadiense” ver B. I. Castleman, “The Manipulation of ‘Scientific Organisations’: Controversies at International Organisations over Asbestos Industry Influence,” Annals of the Global Asbestos Congress: Past, Present, and Future, Osasco, Brazil, 17–20 Sept. 2000, CD-ROM. El punto de vista de Browne se transmite en Kevin Browne, «Crisotilo: umbrales de riesgo», documento presentado en un Seminario internacional sobre la seguridad en el uso del asbesto crisotilo: fundamento para la acción reguladora con base científica, La Habana, Cuba, 12-13 de septiembre de 2000, publicado en el sitio web de AI: www.chrysotile.com/en/hltsfty/ browne.htm
[37] El obituario de McDonald sobre Wagner, London Independent, 4 de julio de 2000; affidávit de Paul J. Hanly, Jr., en Owens-Illinois, Inc., v. T & N, Ltd., en el Tribunal de Distrito de los EE. UU. Para el Distrito Este de Texas, División Marshall, CA No. 2-99CV01117-DF, 24 de enero de 2000, pág. 10; y una declaración jurada enmendada de R. Bruce Shaw en respuesta a la declaración jurada de Paul. J. Hanly, Jr., en Owens-Illinois v. T & N, 16 de febrero de 2000.
[38] Deposición de JC Wagner, Claude Cimino contra Raymark Industries, Stafford Hotel, Londres, 30 de mayo de 1990, en la que afirmó que «el crisotilo no causa mesotelioma», pero la amosita sí puede, «probablemente con una dosificación muy pesada» (págs. 79-80); y McCulloch, entrevista con J. C. Wagner, Weymouth, Dorset, 22 de marzo de 1998.
[39] P. C. Elmes, “Mesotheliomas and Chrysotile,” Ann. Occup. Hyg., 1994, 38:547–553; y Elmes, “Conflicts in the Evidence” (cit. n. 12), p. 334 (quotation). Para la crítica de Elmes a la manufactura de “Fortex” véase Tweedale, Magic Mineral to Killer Dust (cit. n. 9), p. 259. Para la respuesta de Turner & Newall al punto de vista de Elmes ver N. Rhodes to S. Marks, 2 Apr. 1983, T&N microfilm archive, 310/1676–1677.
[40] Castleman, “Manipulation of ‘Scientific Organizations’” (cit. n. 34). Entre los informes sobre el mesotelioma inducido por crisotilo, véase A. J. Rogers, J. Leigh, G. Berry, D. A. Ferguson, H. B. Mulder, and M. Ackad, “Relationship between Lung Asbestos Fiber Type and Concentration and Relative Risk of Mesothelioma: A Case Control Study,” Cancer, 1991, 67:1912–1927; W. Sturm, B. Menze, J. Krause, and B. Thriene, “Use of Asbestos, Health Risks, and Induced Occupational Diseases in the Former East Germany,” Toxicology Letters, 1994, 72:317–324; and W. J. Nicolson and P. J. Landrigan, “The Carcinogenicity of hrysotile Asbestos,” in Advances in Modern Experimental Toxicology, Vol. 22: The Identification and Control of Environmental and Occupational Diseases: Asbestos and Cancers, ed. M. A. Mehlman and A. Upton (Princeton, N.J.: Princeton Scientific Publishing, 1995), pp. 407–423. Sobre el mesotelioma en los trabajadores italianos de la mina y la fábrica ver G. Piolatto, E. Negri, C. La Vecchia, E. Pira, A. Decarli, and J. Peto, “An Update of Cancer Mortality among Chrysotile Asbestos Miners in Balangero, Northern Italy,” Brit. J. Indus. Med., 1990, 47:810–814. Sobre la enfermedad en trabajadores de ferrocarriles y locomotoras, véase C. Maltoni, C. Pinto, and A. Mobiglia, “Mesotheliomas Due to Asbestos Used in Railroads in Italy,” in Landrigan and Kazemi, eds., “Third Wave of Asbestos Disease” (cit. n. 32), pp. 347–367; and J. R. Ruttner, “Mesothelioma in Swiss Railroad Workers,” ibid., pp. 404–406. Sobre el mesotelioma en mecánicos de carros ver H.-J. Woitowitz and K. Rodelsberger, “Chrysotile Asbestos and Mesothelioma,” Amer. J. Indus. Med., 1991, 19:551–553.
[41] J. Peto, J. T. Hodgson, F. E. Matthews, and J. R. Jones, “Continuing Increase in Mesothelioma Mortality in Britain,” Lancet, 4 Mar. 1995, 345:535–539; y MRC Institute for Environment and Health, Chrysotile and Its Substitutes: A Critical Evaluation (Leicester: Institute for Environment and Health, Dec. 2000), p. 4, publicado en www.le.ac.uk/ieh/webpub/webpub.html. Véase también MRC Institute for Environment and Health, Fibrous Materials in the Environment: A Review of Asbestos and Man-Made Mineral Fibres (Leicester: Institute for Environment and Health, 1997); y P. T. C. Harrison, L. S. Levy, G. Patrick, G. H. Pigott, and L. L. Smith, “Comparative Hazards of Chrysotile Asbestos and Its Substitutes: A European Perspective,” Environmental Health Perspectives, 1999, 107:607–611.
[42] F. D. K. Liddell, “Editorial: Magic, Menace, Myth, and Malice,” Ann. Occup. Hyg., 1997, 41:1–12, on p. 11. Los hallazgos están detallados en Liddell, A. D. McDonald, and J. C. McDonald, “The 1890–1920 Birth Cohort of the Quebec Chrysotile Miners and Millers: Development from 1904 and Mortality to 1992,” ibid., pp. 13–36; J. C. McDonald and A. D. McDonald, “Chrysotile, Tremolite, and Carcinogenicity,” ibid., pp. 699–705; A. D. McDonald, B. W. Case, A. Churg, A. Dufresne, G. W. Gibbs, P. Sebastien, and D. McDonald, “Mesothelioma in Quebec Chrysotile Miners and Millers: Epidemiology and Aetiology,” ibid., pp. 707–719; and Liddell, A. D. McDonald, and J. C. McDonald, “Dust Exposure and Lung Cancer in Quebec Chrysotile Miners and Millers,” ibid., 1998, 42:7–20. Para las cartas críticas, véase ibid., 1997, 41:383-388. El prefacio es «La cohorte de asbesto de Quebec», ibid., p. 1.
[43] Sobre IBAS véase L. Kazan-Allen, “The Asbestos War,” Int. J. Occup. Environ. Health, 2003, 9:173–193. El Collegium Ramazzini, un grupo de médicos de salud ocupacional, fue fundado por Irving Selikoff en la Escuela de Medicina Mount Sinai en 1982. Ver P. J. Landrigan, «Asbestos-Still a Carcinogen», New Engl. J. Med., 28 de mayo de 1998, 338: 1618 – 1619; y artículos en un número especial titulado «Llamado a una prohibición internacional del asbesto», Amer. J. Indus. Med., 2000, 37.
[44] J. Peto, A. Decarli, C. La Vecchia, F. Levi, and E. Negri, “The European Mesothelioma Epidemic,” Brit. J. Cancer, 1999, 79:666–672 (mortality projection); and M. R. Cullen, “Chrysotile Asbestos: Enough Is Enough,”
Lancet, 9 May 1998, 351:1377–1378 (ban).
[45] Sobre la predilección del crisotilo por la pleura, véase Y. Suzuki and N. Kohyama, “Translocation of Inhaled Asbestos Fibres from the Lung to Other Tissue,” Amer. J. Indus. Med., 1991, 19:701–704; see also Suzuki and R. Yuen, “Asbestos Fibers Contributing to the Induction of Human Malignant Mesothelioma,” Ann. N.Y. Acad. Sci., 2002, 982:160–176. Sobre las cargas de fibra de mesotelioma, vea V. L. Roggli, P. C. Pratt, and A. R. Brody, “Asbestos Fiber Type in Malignant Mesothelioma: An Analytical Scanning Electron Microscope Study of Ninety-four Cases,” Amer. J. Indus. Med., 1993, 23:605–614. Para los estudios de microscopio electrónico ver Suzuki and Yuen, “Asbestos Tissue Burden Study on Human Malignant Mesothelioma,” Industrial Health, 2001, 39:150–160; véase también Suzuki and Yuen, “Asbestos Fibers.” Para la sugerencia de que el crisotilo era la principal causa de mesotelioma, véase A. H. Smith and C. C. Wright, “Chrysotile Asbestos Is the Main Cause of Pleural Mesothelioma,” Amer. J. Indus. Med., 1996, 30:252–266; and L. T. Stayner, D. Dankovic, and R. A. Lemen, “Occupational Exposure to Chrysotile Asbestos and Cancer Risk: A Review of the Amphibole Hypothesis,” American Journal of Public Health, 1996, 86:179–186.
[46] A. Tossavainen et al., “Asbestos, Asbestosis, and Cancer: The Helsinki Criteria for Diagnosis and Attribution,” Scandinavian Journal of Work, Environment, and Health, 1997, 23:311–316; and International Programme on Chemical Safety, Environmental Criteria 203: Chrysotile Asbestos (Geneva: WHO, 1998), p. 94, posted at www.inchem.org/documents/ehc/ehc/ehc203.htm.
[47] WTO, “European Community—Measures Affecting Asbestos and Asbestos-Containing Products”: Informe del Grupo Especial, WT / DS135 / R, 18 de septiembre de 2000; Informe del Órgano de Apelación, WT / DS135 / AB / R, 12 de marzo de 2001. Para las opiniones divergentes expresadas en el contexto de la controversia, véase B. I. Castleman and R. A. Lemen, “The Manipulation of International Scientific Organizations,” Int. J. Occup. Environ. Health, 1998, 4:53–55; and Castleman, “WTO Confidential: The Case of Asbestos: World Trade Organization,” International Journal of Health Services, 2002, 32:489–501. See also Lemen, “Challenge for the Twenty-first Century—A Global Ban on Asbestos,” in Annals of the Global Asbestos Congress: Past, Present, and Future, CD-ROM (cit. n. 34).
[48] Para el debate de 2001 ver, por ejemplo, M. Camus, “A Ban on Asbestos Must Be Based on a Comparative Risk Assessment,” Canadian Medical Association Journal, 2001, 164:491; and P. J. Landrigan, “The Debate on Banning Asbestos,” ibid., 165:1191. Para más sobre las amenazas del crisotilo ver S. X. Ca, C. H. Zhang, X. Zhang, and K. Morinaga, “Epidemiology of Occupational Asbestos-Related Diseases in China,” Indus. Health, 2001, 39:75–83; W. J. Nicolson, “The Carcinogenicity of Chrysotile Asbestos: A Review,” ibid., pp. 57–64; and E. Yano, Z.-M. Wang, X.-R. Wang, M.-Z. Wang, and Y.-J. Lan, “Cancer Mortality among Workers Exposed to Amphibole-Free Chrysotile Asbestos,” American Journal of Epidemiology, 2001, 154:538–543. Sobre anfíbolos en el crisotilo ver K. J. Butnor, T. A. Sporn, and V. L. Roggli, “Exposure to Brake Dust and Malignant Mesothelioma,” Ann. Occup. Hyg., 2003, 47:325–330. Para dos recientes opiniones contrastadas ver Richard H. Lemen, “Chrysotile Asbestos as a Cause of Mesothelioma: Application of the Hill Causation Model,” Int. J. Occup. Environ. Health, 2004, 10:233–239; y Malcolm Ross and Robert P. Nolan, History of Asbestos Discovery and Use and Asbestos-Related Disease in Context with Occurrence of Asbestos within Ophiolite Complexes, Special Paper 273 (Boulder, Colo.: Geological Society of America, 2003), posted at www.ierfine.org/html/history/asbestos.pdf. Sobre la supuesta seguridad del crisotilo en los edificios, véase, por ejemplo, C. Booker, “Unnecessary Asbestos BillWill Top £8bn,”, London Daily Telegraph, 27 de enero de 2002. La analogía fue desafortunada, dado que el talco puede contener asbesto, pero luego la principal fuente científica del periódico fue un representante de la industria del asbesto-cemento.
[49] Geoffrey Tweedale, “Management Strategies for Health: J. W. Roberts and the Armley Asbestos Tragedy, 1920–1958,” Journal of Industrial History, 1999, 2:72–95 (Armley); Jock McCulloch, Asbestos: Its Human Cost (St. Lucia: Univ. Queensland Press, 1986) (Wittenoom); McCulloch, Asbestos Blues: Labour, Capital, Physicians, and the State in South Africa (Oxford: Currey, 2002) (Penge and Prieska); Brodeur, Expendable Americans (cit. n. 15) (Tyler); Andrea Peacock, Libby, Montana: Asbestos and the Deadly Silence of an American Corporation (Boulder, Colo.: Johnson, 2003); and Andrew Schneider and David McCumber, An Air That Kills: How the Asbestos Poisoning of Libby, Montana, Uncovered a National Scandal (New York: Putnam, 2004).
[50] Para el lego, es un caso de «elegir un número». Nicolson and Landrigan, “Carcinogenicity of Chrysotile Asbestos” (cit. n. 38), sugieren que la crocidolita es dos o tres veces más potente que el crisotilo como causa de mesotelioma. Otros han informado sobre el riesgo de crocidolita: crisotilo en la proporción de 500: 1. Ver J. T. Hodgson and A. Darnton, “The Quantitative Risks of Mesothelioma and Lung Cancer in Relation to Asbestos Exposure,” Ann. Occup. Hyg., 2000, 44:565–601.
