Autor: Guillermo Villamizar

  • PARTE II – ASBESTO EN EL HOGAR

    PARTE II – ASBESTO EN EL HOGAR

    La parte II de esta guía proporciona información para los dueños de casa y contratistas que estén trabajando en casas donde podría haber asbesto y cómo prevenir la exposición a las fibras de asbesto.

    Actualmente, las leyes colombianas impiden que los dueños de casas o los ocupantes de éstas remuevan o desmantelen de las casas las estructuras de asbesto: estas actividades deben ser emprendidas por un profesional.

    La exposición a las fibras de asbesto durante las reparaciones, renovaciones y demoliciones de las casas constituye un riesgo creciente para las enfermedades relacionadas con el asbesto en Colombia.

    Cuando se estén planeando renovaciones, mantenimientos o reparaciones en las casas, es importante saber:

    1. Dónde puede estar el asbesto en la casa
    2. Si éste es friable o no friable
    3. En qué condiciones se encuentra
    4. Qué medidas deben tomarse para prevenir la liberación de fibras de asbesto hacia el aire

    2.1 ¿DÓNDE ENCONTRAMOS ASBESTO EN EL HOGAR?

    Si una casa fue construida después de 1942 y antes del 1º de enero de 2021, entonces probablemente los productos de asbesto están presentes.

    Parte exterior de la casa

    • sellamiento y recubrimiento de techos
    • canales y bajantes, gabletes y aleros/plafones
    • tuberías de agua y conductos de chimenea
    • enchapado de paredes
    • cercados

    Dentro de la casa

    • tejas, tuberías y tanques de asbesto-cemento
    • recubrimiento de paredes, especialmente en áreas húmedas, tales como en la cocina, los baños, retretes y lavanderías
    • recubrimiento de cielorrasos
    • compuestos de masilla para remiendos y pintura texturizada
    • tableros de mando eléctricos
    • baldosas de pisos de vinilo y bases de fieltro para instalación de pisos de vinilo y linóleo
    • aislamientos en calentadores y estufas domésticas.

    ¿Cómo se puede saber si algo tiene asbesto?

    Usted no puede decir si un material contiene asbesto con solo observarlo. Únicamente haciendo las pruebas científicas sobre una muestra, realizadas por un laboratorio acreditado, se puede confirmar esto.

    Verifique siempre si el asbesto está presente antes de comenzar a hacer cualquier reparación, mantenimiento o mejoras a la casa, pidiéndole consejo a un profesional del asbesto y mande a hacer una prueba sobre una muestra del material.

    De lo contrario, si no está seguro de que el material contiene asbesto, usted debe asumir que si lo contiene y tomar las precauciones necesarias.

    2.2 ¿CUÁNDO ES DAÑINO EL ASBESTO?

    Tal como se describió en la Parte I de esta guía el asbesto puede estar en forma friable o no friable en los productos.

    El asbesto friable es desmenuzable, polvoroso y puede desmoronarse usando únicamente los dedos. Es extremadamente peligroso porque las minúsculas fibras de asbesto pueden ser liberadas fácilmente hacia el aire y ser inhaladas.

    El asbesto no friable está aglutinado en forma segura como parte de otro compuesto, frecuentemente cemento. El asbesto no friable comporta bajo riesgo hasta tanto el material sea alterado, dañado o se haya deteriorado a través del tiempo.

    ¿Dónde se encuentra el asbesto friable en los hogares?

    Los productos que están en las casas y se consideran friables incluyen:

    • envoltorios de telas de asbesto alrededor de tuberías
    • revestimiento calorífugo rociado
    • cinta de asbesto tejida sobre enchufes eléctricos y fusibles
    • aislamiento de fibra de asbesto desprendido
    • paneles de fibra que contienen asbesto, agrietados o dañados.
    • polvo contaminado con asbesto producido por la alteración de productos ya sean friables o no friables
    • productos de asbesto cemento no friables, antiguos y deteriorados

    ¿Dónde se encuentra el asbesto no friable en los hogares?

    La mayoría de productos que contienen asbesto usados en las casas son no friables, o son materiales aglutinados de asbesto cemento. Estos incluyen:

    • Tejas corrugadas
    • Canales y bajantes de aguas lluvias
    • Aleros
    • Tuberías de agua
    • Tanques de agua
    • Enchapado de paredes exteriores e interiores
    • Baldosas y cubiertas viejas de vinilo y linóleo para pisos

    ¿Cómo puede ser alterado o dañado el asbesto?

    Los productos de asbesto que están desintegrados, dañados o en malas condiciones son los que probablemente liberen fibras que pueden ser inhaladas. Algunos ejemplos en los que esto sucede:

    • cuando se taladran huecos en las láminas de asbesto, cuando los techos de asbesto se limpian
    • con agua a alta presión o cuando los materiales externos de asbesto se erosionan a través del
    • tiempo, debido a la exposición a los elementos del clima.

    Otras actividades que pueden dañar o alterar el asbesto son:

    • Demolición                                                    • Inundaciones, fuegos forestales
    • Trabajos de refacción o renovación         • Terremotos, erupciones volcánicas
    • Incendio de la casa                                       • Derrumbe de una edificación

    Si el material de asbesto no friable está en buenas condiciones no lo altere ni lo dañe.

    Si se encuentra resquebrajado, sometido a la intemperie o si algún trabajo de renovación probablemente altere o dañe el asbesto, busque ayuda profesional para retirarlo o controlarlo.

    Cualquier asbesto friable debe ser removido siempre sin demora y de manera profesional.

    2.3 ¿QUÉ SE PUEDE HACER PARA PERMANECER SEGUROS?

    Las leyes colombianas exigen que toda la remoción y disposición final de las estructuras de asbesto sean realizadas únicamente por los empleadores o contratistas reconocidos por la autoridad competente como calificados para ejecutar tales trabajos.

    Si los productos de asbesto están en condiciones razonablemente buenas, entonces existen 3 opciones que se pueden emprender para proteger el asbesto contra daños o deterioro, hasta que un profesional pueda remover el producto de asbesto:

    1. Cerramiento: construyendo una contención sólida alrededor del asbesto
    2. Encapsulado: aplicando un compuesto que aglutine el asbesto dentro del compuesto
    3. Sellamiento o recubrimiento: aplicando un recubrimiento de protección que proporcione una barrera para retener las fibras de asbesto en su lugar

    Información más amplia sobre cada una de estas opciones se encuentra en la sección 3.5 de esta guía.

    El asbesto y las labores de mantenimiento

    Cuando se adelanten operaciones de mantenimiento o reparaciones menores en su casa, siempre tenga cuidado de evitar alterar o liberar fibras de asbesto. Nunca use agua a alta presión o cualquier proceso abrasivo (por ejemplo, restregar, lijar o rectificar) para limpiar techos de asbesto cemento o cualquier otro material de asbesto. Esto puede dar como resultado una contaminación general.

    Si necesita hacer un hueco pequeño en una teja de asbesto cemento, por ejemplo, para instalar un cable, use únicamente una sierra o con un taladro manual (o con un taladro de pilas, de baja velocidad) y encierre o capture cualquier polvo de asbesto. Usted también debe usar los elementos de protección personal adecuados.

    Información más amplia sobre las precauciones de seguridad que deben tomarse cuando se trabaja con asbesto se encuentra en la Parte IV y la Parte VI de esta guía.

    Aún tareas comunes, tales como limpiar los tanques de agua o limpiar el moho de las tejas de asbesto-cemento puede liberar fibras de asbesto. Desarrolle siempre prácticas laborales que prevengan o minimicen la liberación de fibras de asbesto hacia el aire.

    – No use escobas o cepillos para barrer o cepillar en seco el polvo que contiene asbesto

    – No use herramientas eléctricas de alta velocidad para cortar, moler, lijar o taladrar materiales de asbesto

    – No use agua a alta presión o aire comprimido para limpiar materiales de asbesto

  • PARTE I – INFORMACIÓN GENERAL SOBRE EL ASBESTO

    PARTE I – INFORMACIÓN GENERAL SOBRE EL ASBESTO

    1.1 ¿QUÉ ES EL ASBESTO?

    Asbesto es el nombre dado a un grupo de minerales de silicato fibroso de origen natural que se encuentran en formaciones rocosas. Existen seis minerales: crisotilo, amosita, crocidolita, antofilita, tremolita y actinolita. La mayoría de las formas de asbesto son anfíbolos excepto el crisotilo, el cual es el único representante de los serpentinos. El crisotilo constituye alrededor del 90% o más del asbesto usado en Colombia.

    Todos los minerales de asbesto han sido usados en muchos productos en Colombia durante más de setenta y cinco años. La mayoría de los materiales que contienen asbesto han sido consumidos en los sectores de la construcción y de los automóviles. Algunos productos han sido manufacturados en Colombia y otros han sido importados.

    Los materiales que contienen asbesto pueden ser peligrosos para la salud si no se mantienen en forma adecuada o si no son removidos cuidadosamente, porque estos liberarán fibras inhalables.

    ¿Cuál es la diferencia entre asbesto friable y el no friable?

    Existen dos tipos de materiales que contienen asbesto: los friables y los no friables. Al asbesto

    no friable se le conoce también como asbesto aglutinado.

    El asbesto friable hace referencia a los materiales que contienen asbesto (MCA) que pueden fácilmente ser reducidos a polvo o desmoronarse cuando se estrujan con las manos. Estos materiales pueden contener altos porcentajes de fibras de asbesto, las cuales son más propensas a ser liberadas hacia el aire si el material es alterado. Como tales, estos plantean un riesgo mayor para la salud.

    Los ejemplos de materiales que contienen asbesto incluyen:

    • los pulverizados en retardantes y material aislante
    • Ios usados para insonorización y aislamiento acústico
    • los respaldos de la láminas de vinilo y las cubiertas de piso en linóleo
    • los revestimientos calorífugos, tales como aislantes para tuberías.