[51] Esto se ha definido como «la necesidad de actuar para reducir los peligros potenciales antes de que haya pruebas sólidas de daños, teniendo en cuenta los posibles costos y beneficios de la acción y la inacción». Ver European Environment Agency, Late Lessons from Early Warnings: The Precautionary Principle, 1896–2000 (Copenhagen: European Environment Agency, 2001), p. 13.
[52] Sobre la situación en Canadá, ver Institut National de Sante Publique du Quebec, Rapport épidémiologie des maladies reliées a` l’exposition a` l’amiante au Québec (Quebec, Sept. 2003), posteado en www.inspq.qc.ca/pdf/ publications/222-EpidemiologieExpositionAmiante.pdf. Sobre las circunstancias de los países en desarrollo ver L. V. Harris and I. A. Kahwa, “Asbestos: Old Foe in Twenty-first-Century Developing Countries,” Science of the Total Environment, 2003, 307:1–9; and A. L. Ramanthan and V. Subramanian, “Present Status of Asbestos Mining and Related Health Problems in India: A Survey,” Indus. Health, 2001, 39:309–315. Sobre la sinergia con el tabaco ver A. L. Frank, R. F. Dodson, and M. G.Williams, “Carcinogenic Implications of the Lack of Tremolite in UICC Reference Chrysotile,” Amer. J. Indus. Med., 1998, 34:314–317.

La historia de los grandes acontecimientos de este mundo
no son más que la historia de un crimen
Voltaire
Por Guillermo Villamizar.
Este artículo fue publicado originalmente en Esfera Pública en diciembre de 2012, y recogió para ese momento las investigaciones que había iniciado desde el año anterior.
INTRODUCCIÓN
Este texto nace a partir de una coyuntura especial. Durante la investigación que adelantaba para el artículo sobre el Museo de Arte de la Universidad Nacional en Bogotá, me llamó la atención esa estrecha relación entre los ciclos expositivos de este museo y su directora/curadora con la colección Daros Latinamerica.
La pregunta obvia empezaba por resolver ¿Quién era Daros? Se me vino inmediatamente a la cabeza suponer que era una empresa Suiza y para confirmar esto bastaba con explorar la página web de la colección. Hay que tener en cuenta que existen tres colecciones Daros: la clásica por llamarla así, la que está dedicada al arte latinoamericano y la que colecciona arte joven contemporáneo europeo, según las propias palabras de Stephan Ernest Schmidheiny.[1]
En la página de la Daros Collection se lee que Alexander Schmidheiny (hermano del primero) inició esta empresa junto a su socio Thomas Ammann en los años 80, enfocados en el arte de la segunda mitad del siglo XX, especialmente arte estadounidense con sus emblemáticas figuras como Andy Warhol, Cy Twombly, etc.
La muerte prematura de Alexander Schmidheiny y Thomas Ammann llevó a Stephan a continuar con la colección. Sin embargo el interés por esta colección ya venía de antes, desde sus comienzos, como asistente financiero de los intereses de su hermano menor por el arte, de acuerdo a unas declaraciones que me permito trascribir, tomadas de su autobiografía:
Sin embargo, mis actividades empresariales en los años 80 reflejaban incertidumbre y preocupación. El arte me demostró ser un excelente antídoto contra el estrés. Fue la época cuando Alexander, mi hermano menor y su socio, me presentaron el mundo del arte moderno y contemporáneo. Con mi ayuda financiera, los dos empezaron una colección de arte contemporáneo de muy alto nivel; a la vez, mi interés en las obras que adquirían empezó a ir más allá de la de un simple inversionista.
Ya para ese momento la pregunta no era quien era Daros, sino ¿quién era Stephan Ernest Schmidheiny? Y ahí recibí un golpe seco directo a las certezas que ayudan a entender donde empieza la ficción y donde termina la realidad, porque sus mezclas llegan a dibujar en el espacio de la experiencia un paisaje completamente absurdo cuando las líneas difusas de sus límites desaparecen, provocando que esas mismas certezas pierdan confianza por ese lugar entre mágico y oscuro donde circulan las ficciones del arte.
Cuando usted coloca en Google el nombre de este señor, la información es contradictoria. Es como la antesala al universo remasterizado del Doctor Jekill y el Señor Hyde.
De una parte la página web de Schmidheiny se encarga de describir a un señor de muy buenos modales que hace filantropía en América Latina. De otra parte, la información sacude al lector con toneladas de documentos que hablan del juicio de Turín y la condena que se le ha propinado al bueno de Schmidheniny, como dueño y último heredero de una dinastía que estuvo envuelta en el negocio de Eternit, es decir asbesto, durante buena parte del siglo XX.
A partir de ese momento, mi interés se dirigió a desenredar esta enorme madeja de información relacionada con el asbesto y todas (en la medida de lo posible) las mentiras y verdades escondidas detrás de esta poderosa industria que movió miles de millones de dólares durante el siglo XX y que aún continúa haciéndolo en los países emergentes, del cual Colombia no es la excepción[2].
Comprender los procedimientos de esta industria durante todo un siglo es también entender un poco la mente de un coleccionista, y los eventuales propósitos que lo llevaron a sembrar toda una estrategia alrededor del arte latinoamericano de las últimas décadas, a pesar de que Hans – Michel Herzog pretenda poner a Stephan Ernest Schmidheiny por fuera de cualquier vínculo con esta colección ¿es el arte un modelo refinado que la vida contemporánea subasta para acceder y comprar indulgencias?
Entender de dónde viene el dinero que paga esta fiesta del arte y de donde salen los cheques que alimentan los sueños de los artistas, es encontrar una perspectiva para entender un poco la lógica de la modernidad europea construida sobre las bases del progreso, la libertad y la civilización. Este progreso en su momento se llamó asbesto y podría llamarse otros mil inventos, otras novedades, otras libertades, sean estas de carácter científico, económico, social o cultural.
Cuando pienso que el discurso de las vanguardias históricas siguió la lógica de los movimientos del capital, en algunas ocasiones producto de unas estrategias que actuaban en contracorriente pero que eran capturadas y reencausadas de nuevo por el capital, gracias al poder económico del coleccionismo, no puedo pasar por alto – de acuerdo con McCulloch & Tweedale – que el pico de la industria del asbesto en Norte América y Europa occidental coincidió con lo que algunos economistas llaman la “Edad dorada del capitalismo” (1945 – 1972) y en ese sentido, el asbesto es un símbolo de la modernidad industrial y la proyección que causó a la división global del trabajo[3], y de esta manera, un precursor del capitalismo sin fronteras, que sirve de plataforma para establecer los modelos que terminaron siguiendo ciertos discursos y formas de circulación del arte contemporáneo amparados en la globalización post naciones.
De manera curiosa o coincidencial, estaba trabajando en la traducción del texto que Andrea Fraser había enviado a la Bienal del Whitney de este año 2012 y que lleva por título “There’s no place like home”.
Al comienzo Andrea cuenta que lleva sin visitar exposiciones ni museos desde hace un buen par de años y para justificar esta postura dice:
Entiendo esta posición como producto de mi distanciamiento del mundo del arte y sus hipocresías, lo que me ha permitido hacer una carrera por fuera de las presiones expositivas. Le he otorgado a la crítica institucional el papel de juzgar a las instituciones del arte contra las pretensiones críticas de sus discursos legitimadores, sus auto representaciones como lugares de impugnación y sus relatos de radicalidad y revolución. La flagrante, persistente y al parecer siempre creciente separación que se da, entre estos discursos de legitimación – sobre todo en sus reclamos críticos y políticos – y las condiciones del arte en general, así como mi propio trabajo, se me hacen tan profunda y dolorosamente contradictorios como fraudulentos.
Al finalizar el texto, en las notas aparecía una referencia a otro artículo que la Fraser había publicado en la revista alemana Text zur kunst en septiembre del año 2011 titulado “L’1% C’est Moi”, en donde establecía esa relación entre el gran dinero de los coleccionistas y el arte. Buena parte de los coleccionistas analizados habían tenido su cuota de responsabilidad en la crisis financiera e hipotecaria del año 2007, lo que perspicazmente le permitía a Andrea Fraser afirmar lo siguiente:
¿Cómo ganan su dinero los más importantes coleccionistas del mundo? ¿Cómo se relacionan sus actividades filantrópicas con sus operaciones económicas? y ¿qué significa coleccionar arte para ellos y cómo esto afecta al mundo del arte? Si nos fijamos en los ingresos de esta clase social, es evidente que sus ganancias están sustentadas en el crecimiento de la desigualdad del resto de la humanidad.
Esta redistribución del capital en cambio, tiene una influencia directa sobre el mercado del arte: entre mayor sea la brecha entre ricos y pobres, mayores son los precios de este mercado. Excepto para los seguidores incondicionales de las teorías que apoyan la exención de impuestos al gran capital, está suficientemente claro que por ahora, lo que ha sido bueno para el arte, ha sido desastroso para el resto de la humanidad.
Comprendí inmediatamente la pertinencia de estas palabras con el tema regional de la colección Daros Latinamerica, su propietario detrás de bastidores y los probables objetivos que una organización de este tipo pretende buscar, al invertir tanto dinero en esta aparente noble causa del arte de la región.
Con el derrumbe de la industria del asbesto en los países europeos, el bueno del Sr. Schmidheiny buscó empezar a trasladar sus inversiones hacia esta región del continente americano. Ya era famosa la participación de su empresa familiar en plantas de Eternit a lo largo de América Latina, como por ejemplo en los negocios de reconstrucción de Managua tras el terremoto en 1976, cuando aliados con el general Somoza crearon una planta de Eternit en Nicaragua.
Igualmente, durante la dictadura de Pinochet, una ley que desconocía todos los anteriores tratados entre la comunidad Mapuche y los winkas (blancos), impuso la división de las tierras entre los miembros de las comunidades indígenas, terminando con la propiedad colectiva; de tal manera se crearon campos familiares demasiado pequeños para ser rentables,[4] lo que allanó el camino para que inversionistas y terratenientes como Schmidheiny se hicieran a varios miles de kilómetros cuadrados de selva virgen comprada a precios muy bajos a los indios Mapuches, quienes en ese momento de la dictadura se vieron obligados a vender. “Ya no existen mapuches, porque todos somos chilenos” decía Pinochet en 1979.
Hoy en día estas tierras producen buena parte de la madera que consumimos en América Latina bajo el nombre de Masisa, la cual pertenece a Forestal Millalemu controlado por un holding llamado Terranova, con un patrimonio forestal en Chile sobre 120.000 hectáreas distribuido entre la VIII y IX Regiones y con inversiones forestales además en USA, Brasil y Venezuela que suman un total de 295 mil hectáreas en predios forestales con operaciones industriales adicionalmente en México y EE.UU., convirtiéndolo en el mayor productor de aglomerados en América Latina, con una capacidad de producción anual de 2.3 millones de metros cuadrados en tableros de madera, molduras y puertas[5]. Obviamente el bosque virgen ha desaparecido[6], y con ello la flora y la fauna en general porque estas plantaciones no son bosques sino cultivos y no sólo son cultivos, sino que son monocultivos forestales de rápido crecimiento, implantados a gran escala[7]. El mayor error precisamente es ese: calificar de bosques a estos monocultivos y más grave aún, Forestal Millalemu ha realizado con la Genfor SA experimentos con pinos transgénicos en Chile, sin ningún control.[8]
Cuando pensé en los artistas que hacen parte de esta colección, y especialmente en aquellos que manejan contenidos socio políticos en sus obras, pude comprender a cabalidad lo que dice Andrea con una buena dosis de sonrisa irónica grafitiada en mi rostro – entre hiperreal y difusa: lo que es bueno para el arte ha sido desastroso para el resto de la humanidad.
Las conjeturas que uno puede hacer en este tema son amplias y difícilmente pueden ser evacuadas en un solo artículo.
Voy a dividir esta investigación en varios capítulos y el primero estará dedicado a desentrañar la historia del asbesto, de Eternit Suiza manejada por esta familia y sus socios agrupados en la SAIAC, y claro, la relación con este material venenoso: el asbesto.
El segundo capítulo que será publicado en febrero, cuando Esfera Pública reanude sus labores, analizará las relaciones discursivas y conceptuales de algunos artistas que hacen parte de esta colección (Luis Camnitzer, Alfredo Jaar, Doris Salcedo, Miguel Ángel Rojas y José Alejandro Restrepo) y las situaciones que se pueden desprender cuando miramos sus discursos y objetos a la luz de las historias que se esconden detrás del dinero que alimenta este teatro de ficciones llamada Daros Latinamerica ¿Y por qué me atrevo a decir esto? Mientras los artistas defienden unas cosas de una parte, la compañía que compra sus obras y promueve a estos artistas, hace exactamente lo contrario por otra parte.
En este largo conjunto de hechos y situaciones que componen esta cadena productiva relacionada con los mercados sensibles del arte y la estética contemporánea, pareciera existir algo que definitivamente no funciona, porque mientras desde el campo de la producción se plantean determinados temas sensibles para la sociedad en general, el camino final de las obras y su conversión en artículos de lujo por el mercado del arte pareciera desdibujar completamente los contenidos iniciales de las obras de arte, y aún más, reducir el papel del artista al de un cínico jugador en este mercado que prefiere ignorar estas cosas que suceden a su alrededor, para poder continuar alimentando sus arengas estéticas sin que deba ni tenga que asumir ninguna responsabilidad ética por ello.
Todo principio revolucionario de la obra de arte, como dispositivo no controlado por el statu quo, termina en la más simple y banal domesticación por parte del gran capital o manipulado por la “manufactura del disenso” para emplear las palabras de Michel Chossudovsky,[9] especialmente cuando este capital ha sido forjado mediante el engaño y el delito si nos atenemos a las conclusiones que deja el Juicio de Turín.
No hay que olvidar aquí otro componente de la fundación Daros: el subsidio que le ofrece a instituciones como “Lugar a dudas” dirigida por Oscar Muñoz y muy probablemente su apoyo a “FLORA”, el proyecto liderado por José Roca.
Como es de suponer, nadie dirá nada. Cuando publiqué el artículo sobre el Museo de la Universidad Nacional no hubo un solo pronunciamiento, ni siquiera de los propios afectados por las políticas verticales de María Belén Sáez de Ibarra ¿Alguien se atreve a morder la mano que le da de comer? La lógica común dice que no, así la mano sea una mano genocida, como es el caso de la industria del asbesto a lo largo del siglo XX en Europa, Canadá, EE.UU., Japón, África o América Latina.
PRIMERA PARTE
EL DINERO SUCIO DE ETERNIT FINANCIA LA BUENA CONCIENCIA DEL ARTE: LA COLECCIÓN DAROS LATINAMERICA
Eternit ha sido a lo largo de su historia varias cosas a la vez; ha sido el nombre de decenas de empresas fabricantes y decenas de productos para la industria de la construcción, ha sido un grupo industrial multinacional dominante, dos conglomerados mundiales del asbesto, una marca, una patente y un término genérico; la palabra «Eternit» se utiliza en muchos mercados para denotar una gama de productos en asbesto cemento para la construcción, independientemente de la marca. Pero Eternit es más, mucho más de lo que podrá describirse en el siguiente capítulo; durante los últimos cien años, estas siete palabras han llegado a representar un proceso de producción que consume y escupe a los seres humanos como parte de sus ciclos de fabricación.[10]
Stylized image of the Casale Monferatto Eternit plant in the 1 920s. AFeVA archive
Stephan Ernest Schmidheiny nació en Heerbrugg al este de Suiza, ubicado en el cantón St Gallen, el 29 de octubre de 1947 en el seno de una de las familias más prósperas, tradicionalmente unidas al floreciente mundo de los negocios en la siempre próspera Suiza.
Según la revista Forbes, ocupa el puesto 442 en su lista de adinerados y es por ello, el quinto hombre más rico de Suiza con dos mil setecientos millones de dólares.[11]
La marca Eternit estuvo asociada a este apellido durante todo el siglo XX y en este siglo, parece estarse convirtiendo en una pesadilla que viene a recobrar su dosis de justicia frente a la enorme estela de muertes que el asbesto ha dejado en miles de empleados que trabajaron en las fábricas que los Schmidheiny se encargaron de sembrar a lo largo del planeta.
En la antigüedad el asbesto era usado con objetivos “mágicos” y “rituales”. Una creencia popular decía que el asbesto conseguiría ser la “lana de la salamandra”, el animal que podía desafiar el fuego sin sufrir daño.[12]
El asbesto es el nombre genérico que se le da a un grupo de minerales fibrosos. En pocas palabras es una roca que se extrae del suelo. Existen dos tipos de asbesto: el serpentino y el anfíbolo. El crisotilo (o asbesto blanco) es el único miembro de los serpentinos y es explotado principalmente en Rusia, Canadá, China, Brasil y Zimbabwe. El grupo de los anfíbolos incluye, entre otros, dos importantes especies en su comercialización: la amosita (el asbesto marrón) y la crocidolita (asbesto azul) que fue explotado durante el siglo XX especialmente en Sudáfrica. Otros asbestos de la familia de los anfíbolos son la antofilita, la tremolita y la actinolita. Todos los asbestos se dividen longitudinalmente en fibras y es esta facultad de hacerse fibroso que combinadas con su resistencia al calor y su dureza, que lo convierten en un material muy útil. Estas fibras del asbesto pueden seguirse dividiendo hasta niveles moleculares.[13]
Cuando se frotan las fibras del asbesto con los dedos, estas humean produciendo una pequeña nube de polvo compuesta de fibras de inimaginable fineza. En algunos casos para observar estas diminutas fibras se requiere de microscopios electrónicos, lo que facilita su inhalación sin que provoquen ningún tipo de irritación en las vías respiratorias en el corto plazo. En el largo plazo el asbesto es capaz de producir tres tipos de enfermedades relacionadas con este mineral: Asbestosis (cicatrización pulmonar), cáncer de pulmón (revestimiento de las paredes que componen las vías respiratorias de los pulmones) y mesotelioma (revestimiento pleural o peritoneal). El asbesto puede producir otro tipo de cánceres como son los tumores gastrointestinales.[14]
A comienzos del siglo XX, el austríaco Ludwig Hatschek inventó un proceso mediante el cual se combinaban las fibras del asbesto con cemento para producir asbesto – cemento (AC), un material con excelentes propiedades técnicas que podía utilizarse en múltiples aplicaciones. Como el asbesto iba a “durar siempre”, Hatschek bautizó el proceso con el nombre de Eternit, en alusión a su carácter eterno, y procedió a vender la patente a empresas de todo el mundo, muchas de las cuales adoptaron el nombre de Eternit.[15] De esta manera Ludwig Hatschek empezó a vender “franquicias” de su invento “Eterno” y durante los siguientes 60 años se vendieron licencias a empresas que se establecieron en Bélgica, Suiza, Italia, Francia, Reino Unido, Alemania, Chile, Holanda, Argentina, Hong Kong, Uruguay, China, Nigeria, y la India.[16]
El asbesto está presente en las tejas que techan las casas y en los tanques de reserva de agua a nivel doméstico e industrial, en las tuberías que transportan agua, las fibras de asbesto se mezclan con las baldosas para pisos en vinilo, como aislante en las refinerías de petróleo, en hospitales, buques de guerra, cinemas y viviendas. Era usado en los países europeos y norteamericanos y sigue siendo usado en países emergentes con productos en plástico y caucho, aparece mezclado con adhesivos, con cementos, pinturas y selladores. En los automóviles aparece mezclado en las juntas, las culatas, chispas de encendido, aislantes de las tuberías de escape, radiadores y frenos de disco. Algunos usos exóticos se podían y se pueden seguir viendo en los filtros para cigarrillos, paños de cocina, hilos para suturas cirurgicas, billetes, fieltros para pianos, mesas para planchar, boinas, delantales, tampones y filtros, recipientes y coladeras para el arroz, la sal, la cerveza y el jugo de naranja.[17]
Mientras el consumo de asbesto ha empezado a estar restringido especialmente en los países desarrollados[18], se cultivan nuevos mercados en las economías en desarrollo. Así en los últimos años, han aumentado considerablemente las ventas de productos derivados de asbesto – cemento en la India, Pakistán, Indonesia y Tailandia. Aunque es de sobra conocido que la exposición al Asbesto puede causar la muerte, los productores de asbesto siguen defendiendo su uso seguro y negando la existencia de alternativas confiables para la salud humana.[19]
De acuerdo con Fiona Murie, en ese momento responsable de Salud y Seguridad de la Federación Internacional de Trabajadores de la Construcción y la Madera (FITCM), el concepto de “uso controlado” es una broma de mal gusto.
Desde el momento en que el asbesto cemento fue inventado, empezaron a aparecer reportes hablando que las fibras de este mineral causaban enfermedades pulmonares. En 1918 la oficina de estadísticas laborales de los EE.UU. fue bastante lejos al publicar un informe donde se registraba que un número importante de compañías aseguradoras de EE.UU. y Canadá se rehusaban a vender pólizas de seguros a los trabajadores del asbesto, cuyas estadísticas empezaban a mostrar una alta tasa de mortalidad prematura entre ellos.[20]
La primera mención de reclamaciones por daños contra una empresa de asbestos data de 1929. La empresa en cuestión era Johns – Manville. Estas reclamaciones por daños llevaron a las aseguradoras a proveer pólizas contra riesgos laborales.[21]
El interés científico aumentó después de la publicación en 1924 de un artículo sobre fibrosis pulmonar relacionada con asbestos en el British Medical Journal. Desde 1927, un número creciente de artículos aparecieron en Inglaterra y el término Asbestosis fue utilizado por primera vez.[22]
En ese momento ante la falta de microscopios y auscultaciones anatómicas precisas, las enfermedades pulmonares con frecuencia terminaban siendo diagnosticadas como tuberculosis. Esta confusión existía también en relación con el silicio y la silicosis, cuando ya esta era considerada una enfermedad ocupacional. En los años 30 y 40 del siglo XX, más artículos se publicaron sobre la asbestosis, relacionados tanto con la enfermedad como con el número de víctimas.[23]
Nadie sabe con precisión cuantas vidas humanas se han perdido a causa del uso indiscriminado del asbesto en el mundo. La Organización Mundial de la Salud[24] calcula que más de 125 millones de personas en el mundo están expuestas al asbesto en términos ocupacionales, y cerca de 107.000 personas mueren cada año debido a su empleo en entornos laborales. Uno de cada tres cánceres ocupacionales es provocado por el asbesto y el profesor Joe LaDou de la Universidad de California es aún más pesimista: la epidemia cancerígena del asbesto puede arrastrar 10 millones de vidas antes de que sea prohibido a nivel mundial y su exposición sea reducida a cero.[25]
La historia del imperio Schmidheiny se inició en Heerbrugg, un pequeño pueblo en el valle del Rin ubicado en la parte oriental de Suiza. Jacob Schmidheiny (1838 – 1905), el abuelo de Max Schmidheiny, fue el hijo de un sastre y era originalmente un tejedor de seda[26]. Después de su intento como fabricante textil, estableció una serie de fábricas de baldosas, a partir de 1870. Antes de eso había comprado el castillo de Heerbrugg con un préstamo obtenido de un extraño virtual; el castillo permaneció bajo propiedad de la familia hasta principios del siglo XXI. En 1906, Ernst Schmidheiny (1871 -1935), el hijo de Jacob anciano, empezó la producción de cemento. Esto a la larga conduciría a la creación del vasto conglomerado global de los Schmidheiny: Holderbank; el nombre se deriva de una zona donde se encontraba una fábrica que Ernst Schmidheiny había adquirido antes de la primera guerra mundial.[27]
El uso más importante del asbesto, sin duda, ha sido en la producción de asbesto cemento utilizando el método patentado por Hatschek en 1900. El asbesto cemento consiste generalmente de 10% a 20% de asbesto con casi todo el resto de cemento. A este respecto, es importante señalar que el Empresario suizo Ernst Schmidheiny tenía ya en 1910 establecido un cartel del cemento en Suiza, y en 1930 logró por medio del holding financiero Holderbank, llevar los intereses del cemento a todos los rincones del planeta bajo su control.[28] De esta manera Holderbank jugó un papel importante en la expansión de Eternit Suiza.
En 1929, Ernst Schmidheiny (Tío de Stephan Ernest Schmidheiny), de Eternit Suiza, junto a la multinacional inglesa del asbesto Turner & Newall (T&N) crearon el cartel internacional de los productores de asbesto – cemento, al cual pertenecerían las grandes compañías internacionales asociadas con esta industria: Johns – Manville de USA y propietario de las más grandes minas de asbesto en Canadá, y las diferentes subsidiarias de Eternit en Europa continental controladas especialmente por las familias Schmidhieiny de Suiza y Emsens de Bélgica, que pensaban que competir por materias primas y mercados no era tan rentable si no estaban debidamente organizados para controlar la explotación, la producción, la distribución de los mercados y los precios de manera concertada, la cual terminó llamándose SAIAC (una abreviatura de Sociétés Associés d’Industries Amiante-Ciment) que contaba con su centro de operaciones directamente en Suiza .
La cooperación en áreas de mutuo interés les permitía fijar precios, crear esferas de influencia, coordinar la investigación “científica” y promover de manera concertada la propaganda en defensa de los intereses de la industria. El hecho de que estos métodos industriales pudieran ser ilegales en algunos países, e inmorales en otros casos, no fue motivo de aprehensión para que el lobby corporativo consiguiera su objetivo final: convertir las fibras mortales del asbesto en una máquina despiadada para producir dinero.[29]
Turner & Newall Ltda., el principal grupo de asbesto del Reino Unido, mostraba su orgullo de pertenecer a este cartel, refiriéndose a él en un informe anual de la empresa como una “Liga de las Naciones en miniatura”.[30]
Hoy en día, agresivas campañas de mercadotecnia, apoyadas por millones de dólares obtenidos del asbesto, se dirigen a los responsables de la toma de decisiones y el incremento del consumo de asbesto en países que disponen de escasa información sobre las consecuencias a largo plazo de la exposición a esta sustancia, que carecen de legislación específica sobre ella o no aplican la que tienen, que no llevan a cabo inspecciones oficiales de los lugares de trabajo y que no cuentan con mecanismos de indemnización, servicios sanitarios ni seguridad social. La vulnerabilidad de los trabajadores de la construcción en estos países hace que su explotación sea algo rutinario; con frecuencia analfabetos, muchos de ellos viven con sus familias en las obras o al lado de las carreteras.[31]
El pasado 13 de febrero de este año de 2012, el Sr Stephan Ernest Schmidheiny (65 años) y su socio el Baron Jean-Louis de Cartier de Marchienne (90 años) fueron sentenciados a 16 años de prisión por una corte italiana de Turín, el primero como propietario del grupo industrial eternit Belga-Suizo (ETEX) que a su vez era accionista mayoritario de la subsidiaria italiana de Eternit, y el segundo quien aparece como director y accionista minoritario de Eternit Italia, por haber provocado “una catástrofe ambiental y sanitaria permanente” y haber violado las reglas de seguridad en sus fábricas. En esta sentencia aparecen como responsables de la muerte de unas 3.000 personas, ex obreros o habitantes de cuatro localidades donde Eternit Italia tenía sus fábricas desde 1976 a 1986, proceso que se inscribe en una movilización social penal de cerca de medio siglo cuyo núcleo básico fueron y siguen siendo los obreros que trabajaron en la fábrica Eternit de Casale Monferrato como actores colectivos.[32]

Este caso representa un largo itinerario recorrido por la industria del Asbesto, los trabajadores y víctimas del uso del asbesto en entornos laborales, básicamente por el conocimiento que existía por parte de las directivas de la industria del asbesto de que su uso era mortal. Precisamente el juicio de Turín se ha encargado de sentar un precedente importante a escala universal de esta problemática bastante desconocida en nuestro país.
La industria, cebada por las oportunidades que le ofrecía el hecho de trabajar como un cartel, acostumbraba a realizar encuentros para rastrear y perfeccionar “estados del arte” y de esta manera afinar sus estrategias contra el “enemigo.”
En un informe desclasificado de los archivos de T&N de la conferencia que hizo la industria durante los días 24 y 25 de noviembre en 1975 en la ciudad de Londres, se pueden leer y extraer las siguientes perlas de un amplio sumario de estrategias que aparecen en el índice de este informe: en la página 5 la conferencia del Doctor W. J. Smither llevaba por título “Uso del asbesto – nuevos avances en la investigación médica”, la página 26 estuvo dedicada a “La salud y asbestos – Pasado y presente en Holanda” a cargo de Mr. A. R. Kolff van Oosterwijk (sic), la página 30 “reporte de la delegación de Alemania occidental” a cargo de Mr. G. C. Schmidt, la página 45 “Breve resumen de la situación actual en Italia y sus prospectivas” dictada por Mr. A. Calamandrei, en la página 53 el conferencista, Mr. W. P. Howard tituló su charla “Acciones tomadas en el Reino Unido para defender el asbesto” y en la página 61, en la ponencia que dictó Mr. W. P. Raines su título era “Breve resumen de los ataques contra el asbesto y nuestras defensas en USA”.
Mr. M. F. Howe (Deputy Chairman, Asbestos Information Committee) en las palabras que pronunció para darle la bienvenida a este encuentro dijo:
“El hecho de que 35 de nosotros estemos aquí presentes viniendo de 11 países, subraya la importancia de los temas que aquí vamos a discutir. Hablando para los delegados del Comité de Información sobre Asbestos (The Asbestos Information Comittee) y el Concejo de Investigación sobre Asbestosis (Asbestosis Research Council), estamos seguros de que podremos beneficiarnos en buena medida del intercambio de ideas e información. Espero que los delegados de los otros 10 países, igualmente resulten beneficiados.
Todos estamos concientes de que esta conferencia tiene lugar en un momento crítico dentro de la historia de la industria del Asbesto. En Norte América, en Gran Bretaña y en otros países europeos, fuertes ataques contra el asbesto y sus usos continúan dándose en la prensa, la televisión y la radio. En estos países y muchos otros, los ministerios gubernamentales muestran un interés creciente en las fábricas y otros tipos de regulaciones que tienen que ver con el asbesto. El interés en el aspecto de la polución ambiental es probablemente – por el momento – un asunto que apenas anda en pañales. Estos son los temas que debemos discutir durante nuestra conferencia”.
Durante la segunda guerra mundial, en la mejor época del nacionalsocialismo alemán, Eternit Suiza logró inscribir su empresa que quedaba en las afueras de Berlín (Deutsche Asbest-Zement Aktiengesellschaft, DAZAG) en el registro de las empresas del Reich que eran importantes para la economía de guerra de aquel momento, y que les permitió surtirse de mano de obra en sus fábricas con prisioneros de guerra venidos de países invadidos por las fuerzas alemanas para ser convertidos en una especia de esclavos de la modernidad.[33] Esta versión, continúa siendo negada por la familia Schmidheiny, a pesar de la evidencia que aparece suficientemente documentada en el libro de María Roselli[34] que lleva por título “Die Asbestlüge, Geschichte und Gegenwart einer Industriekatastrophe”, del cual existen traducciones al inglés (The asbestos lie, 2007), francés (Amiante & Eternit : Fortunes et forfaitures, 2008) y al español (La mentira del amianto, Fortunas y delitos, editado por ediciones del Genal en Málaga).
Para su investigación, María Rosselli logró localizar a Nadja Ofsjannikova con 85 años cumplidos para el momento de la investigación, residenciada en Riga (Letonia); ella había sido forzada a trabajar en la planta de Eternit en Berlín en 1943. En su relato Nadja Ofsjannikova cuenta:
En 1942, cuando tenía 19 años fui llamada por la comandancia militar y hacinadas y pasando mucho frío nos transportaron a Alemania (…) a una fábrica de amianto-cemento. Allí nos alojaron en barracas. El trabajo en ese campo era superior a nuestras fuerzas. La nave en la que trabajábamos no tenía tejado y el frío era terrible. En ocasiones solo deseaba morirme. Lloré muchísimo. La fábrica en que trabajaba se llamaba Eternit (…) era igual que un campo de concentración, llevábamos números y teníamos que enseñar nuestra ficha continuamente. (…) teníamos que trabajar aun estando enfermos, doce horas al día, seis días a la semana. En una ocasión cogí una neumonía, pero no pude guardar cama (…) la alimentación en el campo era pésima: para desayunar nos daban sopa de harina, a mediodía sopa de remolacha y por la tarde cien gramos de pan con un poco de margarina (…) la vigilante de la barraca nos observaba todo el tiempo y cuando no obedecíamos nos molían a palos. A veces me pregunto cómo pude soportar tanto sufrimiento (…). En Abril de 1945 volvieron a bombardearnos, pero por suerte pudimos refugiarnos en el sótano (…) En 2000, cuando me enteré que las personas que habían sido forzadas a trabajar recibían una indemnización me dirigí al Archivo, pero allí constaba que yo había ido voluntaria al campo. Envié una carta a la fábrica Eternit, pero no recibí contestación alguna.[35]
A pesar de los documentos que María Roselli encontró en archivos alemanes que demuestran que la Sra. Ofsjannikova trabajó para Eternit como empleada esclava, el vocero de Stephan Ernest Schmidheiny – repito – continua negando que tal práctica haya tenido lugar.
En 1930, Eternit Suiza compró una serie de pequeñas minas localizadas en Sudáfrica, creando Everite. En el libro se relata este paso de Eternit Suiza por el Apartheid sudafricano, donde obtuvieron grandes beneficios económicos contratando mano de obra negra barata, donde además de los oprobiosos salarios, condenaban a sus trabajadores a una muerte laboral silenciosa frente a la cual nunca mostraron interés de investigar.
En otro aparte del libro que tomo de la web de Paco Puche, y no del libro directamente, me permito trascribir la siguiente nota:
Y no menos impresionante es la entrevista que la autora relata en el libro con un sindicalista sudafricano. Se desarrolla así:
– ¿Cuáles eran las condiciones de trabajo en las fábricas Everite, propiedad de los Schmidheiny?, pregunta la autora.
– Era completamente terrible –replica el entrevistado-: había polvo por todas partes y nadie nos decía que fuese mortal: Cuando alguien enfermaba lo enviaban a su “homeland”[36], pero nadie sabía de qué morían nuestros compañeros.
– ¿Tenían los trabajadores un contacto directo con la dirección de la empresa?
– Durante años nos hicimos la siguiente pregunta ¿por qué la dirección de la empresa, en especial los directores venidos de Suiza, evitan ir a las naves de trabajo? Fue mucho tiempo después cuando comprendimos que no querían respirar el polvo; sabían desde el principio que era mortal
-¿Explicó la dirección de la empresa suiza por qué vendió la fábrica en 1992?
– La razón era evidente: con el final del apartheid ya no podían seguir explotando a los negros a los que pagaban mucho menos que a los blancos… a nosotros nos metían en aquellas terribles casas obreras, en las que tuvimos que vivir durante décadas sin nuestras familias (…) Esta es la razón por la que Stephan Schmidneny abandonó su negocio con Sudáfrica. Puso pies en “polvorosa” antes de que el nuevo gobierno le obligara a asumir sus responsabilidades. Le escribimos a Suiza informándole con claridad que debía hacer frente a sus responsabilidades e indemnizar a los enfermos y a las familias de los fallecidos. No contestó, pero recibimos una carta de la dirección de su nuevo holding, en la que nos comunicaban que habían actuado en todo momento según las leyes sudafricanas vigentes (las del apartheid) y que por tanto no tenían ninguna responsabilidad ni en el plano jurídico ni en el moral –La ley sudafricana no permite que los trabajadores demanden a sus antiguos patronos- (Entrevista a Fred Gonna, sindicalista sudafricano que trabajó 25 años en una fábrica de los Schmidheiny).
En efecto, desde 1942, y bajo el régimen del apartheid, trabajaron unas 55.000 personas para las distintas empresas de los Schmidheiny, la mayoría negros sin derechos. Stepahn Schmidheiny se formó en la gestión empresarial en la firma sudafricana Everite, perteneciente a la familia. Durante los años setenta estuvo al mando de todas las fábricas Eternit que poseían en el mundo y fue unos de los mayores accionistas de la empresa sudafricana Everite en los peores años del apartheid, en la época en que el aparato racista de represión no escatimaba ningún medio para mantenerse en el poder. Eran propietarios de minas de crocidolita (amianto azul) que destaca por su potencial cancerígeno.[37]
Ni hablar de la Nicaragua de Somoza, durante el terremoto que acabó con Managua: como ángeles negros de la modernidad industrial, llegaron con sus inventos del asbesto cemento para hacer negocios con el régimen y reconstruir el país ofreciendo sus tejas, sus tuberías y sus tanques de agua a muy buenos precios, mediante una empresa en la que compartieron sociedad con el dictador llamada Nicalit. Los mayores beneficiados serían los pobres, sembrando de asbesto la ciudad por doquier, como un buen retrato de muchas ciudades tercermundistas que siguen creyendo en las bondades económicas de emplear este tipo de materiales.
De acuerdo con Fernanda Gianassi de Brasil, la producción de Asbesto – Cemento en Osasco, en el área metropolitana de Sao Paulo (Brasil) empezó en agosto de 1942. Durante la dictadura militar y dadas las buenas relaciones que tenían con los generales en el poder y su total apoyo, el negocio del asbesto cemento se extendió a regiones apartadas, descentralizando el negocio del eje Sao Paulo – Rio de Janeiro.[38]
A finales de la última década del siglo XX (aunque la información sobre la fecha exacta es contradictoria) el grupo Suizo se retiró del negocio del asbesto y Eternit fue vendida, quedando bajo el control del grupo Saint – Gobain, codueño de SAMA (S.A. Mineracao de Asbesto).
Sin embargo, todo parece indicar que el grupo Suizo estuvo secretamente envuelto en el negocio del asbesto hasta finales del 2001, de acuerdo a un testimonio de Élio Martins; aunque la propaganda oficial niega cualquier relación hasta después de comienzos de la década de los 90 en el siglo pasado.
La prueba del comportamiento irresponsable de Eternit en Brasil es el hecho de que en 1987, el médico a cargo del tema de salud ocupacional en Eternit admitió durante una inspección oficial por parte del GIA (Grupo Interinstitucional sobre asbestos del Ministerio del Trabajo y Empleo) a la planta de Osasco, de que se sabía de seis casos de enfermedades relacionadas con el asbesto. Aun más, estaba claro que ninguno de estos casos había sido reportado al sistema de salud brasilero o a las agencias de seguridad social, como lo requería la ley, debido a decisiones que emanaban de los cuarteles oficiales en Suiza.
La orden, que venía directamente desde Suiza era que los casos de trabajadores que mostraran síntomas de enfermedades relacionadas con el asbesto tenían que ser manejadas individualmente por sus propios abogados ante las cortes. Tales eran las políticas de “responsabilidad social” de Eternit en Brasil.
Este comportamiento de Eternit en su época de gloria por parte de sus directivas, contrasta con el nuevo rol que terminó asumiendo Stephan Ernest Schmidheiny.
A comienzos de los 90, Schmidheiny empezó a auto promoverse como “una persona de negocios verde que resaltaba novedosos conceptos como “eco eficiencia” “responsabilidad social” y “desarrollo sostenible”, conceptos estos que fueron hábilmente manipulados en la conferencia de la tierra, desarrollada precisamente en Brasil, donde muchos empresarios se comprometieron con la reorientación y aplicación de estas políticas en sus compañías. Un ejemplo de ello es Eternit Brasil, donde la empresa se ha negado sistemáticamente a pagar compensaciones decentes a sus trabajadores o a los miembros de sus familias a causa de la exposición al asbesto en la inmensa planta en Osasco.
No existe un solo caso en donde Eternit haya reconocido sus responsabilidades frente a las enfermedades relacionadas con el asbesto o frente a los desastres ambientales que ha dejado a su paso, desafiando sus discursos de responsabilidad social, ecoeficiencia o desarrollo sostenible
El monto de las donaciones que ha hecho Stephan Schmidheiny ascienden a 1 billón de dólares en América Latina, pero mientras esto ocurre, miles de empleados alrededor del mundo tienen que vérselas en solitario, apoyados exclusivamente en el soporte que sus familias les brindan, lidiando con una enfermedad que lenta y dolorosamente acaba con sus pulmones, sin que exista una política clara de responsabilidad por estos hechos.
Siempre que la compañía o el propio Schmidheiny han hecho pagos por estas situaciones, estas se dan bajo la figura de la compensación que exige al beneficiario renunciar a sus derechos de demanda. Esta figura fue utilizada y se sigue utilizando en Italia, país donde Schmidheiny tiene sus principales líos judiciales. Durante la etapa del juicio buscó utilizar esta figura para debilitar la coalición de intereses que lograron llegar unidos al juicio. Si estos hechos son tratados en conjunto adquieren un nivel jurídico muy diferente al que se da cuando son resueltos de manera individual. En este tema, la jurisdicción italiana está introduciendo novedosos aspectos nunca antes contemplados en las leyes laborales de carácter universal.
Desde el momento en que la gente de Casale Monferrato empezó a construir su estrategia jurídica – siempre unidos – Schmidheiny empezó a moverse rápidamente para desarticular este movimiento.
Dentro de sus estrategias apareció la idea de contratar una oficina de relaciones públicas en Turín (GCI Chiappe Bellodi Associates), para hacerle seguimiento al proceso. Todos y cada uno de sus actores empezaron a ser espiados, empezando por el fiscal Guarinello. Una periodista infiltrada, pagada por la oficina, reportaba todos los informes de prensa y todos los movimientos de los líderes de Casale Monferrato que el caso producía. Bruno Pesce de AFEVA[39] dice: Nos espiaba día tras día, asistiendo a todas las reuniones del sindicato, haciendo preguntas sobre los procedimientos… Schmidheiny le pagaba a Bellodi para que implementara estas prácticas en sus informantes…[40]
Durante muchos años la evidencia de que el mesotelioma, la asbestosis y el cáncer de pulmón eran provocadas por el asbesto fue una verdad que las grandes compañías asociadas al negocio del asbesto sabían, pero hicieron lo imposible para que esa verdad no llegara nunca a la opinión pública y mucho menos a sus trabajadores. Y en este asunto reside la gran tragedia del asbesto, un mineral que simboliza el progreso y las ideas de la modernidad industrial durante el siglo XX, escondidas detrás de la infamia y el beneficio económico sobre la vida de las personas.
Igualmente cuando de verdades se trata, la industria del asbesto es una verdadera mina para fabricarlas. De acuerdo con Laurie Kazan – Allen, la guerra del asbesto queda suficientemente aclarada en un documento desclasificado del Instituto del Asbesto donde se puede leer: “El asunto del mensaje es el siguiente: Reporte de GUERRA. Luego del derrumbe de la demanda del asbesto por los países occidentales, los productores han montado una campaña global para proteger los mercados restantes y desarrollar nuevos mercados. El acceso a un fondo generoso de los partidarios del asbesto ha permitido que los grupos de presión pro – crisotilo bombardeen a los oficiales del gobierno y a los periodistas de los países en vías de desarrollo con ofertas de “soporte técnico” y viajes gratis a Canadá; una máquina de propaganda bien montada asegura a los funcionarios del gobierno y a los consumidores que el asbesto puede usarse con “seguridad bajo condiciones controladas,” a pesar de la vasta evidencia científica y médica que demuestra lo contrario.
Ante estas avalanchas de desinformación y la experiencia de la industria en estos temas, nada mejor que recurrir a los grandes medios amigos para continuar con las mentiras. En algún momento la revista Forbes publicó un artículo dedicado a Stephan Schmidheiny calificándolo como el Bill Gates de Suiza, un poco de tiempo después de que el Fiscal italiano Rafaelle Guarinello lo acusara de “desastre ambiental intencionado y permanente” y “negligencia intencional para implementar medidas de regulación para cuidar la salud y la seguridad de sus empleados”.
Después de que este magnate del asbesto puso sus pies en polvorosa de Europa en términos de inversiones, decidió volcar sus buenas intenciones en América Latina, creando una fundación filantrópica llamada VIVA SERVICE (VIVA service representa el enlace entre – Grupo Nueva y sus actividades sociales – la fundación Avina y sus actividades ambientales y sociales.)
Paco Puche de España, quien le ha hecho seguimiento a Avina dice al respecto: Sin embargo, mi acercamiento como editor a esta obra no fue fruto de la indignación y dolor del amigo perdido, sino la investigación sobre el magnate suizo Sthepan Schmidheiny, uno de los hombres más ricos del mundo, que habíamos emprendido hacía ya unos años mi compañera Isabel y yo mismo, tras la pista de una fundación filantrópica denominada Avina fundada por el citado magnate. La citada fundación dedicaba ingentes cantidades de dinero a hacer negocios con los más pobres de la mano de ONGs y otros movimientos sociales, bajo el marchamo de la responsabilidad social corporativa y de lo que hoy se llama capitalismo verde. Entendíamos que esta fundación estaba penetrando los movimientos sociales por arriba y esto implicaba desactivar las resistencias al capitalismo, especialmente de Latinoamérica, utilizando como puente a los líderes españoles. Entendíamos también que detrás de esta “generosidad” había “gato encerrado”.[41]
De acuerdo con la revista Época de Brasil, a la fundación Avina le resulta grato resaltar su apoyo a los diferentes proyectos sociales y ambientales que apoya en 12 países latinoamericanos, incluidos 130 proyectos en Brasil; sin embargo Avina no ha donado un solo peso a la asociación de víctimas del Asbesto en Brasil (ABREA).
Esta fundación, cuando solicitó ayuda para su causa, recibió el siguiente mensaje de Geraldinho Viera, representante en su momento de Avina en Brasil:
“Recibimos su aplicación para ayudar a la campaña que busca educar al público en general para erradicar el uso del asbesto y para la creación de un centro especializado en el tratamiento de las víctimas de este mineral. Debo informarle a usted que este proyecto no se ajusta a los fines y objetivos de la fundación Avina”.
Entre los muchos damnificados del asbesto que existen, está el testimonio de Joao Francisco Grabenwerg, quien a los 77 años, 38 dedicados a Eternit y quien en su momento caminaba con dificultad a causa de los problemas para respirar debido a unos pulmones arruinados por el asbesto, se ganaba en su momento US$1.308 de pensión. Residente en Sao Paulo y descendiente de familia austríaca recordaba al joven Schmidheiny, quien acostumbraba a charlarle en alemán: “Su mayor pecado fue no haber cerrado la planta, de esa manera nadie habría tenido contacto con el asbesto” dice Joao.
En Diciembre 19 de 2003, el mismo Joao le escribió una carta a Schmidheiny en alemán, recordando a su compañero durante la época en que trabajó en la planta:
“Usted recuerda señor, el tiempo de aprendiz que pasó en su fábrica de Osasco en Brasil, cuando trabajó en el departamento y hacía las labores de los obreros y los capataces? En ese tiempo estaba asignado al manejo de la empresa y trabajábamos juntos en la fábrica, porque tenía un alemán fluido. Soy descendiente de austríacos y mi nombre es Joao Francisco Grabenwerger. No se si usted todavía se acuerde de este humilde servidor con quien usted acostumbraba hablar de su pasión por el buceo, especialmente en el mar mediterráneo. Estuvimos en el instituto Butanta que es famoso en el mundo entero por su colección de serpientes vivas y la producción de suero contra la mordedura de serpiente y otras vacunas.
Mi vida como empleado en la planta de Osasco empezó en 1951 y trabajé ahí hasta 1989. Creo que soy el único sobreviviente de esa época, aunque mis pulmones están enfermos de una irreversible y progresiva asbestosis, con ensanchamiento bilateral difuso de la pleura y placas bilaterales en el diafragma.
Soy uno de un grupo de 1.200 ex empleados de Eternit quienes padecemos asbestosis. Hemos creado juntos la Asociación brasilera de personas expuestas al asbesto (ABREA), quienes con gran coraje y dedicación luchamos tanto en Brasil como a nivel internacional por la prohibición del asbesto y justas compensaciones económicas a las víctimas.
Permítame hacerle una pregunta señor, alguna vez leyó artículos sobre las víctimas del nazismo en los campos de concentración? Aquellos que sobrevivieron recibieron compensaciones económicas con todo el derecho posible de este mundo que les asistía. Cuando nosotros, ex empleados, trabajábamos en Eternit, éramos completamente ignorantes sobre el hecho de que trabajábamos en un campo de concentración de asbestos.
Éramos buenos empleados, dimos lo mejor de nuestras habilidades, con total orgullo y dedicación para ayudar a construir el imperio del asbesto -cemento de la familia Schmidheiny. Pero que conseguimos de la madre Eternit? Lo que conseguimos fue una bomba con fusible de acción retrasada implantada en nuestros pulmones.
Talvés usted no lo sepa señor, pero nosotros las víctimas de Osasco, aquellos que seguimos con vida, constituimos una especie de seguro laboral para aquellos que defienden la existencia de la compañía Eternit en contra de sus ex empleados, humillándonos diariamente con propuestas ridículas que ustedes llaman “compensaciones”, las cuales son insultantes para aquellos que tenemos el pelo cano y la salud nos falla.
Sinceramente espero recibir una respuesta de usted muy pronto, porque siempre me pareció que usted y su familia no estuvieron informados acerca de lo que ocurría en las fábricas, y además usted siempre me pareció una persona cuidadosa y respetuosa, lo que ha sido confirmado por la revista Época en un artículo escrito por Alex Mansur; así que le pido a usted, en nombre de las víctimas de Osasco, que nos ayude a obtener la justicia que siempre hemos soñado para todos aquellos que dieron su vida por usted, señor, su familia y sus negocios”.
Joao Grabenwerger murió cuatro años más tarde en enero 16 de 2008, sin recibir nunca respuesta a la solicitud que le hizo a Schmidheiny, su compañero de trabajo, carta que esperó hasta el último día de su vida. Eternit le ofreció US$27.241 para que retirara su demanda legal por compensaciones.[42]
Cuando el padre de Stephan repartió la herencia relativa a la organización, dejó en manos de este el control del grupo suizo Eternit; sin embargo llevaba gerenciando el grupo desde 1975. Para 1985, Eternit Suiza era ya propiedad de Stephan Ernest Schmidheiny y era en ese momento el segundo vendedor más grande del mundo de asbestos, con operaciones de asbesto cemento en 32 países que generaban unas ventas de 2 billones de dólares.[43]
El grupo suizo Eternit estuvo bajo el control de la familia Schmidheiny desde comienzos de siglo, aunque pasó por una serie de reorganizaciones y cambios durante las últimas décadas, entre ellos los enroques de propiedad entre hermanos, en el año 2003 la era Eternit de los Schmidheiny llegó a su fin con la venta del Holding Swisspor.[44]
Stephan Ernest Schmidheiny anunció en 1981 que Eternit dejaría de manufacturar productos con asbestos; a pesar de la molestia que esto causó en Max (su padre) gradualmente la producción a partir del asbesto cemento fue cancelada. La estrategia de salirse del mercado del asbesto contempló dos fases: una fue remplazar los productos que tenían asbestos con materiales libres de este mineral y la otra fue vender las compañías “sucias.”
Un aspecto interesante para comprender las evoluciones de Stephan Ernest Schmidheiny es analizar ese tránsito que lo lleva a deshacerse de la industria del asbesto y mutar hacia una militancia capitalista, donde elementos asociados a la economía verde aparecen como puntos centrales de su nueva caparazón.
Hago la aclaración de que la movida por fuera del negocio del asbesto estuvo determinada por una convicción simple: Europa había empezado a moverse hacia la prohibición del asbesto y eso haría insostenible a esta industria. Sólo hasta 1981 Schmidheiny tomó la decisión de anunciar públicamente que el grupo Swiss Eternit Group cesaba la manufacturación de productos que contuvieran asbesto. Mucho antes de que su prohibición fuera eventualmente impuesta por la Unión Europea, dice Schmidheiny en una especie de autobiografía titulada “My path – My perspective”.[45]
Una revisión a la cronología de la prohibición del asbesto, revela que ya antes de 1981 Suecia y Dinamarca empezaban a dar pasos firmes hacia una prohibición completa de este mineral.
Desde 1972 Dinamarca había prohibido el uso del asbesto como material aislante y en 1976 Suecia adoptó recomendaciones para prohibir el crocidolito.
Unos párrafos atrás Schmidheiny afirma que la seguridad sobre los efectos cancerígenos en la salud humana no estaba completamente demostrada a nivel científico. Es decir, existían dudas. Los asesores de la compañía creían que los estudios científicos estaban llenos de contradicciones y en palabras de Schmidheiny, la falta de claridad al respecto y de un consenso técnico, hacía imposible una verdadera planificación y evaluación de los riesgos.
Sin embargo, una revisión a la literatura médica sugiere lo contrario. Entre 1929 y 1935 los investigadores independientes identificaron los síntomas y las causas de la asbestosis. Para 1940 la comunidad científica había establecido los vínculos entre el asbesto y el cáncer de pulmón, y en 1959 el Dr. J. C. Wagner había demostrado el vínculo entre el asbesto y el mesotelioma.[46]
El arma más potente que utilizó la industria para defenderse del mesotelioma fue la manipulación de la ciencia desde adentro, para crear dudas sobre la toxicidad de este mineral.
Los laboratorios Saranac, que estaban ubicados al norte del estado de NY, fueron de los primeros institutos que empezaron a investigar las enfermedades ocupacionales. Saranac había sido fundado en 1880 por el Dr. Edgar Trudeau para el tratamiento de la tuberculosis, pero rápidamente empezaron a investigar las enfermedades pulmonares. Bajo el liderazgo del Dr. Leroy Gardner y más tarde del Dr. Arthur Vorwald iniciaron una de las más importantes investigaciones en el campo de la medicina relacionadas con la silicosis y la asbestosis, inevitablemente con la ayuda de la industria.
Metlife (una de las más grandes aseguradoras del mundo) junto al conglomerado del asbesto aparecían entre los patrocinadores de Saranac y durante la década de 1930 comisionaron un sinnúmero de estudios al respecto. Aunque Gardner y sus sucesores nunca llegaron a testificar en las cortes sobre los comportamientos de la industria, la dependencia financiera de los laboratorios Saranac del financiamiento externo influyó en los resultados de sus investigaciones.
En Noviembre de 1936, Raybestos – Manhattan y Johns – Manville financiaron investigaciones sobre la asbestosis en Saranac. Cuando tomaron esta decisión, Vandiver Brown (asesor legar de Johns – Manville) escribió la siguiente nota al entonces director de Saranac, el Dr. Gardner:
Entendemos, además, que los resultados obtenidos serán considerados propiedad de quienes están proveyendo los fondos necesarios para esta investigación, quienes determinarán si se publican, en qué medida y de qué manera se harán públicos. En el caso de que se considere conveniente que los resultados se hagan públicos, el manuscrito de su estudio nos será presentado para su aprobación antes de su publicación.
Bajo ese código de favorabilidad, los resultados fueron utilizados para defender las condiciones laborales de la época. Cuando los litigios aparecían, estos mismos resultados se utilizaban para evidenciar que los empleadores no conocían los riesgos. Si los resultados no les favorecían, estos eran suprimidos. Desde comienzos de 1930, mientras los líderes de la industria como Johns – Manville y T&N invertían en investigación, requerían a su vez de compañías médicas para mantenerse al día de lo último en investigación y así enfrentar las conferencias científicas.
En una conferencia general de la industria textil del asbesto en junio de 1965, Kart Lindell, presidente de Johns – Manville en Canadá decía con su buena dosis de orgullo: “La información que posee la industria por parte de su personal médico sobre los efectos biológicos del asbesto no ha sobrepasado las fronteras del mundo”. La observación de Lindell era cierta: desde hacía más de 30 años Johns – Manville, Raybestos Manhattan, Eternit y T&N conocían todo sobre el asbesto.[47]
La primera conferencia internacional que empezó a destapar de manera frontal la olla podrida del asbesto fue realizada en el Waldorf Astoria en Nueva York en octubre de 1964, frente a un auditorio de 300-400 delegados de la comunidad científica internacional preocupada o conocedora del tema sobre el asbesto. Fue aquí donde se disparó la alarma internacional de que el asbesto era una amenaza a la salud pública. El hombre que dirigió la investigación fue el Doctor Irving J. Selikoff, un judío de Nueva York descendiente de padres rusos quien trabajaba para el hospital Monte Sinaí en Manhattan. El título de la conferencia fue: “Efectos biológicos del asbesto”.
Selikoff además de su trabajo en el Monte Sinaí tenía una clínica de su propiedad en New Jersey, en medio de una comunidad perteneciente a la clase obrera. Fue allí donde empezó a tratar pacientes que trabajaban en una planta de UNARCO (Union Asbestos & Rubber Company) cerca de su clínica. Desde 1961, Selikoff había pedido acceso a los registros médicos de los empleados de la compañía, lo cual esta siempre rechazó. En 1962, Selikoff contactó al Sindicato Internacional de trabajadores del asbesto y aislantes para frío/calor, quienes inicialmente sospechosos, terminaron accediendo a trabajar con Selikoff.
Gracias a sus buenas relaciones que tenía en el Monte Sinaí, logró armar un equipo envidiable de colaboradores, entre quienes estaban el Dr. E. Cuyler Hammond, director de estadística y epidemiología de la sociedad americana del cáncer, quien había publicado un amplio estudio que confirmaba las relaciones entre el tabaquismo (otra industria que se demoró años en admitir los peligros de fumar para la salud humana) y el cáncer de pulmón. Janet Kaffenburgh, investigadora asociada, se encargó de seleccionar y preparar la lista de hombres que participarían de la investigación. El patólogo Jacob Churg se encargó de verificar las causas de la muerte a partir de información suministrada por el sindicato.[48]

A pesar de que la base de datos era relativamente pequeña (632), la investigación sobre el uso directo de aislantes fabricados con asbesto fue contundentemente clara: este tipo de aislantes eran mortales. El primer estudio publicado por Selikoff en 1964 cubrió trabajadores que estaban sindicalizados desde 1943. Cuando estos hombres fueron analizados en 1962, se encontró que excedían una tasa de mortalidad superior al 25%, con una fuerte mortalidad más allá de la normal, no solo de asbestosis, sino de cáncer de pulmón, mesotelioma y cáncer estomacal/anal y rectal.
A partir de este informe, la industria del asbesto se sintió amenazada y con su investigación independiente, Selikoff desnudó a la industria americana del asbesto, la cual había mantenido por décadas el mínimo interés de estudiar la salud ocupacional de sus empleados, incluso en las grandes fábricas, sin hablar de la industria de la construcción o la de astilleros.
Max Schmidheiny, padre de Stephan Schmidheiny tildaba a Selikoff de “loco excéntrico que hace investigación por dinero”, entre otras porque las investigaciones de Selikoff pusieron a temblar una teoría que era la gloria de Eternit, es decir, que el asbesto quedaba encapsulado con el cemento mediante una “reacción química”[49] que se producía al momento de su mezcla, eliminando su toxicidad, lo que lo hacía inofensivo para trabajadores que cortaban las tejas o reparaban los frenos y embragues de los automóviles. De hecho, las investigaciones empezaron a demostrar que este tipo de trabajadores también adquirían mesotelioma, al igual que los empleados de las fábricas, descartando que fuera necesario inhalar toneladas de asbesto para adquirir sus enfermedades.
Al año siguiente “The new England Journal of Medicine” volume 272, No. 272, puso en lista al asbesto como determinador del mesotelioma. Después de esto, según la revista, nadie podría decir que el daño y riesgo del asbesto no era conocido, especialmente por la industria, quienes agrupados en el cartel de la SAIAC, monitoreaban e intentaban controlar mucha de la información que se producía desde el campo de la medicina en este asunto.
En este tema los reyes son la industria y el gobierno de Canadá, quienes siempre mantuvieron un interés especial en mantener viva la llama de este negocio usando información mentirosa para desviar la atención pública. En una intervención reciente que hizo Pat Martin en la primera conferencia organizada por ADEVA en París en octubre de este año 2012, quien es miembro del parlamento canadiense y tiene afectación de sus placas pleurales a causa de trabajar en esta industria dijo: “Amo mi país, pero agacho la cabeza de vergüenza cuando digo que Canadá exportó la miseria humana alrededor del mundo” llamando a la industria canadiense del asbesto “endiablada y corrupta”… “la ayuda gubernamental que les ofrecía el gobierno era bienestar corporativo para un corporativismo que asesina en serie”. Una de las resoluciones salidas de la conferencia ha sido la de enviar una carta a la primera Ministra de Quebec Pauline Marois felicitándola por la “valiente posición adoptada por su gobierno de retirar la ayuda financiera prometida a la Mina Jeffrey de asbesto”.
A todas luces resulta concluyente admitir que esta industria basó su éxito en la mentira y el engaño. No creo que existan todavía trabajadores en el mundo que se atrevan a entregar su fuerza laboral por un salario y un esfuerzo que les dejará como premio un cáncer de pulmón o un mesotelioma si previamente lo saben, y si la industria hubiera dado a conocer desde un comienzo los riesgos que esto implicaba para la salud humana, otras hubieran sido las perspectivas económicas.
Es por ello que me resulta desconcertante admitir sin una traza de completa desconfianza, las cándidas aseveraciones de Schmidheiny en sus libros, textos, y artículos periodísticos que lo pintan como un filántropo de la última contemporaneidad, tan perfecto y bien intencionado como el arte que patrocina bajo el eufemismo de Daros Latinamerica, y digo eufemismo porque en una correspondencia que sostuve con el director de esta colección (Hans Michel Herzog) me negó cualquier atadura entre esta colección y el Sr. Schmidheiny, asegurándome que la Sra. Ruth Schmidheiny controlaba todo lo relacionado con la colección latinoamericana. Y es cierto, en los documentos de creación de este “noble” propósito el Sr. Schmidheiny no aparece de acuerdo a un documento que me permito referenciar.
Ante la pregunta que le hice de quién era la señora respondió que estan divorciados. Se separaron justo en la epoca en la cual Ruth Schmidheiny y yo empezamos con la colección Daros Latinamerica (sic).
Las personas que aparecen en el documento mencionado de una u otra manera están relacionadas con Stephan Ernest Schmidheiny y el documento tiene fecha del año 2001.
Supongo que ante los hechos del juicio de Turín, cualquier vínculo habrá que negarlo, para no hacerle daño a tan carismática y ecuménica labor que realizan con el buen arte latinoamericano.
La pasión de los Schmidheiny por el arte es una tradición de vieja data. En su autobiografía dice: “Crecí en una familia amantes del arte. Mis padres tenían una colección de grandes maestros franceses y flamencos, así como una importante colección de Hodler. Además estaban familiarizados con muchos artistas contemporáneos suizos” y más delante agrega: “mientras trabajaba para la cumbre de la tierra, tuve dos perdidas personales muy lamentables: mi padre y mi hermano Alexander murieron en el intervalo de unos meses entre uno y el otro. Alexander me dejó su colección de arte. Con el fin de seguir sus pasos y continuar coleccionando pinturas y esculturas de renombrados artistas como Giacometti, Johns, Mondrian, Pollock, Rothko, Twombly y Warhol fue a la vez un gran placer y un enorme desafío para mí. Lentamente llegué a la conclusión de que la colección requería un manejo profesional y unos conceptos claros que debían ser desarrollados para que me permitieran ubicar la estrategia correcta con el fin de hacer nuevas adquisiciones, siempre por supuesto, dentro de los niveles de calidad que Alexander y su socio habían establecido. Así fue que en 1995 fundé Daros, una organización con sede en Zurich y especializada en arte.
Hoy en día, parte de la colección Daros se muestra al público en diferentes stands ubicados en el complejo Lowenbrau en Zurich, una vieja cervecería que fue remodelada para tal fin. Por mis relaciones cercanas con América Latina, mi esposa y yo creamos la colección Daros-Latinamerica para ayudar a los artistas de la región y ofrecerles la oportunidad de ganar reconocimiento en los mercados internacionales tanto para ellos como para el arte de sus países. Nuestra tercera colección, Daros contemporary, se enfoca en coleccionar y promover el arte joven de Europa”.[50]
Me permito citar igualmente dos notas de periódicos que registran y certifican esa relación entre el Sr. Schmidheiny y la Daros Latinamerica.
http://www.welt.de/print-welt/article699868/Wie-man-sich-bettet.html
http://www.monopol-magazin.de/artikel/20102127/Hier-ist-alles-Koerper.html
Las notas periodísticas son del año 2006 y 2010, muy posteriores a la creación de la Daros Latinamerica.
¿Por qué insiste el Sr. Hans Michel Herzog en negar esta relación, si el propio Schmidheimy lo reconoce tal cual como acabamos de leerlo?
Como me lo dijo un periodista Suizo experto en temas económicos y quien conoce bastante bien a esta familia, tal vez no sea una mentira, pero la declaración de Hans – Michel Herzog está bien lejos de ser la verdad.
Guillermo Villamizar
Bogotá, D.C., Diciembre de 2012.
[1] Schmidheiny, Stephan. «My Path, My Perspective» – Autobiography. Publicado por VIVA Trust, January 2006 (Second Edition), p. 9.
[2] Disponible en internet: http://www.ibasecretariat.org/lka-asbestos-in-colombia-2012.php (citado el 24-10-2012)
[3] McCulloch, Jock. Tweedale, Geoffrey. Defending the indefensible: the global asbestos industry and its fight for survival. Oxford University Press. 2008, p. 19.
[4] Disponible en internet: http://www.mapuche.info/docs/trivero990420.htm (citado el 18-11-2012)
[5] Disponible en internet: http://www.lignum.cl/noticias/?id=1122 (citado el 18-11-2012)
[6] Disponible en internet: http://www.ambiente-ecologico.com/ediciones/informesEspeciales/011_InformesEspeciales_InformeSobreForestacionEnChile.pdf (citado el 18-11-2012)
[7] Seguel, Alfredo. Radiografía al Conflicto Forestal en el Gulumapu. Pág 14.
[8] Disponible en internet: http://www.grain.org/es/article/entries/902-biotecnologia-en-el-sector-forestal-de-chile (citado el 18-11-2012)
[9] Disponible en internet: http://www.globalresearch.ca/manufacturing-dissent-the-anti-globalization-movement-is-funded-by-the-corporate-elites/21110 (citado el 18-11-2012)
[10] Eternit and The Great Asbestos Trial. Laurie Kazan – Allen. IBAS. London. 2012, p. 14.
[11] Disponible en internet: http://www.forbes.com/profile/stephan-schmidheiny/ (citado el 18-11-2012)
[12] Rossi, Giampiero. La lana de la Salamandra. Ediciones GPS. 2008.
[13] McCulloch, Jock. Tweedale, Geoffrey. Defending the indefensible: the global asbestos industry and its fight for survival. Oxford University Press. 2008, pp. 2-3.
[14] Ibíd., p. 3.
[15] Amianto. El coste humano de la avaricia empresarial. GUE/NGL. Bruselas, p. 8.
[16] R. F. Ruers and N. Schouten. The tragedy of Asbestos (2005), p. 19.
[17] McCulloch, Jock. Tweedale, Geoffrey. Defending the indefensible: the global asbestos industry and its fight for survival. Oxford University Press. 2008,. p. 18.
[18] Disponible en internet: http://ibasecretariat.org/alpha_ban_list.php (citado el 18-11-2012)
[19] McCulloch, op. cit., p. 9.
[20] R.F. Ruers and N. Schouten. The Tragedy of Asbestos. Pág 13.
[21] Ibíd, p. 11
[22] Ibíd, p. 11.
[23] Ibíd., p.11.
[24] Disponible en internet: http://www.who.int/occupational_health/topics/asbestos_documents/en/index.html (citado el 18-11-2012)
[25] Disponible en internet: http://ibasecretariat.org/lka-global-asbestos-panorama-questions-answers.php (citado el 18-11-2012)
[26] See Hans O. Staub, “Von Schmidheiny zu Schmidheiny,” Schweizer Pioniere der Wirtschaft und Technik, Vol. 61 (Meilen 1994), for the rise of the Schmidheiny family. Also see Werner Catrina, Der Eternit-Report, Stephan Schmidheinys schweres Erbe (Zürich 1985).
[27] Eternit and The Great Asbestos Trial. The Schmidheiny family imperium. Adrian Knoepfli. IBAS. London. 2012, Pág. 21.
[28] Eternit and The Great Asbestos Trial. Eternit and the SAIAC cartel. Bob Ruers. IBAS. London. 2012, p. 15.
[29] Disponible en internet: http://ibasecretariat.org/lka_sex_secret_asb_lies_nov09.pdf) (citado el 18-11-2012)
.[30] Eternit and The Great Asbestos Trial. Eternit and the SAIAC cartel. Bob Ruers. IBAS. London. 2012, p 16.
[31] Amianto. El coste humano de la avaricia empresarial. GUE/NGL. Bruselas, p 9.
[32] Vogel, Laurent. El significado excepcional del proceso Eternit en Turín. p. 1.
[33] Roselli, María. Amiante & Eternit : Fortunes et forfaitures. Editions d´en bas. Lausanné. 2008, p, 94.
[34] Periodista Italiana radicada en Suiza.
[35] Roselli, María. Amiante & Eternit : Fortunes et forfaitures. Editions d´en bas. Lausanné. 2008, pp, 99 – 103
[36] En Sudáfrica, durante el apartheid, se estableció una delimitación de zonas territoriales en función de las razas. De esta manera se expulsó a los negros que residían en zonas blancas a los homelands, especie de estados independientes para negros.
[37] Disponible en internet:
http://www.ecoportal.net/Temas_Especiales/Contaminacion/Fortunas_y_delitos._La_mentira_del_amianto (citado el 18-11-2012)
[38] Eternit and The Great Asbestos Trial. Eternit in Brasil. Fernanda Giannasi. IBAS. London. 2012, p. 65.
[39] Associazione famigliari e vittime amianto di Casale Monferrato.
[40] Espionage and misinformation. ANDEVA bulletin. September 2011.
[41] Disponible en internet:
http://www.ecoportal.net/Temas_Especiales/Contaminacion/Fortunas_y_delitos._La_mentira_del_amianto (citado el 18-11-2012)
[42] Eternit and The Great Asbestos Trial. Eternit in Brasil. Fernanda Giannasi. IBAS. London. 2012, pp. 69-70.
[43] Monopolies Commisions, Asbestos and Certain Asbestos products. (London: HMSO, 1973).
[44] Eternit and The Great Asbestos Trial. Adrian Knoepfli. IBAS. London. 2012, p. 28.
[45] Stephan Schmidheiny. My Path – My perspective. Autobiography. Publicado por VIVA Trust, January 2006 (Second Edition), p. 10.
[46] McCulloch, Jock. Tweedale, Geoffrey. Defending the indefensible: the global asbestos industry and its fight for survival. Oxford University Press. 2008, p. 50.
[47] McCulloch, Jock. Tweedale, Geoffrey. Defending the indefensible: the global asbestos industry and its fight for survival. Oxford University Press. 2008, pp. 52 – 53.
[48] McCulloch, Jock. Tweedale, Geoffrey. Defending the indefensible: the global asbestos industry and its fight for survival. Oxford University Press. 2008, pp. 85 – 86.
[49] W. Catrina. Der Eternit-Report (1989), p. 79.
[50] Schmidheiny, Stephan. «My Path, My Perspective» – Autobiography. Publicado por VIVA Trust, January 2006 (Second Edition), pp. 26 – 27.

En el año de 1981 fue publicado en EE.UU. un informe sobre estimaciones cuantitativas de cáncer a partir de riesgos previsibles, elaborado por los Dres. Richard Doll y Richard Peto, ambos nacidos en el Reino Unido.
Esta publicación fue el tema central de acalorados debates, en la medida que el gobierno estadounidense había publicado otro informe con cifras diferentes. El informe de Doll y Peto atribuía a un 4% el total de muertes por cáncer a agentes químicos ocupacionales, mientras que el otro estudio atribuía un 23/28% de todas las muertes por cáncer a los seis carcinógenos ocupacionales, con un 13/18% por exposición al asbesto.
El siguiente informe analiza el debate y cuestiona las exclusiones que el informe de Doll y Peto hizo a la hora de elaborar sus cuantificaciones. Un aspecto importante de este debate son las inherencias de la industria del asbesto, al financiar a investigadores que gozan de alto aprecio dentro de la comunidad científica, introduciendo graves sesgos a los análisis que desde la academia se hacen en este importante tema, y que tienen amplia influencia en los gobiernos cuando de desarrollar políticas públicas en esta materia se trata. Actualmente mueren en EE.UU. 15.000 personas por cáncer relacionado con el asbesto, totalizando un 2.5% de todos los cánceres en ese país. Independiente del porcentaje, hablamos de una cifra escandalosa frente a unas enfermedades que se pueden prevenir y de unas muertes que se pueden evitar.
ANÁLISIS A PARTIR DE LOS INFORMES DE RICHARD DOLL & RICHARD PETO
Doll, R. and Peto, R. The causes of cancer: Quantitative estimates of avoidable risks of cancer in the United States today. Journal of the National Cancer Institute, volume 66, number 6, pages 1191-1308. 1981
Traducción y Compilación de Guillermo Villamizar
Director FundClas
¿QUÉ ES LO QUE FALLA EN EL INFORME DE DOLL & PETO?[1]
Poco antes de que el informe de Doll & Peto saliera a la luz pública en 1981, dos investigaciones importantes publicadas en EE. UU., -una por parte de organizaciones gubernamentales de los EE. UU.,[2] y otra respaldada por organizaciones de empleadores- situaban la contribución del cáncer ocupacional en al menos el 20% de todos los cánceres, y en el informe respaldado por la industria se aceptaba que el cáncer ocupacional constituía «una catástrofe de salud pública»[3].
Una revisión importante a las causas ambientales y laborales del cáncer, publicada en septiembre de 2005[4] concluyó: «Es difícil estimar el impacto de los puntos de vista de Doll & Peto, pero ese artículo de 1981 ya había sido citado en más de 441 artículos científicos a finales de 2004. Más importante aún, había sido citado repetidamente por comentaristas que argumentaban que «limpiando el medio ambiente» no se provocaría demasiada diferencia en las tasas de cáncer».
Si bien los grupos de la industria y la HSE (Health and Safety Executive)[5] aceptaron las estimaciones de Doll & Peto, otros fueron más críticos con las conclusiones del informe. La revista Hazards advirtió en 1996 que la estimación «siempre fue sospechosa y hoy en día está totalmente desacreditada» (Hazards 58). Un artículo de 1995 en el Mt Sinai Journal of Medicine dijo que la cifra de cáncer ocupacional era demasiado baja y añadió que no se tuvo en cuenta las limitaciones de los datos en los que se inspiró el informe[6].
Este documento y otros señalaron que la estimación de Doll & Peto se limitó a un análisis de las muertes en menores de 65 años. El cáncer es principalmente una enfermedad de los adultos ancianos: solo el 26 por ciento de las muertes en Inglaterra en 2003, se produjeron en personas menores de 60 años[7], por lo que es probable que la gran mayoría de los cánceres ocupacionales se hayan omitido en el análisis.
Por definición, los cánceres ocupacionales solo ocurren en personas en edad de trabajar o más y, debido a los períodos de latencia antes del desarrollo de la enfermedad, es probable que muchos surjan en la vejez. Tenemos una población que está envejeciendo y a medida que otras causas de muerte disminuyen, es probable que los pacientes sobrevivan el tiempo suficiente para desarrollar sus cánceres ocupacionales.
Doll & Peto no solo redujeron los porcentajes, sino que consideraron los riesgos de cáncer ocupacional tan solo a partir de una lista de 16 sustancias o industrias. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), sin embargo, clasifica 89 sustancias como carcinogénicos definitivos para los humanos, 64 como carcinogénicos humanos probables y 264 como posibles carcinogénicos humanos. Un artículo de 2004 en la revista Environmental Health Perspectives informó que esto incluía 28 carcinogénicos ocupacionales humanos definidos, 27 probables y 113 posibles[8].
Los riesgos de cáncer ocupacional para las mujeres fueron casi que ignorados por completo en el análisis de Doll & Peto, el cual estuvo concentrado en ocupaciones que en las décadas anteriores habían sido en gran parte, competencia exclusiva de los hombres[9]. Además excluyeron a los afroamericanos del análisis, un grupo sobre representado en trabajos de alto riesgo y con tasas de cáncer más altas y crecientes.
|
Resultados de Doll & Peto |
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Pollution |
2% |
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Occupation |
4% |
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Tobacco |
30% |
| Diet |
35% |
El impacto en la incidencia del cáncer ocupacional por parte de las sustancias químicas sintéticas producidas en volúmenes incalculables, durante las últimas décadas, no fueron estimadas en el análisis de Doll & Peto; y este solo consideró una pequeña cantidad de riesgos de cáncer bien establecidos, pero se podrían haber predicho sobre la base de unas evidencias humanas limitadas que existen y con estudios toxicológicos y en animales más extensos disponibles.
Según el Dr. Lorenzo Tomatis, que hasta 1993 dirigía el programa de evaluación de productos químicos de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), existe una marcada tendencia de manejar dobles estándares cuando se trata de probar el riesgo.
«Un requisito necesario para declarar un químico ambiental carcinogénico para los humanos es que los estudios epidemiológicos sean concluyentes a la hora de respaldar una relación causal, y se requieren pruebas sólidas para una asociación entre exposición ocupacional y cáncer humano, porque se acepta una asociación causal, mientras que la evidencia de una contribución de los factores dietéticos a la carga del cáncer es generalmente circunstancial y, en algunos casos, bastante débil«, dijo.
El Dr. Lorenzo Tomatis planteó en una conferencia del Collegium Ramazzini en septiembre de 2005 lo siguiente: «La precisión puntual se utiliza en el cálculo de los riesgos ocupacionales y ambientales, mientras que una amplia laxitud está permitida para los riesgos relacionados con la dieta, que oscilan entre el 10 por ciento y el 70 por ciento.» Añadió que Doll & Peto reconocieron que los carcinogénicos ocupacionales «tienden a ser aquellos que aumentan sustancialmente el riesgo de algún tipo particular de cáncer» y otros podrían no haberse detectado simplemente porque no se han investigado, o porque la exposición se refirió a un pequeño número de individuos, y esto no levantó ninguna sospecha.
El resultado final es que a los cánceres se les atribuye una causa relacionada con el «estilo de vida» con relativa facilidad, mientras que la producción y el uso de carcinogénicos ocupacionales no se identifica ni se disminuye adecuadamente. «El énfasis dado a los factores asociados al “estilo de vida”, en detrimento de la información sobre el papel de los contaminantes químicos, favoreció la producción ininterrumpida de agentes con efectos negativos sobre la salud que permanecen ocultos o secretos, o que se subestiman deliberadamente», dijo Tomatis. «Además, atribuir la mayoría de los casos de cáncer al “estilo de vida”, que está relacionado con la libre elección personal, amplifica indebidamente la responsabilidad del individuo, y desvía la atención de la falta de compromisos por parte de las autoridades de la salud y oscurece el papel etiológico de otros factores de riesgo».
Algunos observadores no se sorprenden de las conclusiones del informe de Doll & Peto. Sir Richard Doll, coautor del informe de 1981, fue quien desarrolló la estrategia contra el cáncer de la HSE durante un cuarto de siglo, pero además fue el experto favorito de algunas de las industrias más peligrosas del mundo. En declaraciones judiciales en 2000, admitió que T & N, el asesino del asbesto más prolífico en Gran Bretaña, había donado £50,000 a la universidad de Oxford, donde fue supervisor «en reconocimiento a todo el trabajo que había hecho por ellos».
OMISIONES MORTALES
Lo que Doll & Peto ignoraron
ANEXO VII:
REGISTRO PRO-INDUSTRIA DE SIR. RICHARD DOLL SOBRE PREVENCIÓN
En 1954, junto al Dr. Bradford Hill, Richard Doll advirtió que además del tabaquismo, la exposición al níquel, al asbesto, a los alquitranes en la producción de gas y a la radioactividad, eran las principales causas de cáncer[10]. En 1955, Doll publicó un informe histórico que advertía sobre las altas tasas de cáncer en los trabajadores del asbesto[11]. En 1967, en la prestigiosa conferencia de Rock Carling Fellowship, Doll advirtió además que se sabía que un «inmenso» número de sustancias causaba cáncer y que la prevención del cáncer era una mejor estrategia que la cura[12]. A finales de los años sesenta, Doll podría incluso haber sido considerado un radical.
Sin embargo, en las décadas siguientes, Doll cambió drásticamente sus puntos de vista, y gradualmente emergió como un importante defensor de los intereses de la industria corporativa. Este papel, que aún no se reconoce a plenitud, se vio reforzado por su influencia clave en los EE. UU., y en otros establecimientos oncológicos de todo el mundo. En estos roles superpuestos, Doll trivializó o descartó las causas industriales del cáncer, que atribuyó predominantemente a un estilo de vida irregular, particularmente al tabaquismo. Además, como el principal portavoz de las organizaciones benéficas en el Reino Unido, Doll insistió para ese momento, en que deberían centrarse exclusivamente en la investigación científica y no involucrarse en la investigación y educación sobre prevención[13]. El historial de Doll habla por sí mismo:
A pesar de este registro explícito de sesgo favorable a la industria, Doll intentó desafiar los cargos que habían «impugnado mi independencia científica»[30].
El dominio que ejerció Doll en las organizaciones benéficas contra el cáncer del Reino Unido[31] y la política gubernamental, se ejemplifica en una carta de 1999 (al autor de esta referencia) por parte del Ministerio de Salud que afirma que, según el informe de Doll de 1981[32], «relativamente poco de la carga del cáncer (5-10%) se atribuye a la exposición ocupacional, ambiental o del consumidor a productos químicos específicos»[33].
Enfrentado a la creciente evidencia que hacía insostenible la afirmación científica que rechazaba las causas del cáncer, además del tabaquismo y el estilo de vida, junto con las revelaciones altamente dañinas de los conflictos de intereses, Doll se retractó repentinamente de su viejo rechazo a las causas ambientales del cáncer. Como miembro de un grupo de trabajo científico de la IARC, convocado para revisar pruebas relacionadas con el tabaquismo y el cáncer, Doll finalmente admitió: «Parece que los cánceres son principalmente causados por hormonas que no se ven afectadas por el tabaquismo. La mayoría de los otros cánceres, en todo el cuerpo, son inducidos por la exposición a productos químicos, a menudo ambientales»[34]. Esta retractación, ante los innumerables casos de canceres que se pueden prevenir y sus muertes tardías que las acompañan, ha sido ignorada por los establecimientos de cáncer en todo el mundo[35].
[1] Doll R and Peto R. The causes of cancer: Quantitative estimates of avoidable risks of cancer in the United States today. Journal of the National Cancer Institute, volume 66, number 6, pages 1191-1308, 1981.
[2] Bridbord K and others. Estimates of the fraction of cancer in the United States related to occupational factors. Bethesda, MD: National Cancer Institute, National Institute of Environmental Health Sciences, and National Institute for Occupational Safety and Health, 1978.
[3] Proctor R. Cancer Wars. New York: Basic Books, 1995.
[4] Richard Clapp, Genevieve Howe, Molly Jacobs Lefevre. Environmental and cccupational causes of cancer: A review of recent Scientific literature. Lowell Center for Sustainable Production, University of Massachusetts Lowell, September 2005. Executive summary • Full report [pdf]
[5] The Health and Safety Executive (HSE) is the body responsible for the encouragement, regulation and enforcement of workplace health, safety and welfare, and for research into occupational risks in Great Britain
[6] Landrigan PJ, Baker DB. Clinical recognition of occupational and environmental disease. Mt Sinai Journal of Medicine, volume 62, number 5, pages 406-411, 1995. Landrigan PJ, Marsowitz SB, Nicholson WJ, Baker DB. Cancer prevention in the workplace. In: Greenwald P, Kramer BS, Weed DL, eds. Cancer prevention and control. Marcel Dekker Inc, pages 393-410, 1995.
[7] Twentieth century mortality trend in England and Wales, Health and Safety Statistics Quarterly, number 18, Summer 2003.
[8] Siemiatycki J, Richardson L, Straif K and others. Listing occupational carcinogens. Environmental Health Perspectives, volume 112, number 15, pages 1447-1459, 2004.
[9] Zahm SH and Blair A. Occupational cancer among women: Where have we been and where are we going? American Journal of Industrial Medicine, volume 44, pages 565-575, 2003.
[10] Epstein, S.S. The Politics of Cancer, Revisited. East Ridge Press, Fremont Center, NY, 1998. (Extensive scientific information on the causes and prevention of cancer and public policy.)
[11] Doll, R. Mortality from Lung Cancer in Asbestos Workers. Brit. J. Indust. Med. 12:81-86, 1955.
[12] The (London) Times, June 8, 1967.
[13] Epstein, S.S. The Politics of Cancer, Revisited. East Ridge Press, Fremont Center, NY, 1998. (Extensive scientific information on the causes and prevention of cancer and public policy.)
[14] Ibídem.
[15] Daily Telegraph. January 7, 1976.
[16] Doll, R. & Peto, R. The Causes of Cancer: Quantitative Estimates of Avoidable Risks of Cancer in the U.S. Today. J. Nat. Cancer Inst. 66:1191-1308, 1981.
[17] Stallones, R. A. & Downs, T.A. A Critical Review of Estimates of the Fraction of Cancer in the U.S. Related to
Environmental Factors. Report to the American Industrial Health Council, Houston, University of Texas School of Public Health, 1979.
[18] Castleman, B. Re: Doll’s 1955 Study on Cancer from Asbestos. American J. Ind. Med. 39:237-240, 2001.
[19] Castleman, B. Re: Doll’s 1955 Study on Cancer from Asbestos. American J. Ind. Med. 39:237-240, 2001.
[20] Daily Telegraph. February 7, 1983.
[21] Letter from SPAID to the Sunday Times, April 26, 1985.
[22] Letter from Richard Doll to Hon. Mr. Justice Phillip Evatt. December 4, 1985.
[23] Forman, D., Cook-Mozaffari, P.J., Darby, S.C., Doll, R. Cancer Near Nuclear Installations. Nature 329:499-505, 1987.
[24] Sunday Telegraph. November 26, 1989.
[25] Darby, S.C., Kendall, G.M., Doll, R. A Summary of Mortality and Incidence of Cancer in Men from the United Kingdom who Participated in the United Kingdom’s Atmospheric Nuclear Tests and Experimental Programs. BMJ 296:332-338, 1988. (In The Times of January 29, 1988, Doll is reported as saying that the statistical difference was curious).
[26] Darby, S.C., Kendall, G.M., Fell, T.P., Goodill, A.A., Conquest, A.J., Doll, R., Jackson, D.A., Haylock, R.G.E.
Mortality and Cancer Incidence 1952-1990 in UK Participants in UK Atmospheric Nuclear Weapons Tests and
Experimental Programmes. NRPB Report R266, 1993.
[27] Doll, R. Effects of Exposure to Vinyl Chloride and Assessment of the Evidence. Scan. J. Work. Env. Health 14:61-78, 1988.
[28] Daily Mail. June 3, 1992
[29] Doll, R. Deposition, Carlin Staples et al vs. Dow Chemical Co. District Court Brazoria County, TX, January 27, 2000.
[30] Doll, R. Defamatory Article by Martin Walker. Occupational and Environmental Medicine 58(2):136-137, 2001. (See also Walker, M. Sir Richard Doll: A Questionable Pillar of the Cancer Establishment. The Ecologist 28:82-92, 1998.)
[31] Epstein, S.S. U.K. Cancer Charities Indicted for Losing the Winnable War Against Cancer. Press Release and
Conference, Imperial College, London, September 13, 1999. (See also Ochert, A. The Cancer in Our Charities. The London Times Higher Education Supplement, September 17, 1999.)
[32] Fellers, L. “Taxol is One of the Best Cancer Drugs Ever Discovered by the Federal Government: Why Is It Beyond Some Patients’ Reach?” The Washington Post Magazine, May 31, 1998.
[33] U.K. Ministry of Health, Letter to Samuel Epstein, M.D., May 21, 1999.
[34] Ross, E. WHO: Tobacco Even More Cancerous. The Los Angeles Times, June 19, 2002.
[35] Evans, N. State of the Evidence: What is the Connection between Chemicals and Breast Cancer? Presented by the Breast Cancer Fund and Breast Cancer Action, 2002. (An outstanding, comprehensive and reader-friendly report.)

Avanza en el Congreso el proyecto de prohibición del asbesto en Colombia, liderado por la senadora Nadia Blel. En esta ocasión el proyecto logró ser aprobado en la comisión séptima del Senado y se prepara su presentación ante la plenaria para que la misma exprese su voluntad.
Resulta imposible que un proyecto de esta naturaleza sea ajeno al debate científico, a pesar del alto contenido político que maneja, y aunque se sabe que el sector que emplea el asbesto en Colombia hace gala permanente de un fuerte lobby ante las instancias correspondientes, las estrategias de la prohibición del asbesto tampoco son ajenas al movimiento de intereses que trascienden la noble iniciativa de la prohibición.
En una acción popular que cursa en el juzgado administrativo No. 39 de Bogotá, el abogado Ramiro Bejarano (en representación de Eternit) reveló la posible participación de la oficina de abogados representada por el Dr. Humberto de la Calle, en acciones encaminadas a prohibir el asbesto en Colombia. Esta oficina de abogados representa los intereses del grupo Etex en Colombia, quienes operan actualmente bajo el nombre de Skinco – Colombit, empresa que utilizó asbesto hasta el año 2002 en su planta de Manizales.
Cuando se revisa el historial del debate sobre el asbesto en Colombia, los cacaos de la política y la economía salen a relucir, jugando cada uno, desde diferentes escenarios, sus propios intereses respecto del complejo tema de la interdicción de este mineral en Colombia. El actual dueño de Eternit es el grupo Elementia de México, quien tiene en su lista de accionistas nada más ni nada menos que a Carlos Slim, y cuenta para su defensa, con el abogado –ya mencionado- Ramiro Bejarano. Incolbestos tiene en su nómina a la oficina de abogados DLA Piper Martínez Neira, del actual fiscal general de la nación, y su propietario es el reconocido empresario Nayib Neme. Por su parte, Skinco-Colombit pertenece a la multinacional belga Etex con presencia en más de 40 países alrededor del mundo.
Todas estas empresas estuvieron agremiadas en Ascolfibras, el lobby del asbesto en Colombia, pero cuando Colombit dejó de utilizarlo para migrar a tecnologías limpias, empezó una guerra silenciosa entre aquellos que ya no utilizan el asbesto y aquellos que afirman que el asbesto, empleado en condiciones de “uso seguro” garantiza la salud de los trabajadores.
El proyecto de ley tuvo modificaciones después de su tránsito por la comisión séptima, y algunas proposiciones introducidas por el senador Jesús Alberto Castilla sin duda lo fortalecen.
Hace pocos días se dio cumplimiento a una audiencia pública donde se discutieron –de nuevo- diferentes puntos de vista alrededor del tema. Quiero aclarar que la senadora Nadia Blel, quien preside la comisión, no me permitió hacer uso de la palabra pese a que le manifesté mi intención de hacerlo.
Por parte de la industria intervinieron Jorge Hernán Estrada y Javier Parga, y un representante de la ANDI quien a todas luces dejó entrever su apoyo al sector empresarial que utiliza el asbesto en Colombia. Del sector que respalda la prohibición intervinieron Greenpeace, Juan Pablo Ramos de la Universidad de los Andes y sectores del Gobierno y los Ministerios, especialmente Salud, encabezado por la Dra. Adriana Estrada quien exhibió una defensa bien argumentada en favor del proyecto de ley. Igualmente la Dra. Gianna Henríquez del Instituto Nacional de Cancerología hizo una exposición de motivos lúcida y con autoridad en pro de su interdicción, lo que le aporta un piso sólido, desde una institución tan seria e importante para los colombianos como lo es el Instituto Nacional de Cancerología (INC), al debate sobre la prohibición del asbesto en Colombia.
En un trabajo conjunto entre la Fundación Colombia Libre de Asbesto, la Universidad Nacional, la Fundación Universitaria Juan N. Corpas y la Universidad de Drexel (EE.UU.) hicimos un acercamiento con 102 trabajadores de la industria del asbesto en Colombia, y gracias al apoyo y experiencia del Dr. Arthur Frank y el Dr. Gabriel Bustillo, detectamos 14 trabajadores positivos por exposición al asbesto. Una cifra bastante preocupante, especialmente cuando en nuestro país, el conocimiento de las enfermedades relacionadas con el asbesto es poco claro para las autoridades y el cuerpo médico colombiano.
La ruta diagnóstica de este tipo de enfermedades no aparece concentrada en una institución que ofrezca suficientes garantías a la hora de identificarlas y en la mayoría de casos, son los médicos generales quienes entran en primer contacto con los pacientes eventualmente afectados. La tos, la disnea, los roncos y las sibilancias pueden estar asociados como síntomas a diferentes tipos de enfermedades pulmonares, sin que en la mayoría de los casos se establezca algún tipo de relación con los antecedentes laborales de exposición a sustancias peligrosas, como lo es el asbesto. El paso dos del médico general consiste en enviarle una placa de rayos x por neumología y ahí se inicia un transcurso impreciso para su determinación.
Las gatiso neumo para enfermedades pulmonares recomiendan que aquellos que efectúen diagnósticos a partir de placas de rayos x, estén debidamente entrenados en la guía desarrollada por la OIT como lectores B. Y aquí surge la pregunta ¿Cuántos expertos tenemos en el país con tal nivel de experiencia? No más de tres a lo sumo, y si existieran tan siquiera 10, no son ellos precisamente quienes leen e interpretan las imágenes de este tipo, sino radiólogos y neumólogos con poca experiencia en el tema, especialmente para estadios tempranos que van de lo normal a lo anormal y que la guía clasifica de 0 a 1.
De nada vale que mañana prohibamos el asbesto, si no se amplía el horizonte de la discusión a niveles críticos como el tema del diagnóstico, y si a esto le agregamos que quienes lideran el debate desde el Senado ejercen sutiles formas de control al discurso, poco será el espacio para enriquecer el debate.
Es por ello que el país necesita avanzar en la prohibición, pero esta ley debe tener unos principios integrales que logren dar cuenta de los diferentes enfoques que hacen parte del problema. La identificación de una ruta diagnostica sólida y su aplicación debe ser parte fundamental de esta iniciativa. El proyecto pretende dejar en manos de una comisión de transición, muchos de estos temas, pero personalmente dudo bastante de que contemos con el interés y conocimientos necesarios para entender todo el espectro de esta problemática, especialmente desde las instancias oficiales que se mueven con los vientos coyunturales que traen los ministros de turno.
Nota: Mientras terminaba este artículo, recibo la extraordinaria noticia de que Brasil se une al grupo de países que han prohibido el asbesto en el mundo. Parabéns!!
Autor: Guillermo Villamizar (Director de la Fundación Colombia Libre de Asbesto. FundClas)