    Los productos de asbesto no friable son fabricados usando un compuesto vinculante, tal como el cemento, mezclado con una proporción de asbesto. La proporción de asbesto puede variar, por ejemplo en el caso de las empaquetaduras y las pastillas de frenos, el contenido de asbesto puede llegar hasta el 50%. Las fibras de asbesto están combinadas en el producto (de allí el término asbesto aglutinado). Los productos de asbesto no friable son sólidos, rígidos y no pueden ser desmoronados o reducidos a polvo por presión manual.

    Cuando están en buenas condiciones, los productos de asbesto no friable normalmente no liberan ninguna fibra de asbesto hacia el aire. Se los considera de riesgo bajo para las personas que están cerca de ellos. Sin embargo, cuando los productos de asbesto no friable sufren daños, son alterados o erosionados por exposición a malas condiciones de intemperie (incluyendo acción de los vientos, huracanes, granizo, lluvias, cambios de temperatura, movimientos telúricos, incendios, desastres naturales o terremotos), estos pueden liberar fibras o convertirse en productos friables.

    Ejemplos de materiales que contienen asbesto no friable incluyen:

    • productos de asbesto cemento (laminas lisas, perfiladas y corrugadas que se usan en
    • paredes, cielorrasos y techos, artículos moldeados tales como bajantes y tanques de
    • agua)
    • plásticos reforzados
    • empaques
    • adhesivos, pinturas y revestimientos
    • baldosas para el piso
    • prendas de vestir y frazadas para combatir incendios

    1.2 LOS RIESGOS DEL ASBESTO SOBRE LA SALUD

    Las fibras de asbesto son tan pequeñas que no son visibles a simple vista, no tienen sabor ni olor. Es imposible identificar la presencia del asbesto por inspección visual. La única manera de tener seguridad es analizar una muestra del material en un laboratorio.

    Las fibras de asbesto pueden llegar a ser transportadas en el aire a partir de la manipulación o

    por resquebrajamiento de productos manufacturados con asbesto. Las fibras son tan pequeñas y ligeras que una vez son liberadas del material, pueden permanecer en el aire durante un largo período de tiempo (cerca de 72 horas), haciendo que sea fácil respirarlas hacia los pulmones. Cuando las fibras llevadas por el aire son respiradas hacia los pulmones, pueden causar enfermedades mortales.

    Enfermedades relacionadas con el asbesto

    Las fibras de asbesto pueden permanecer en lo profundo del pulmón después de la inhalación y pueden causar diversos padecimientos, incluyendo mesotelioma, cáncer de pulmón y asbestosis, los cuales generalmente toman muchos años, a veces décadas, en desarrollarse.

    Los estudios científicos revisados por la IARC (2012) – International Agency for Research on Cancer – (Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer) muestran que las fibras de asbesto inhaladas pueden también causar cáncer de laringe y ovarios, y están asociadas con el cáncer de faringe, de estómago y colorrectal.

    Las cuatro patologías más importantes, relacionadas con el asbesto se enumeran a continuación. Una persona puede desarrollar más de una de estas enfermedades.

    Placas pleurales

    • áreas de tejido cicatricial blanco, suave y en relieve sobre el recubrimiento exterior del pulmón, la pared torácica interna y el diafragma.
    • con frecuencia son el primer signo de exposición al asbesto
    • no todos aquellos que han estado expuestos al asbesto desarrollan placas, posiblemente por las diferencias en su respuesta inmune a las fibras de asbesto
    • las personas con placas pleurales como único síntoma relacionado con el asbesto generalmente tienen muy poco deterioro de la función pulmonar.

    Asbestosis

    • una condición crónica causada por inflamación o cicatrización pulmonar
    • causa dificultad para respirar, ataques de tos y daño permanente en los pulmones

    Cáncer de pulmón

    • tumores cancerosos que se presentan principalmente en el recubrimiento de los tubos que llegan a los pulmones, las vías aéreas más pequeñas o la parte media de los pulmones
    • el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón se aumenta considerablemente en personas que también fuman.

    Mesotelioma

    • una forma rara de cáncer de los tejidos que recubren las cavidades del cuerpo, particularmente en las cavidades torácica y abdominal

    Factores de riesgo para desarrollar enfermedades relacionadas con el asbesto.

    La propensión de cualquier persona a desarrollar una enfermedad relacionada con el asbesto puede depender de varios factores, incluyendo:

    • duración del tiempo al que la persona está expuesta a las fibras de asbesto presentes en el aire
    • concentración o niveles de asbesto en el aire
    • susceptibilidad individual
    • tamaño y tipo de las fibras de asbesto
    • humo de cigarrillos: las investigaciones han mostrado que fumar aumenta significativamente el riesgo de cáncer de pulmón en las personas que han estado expuestas al asbesto.

    Sin embargo, algunas personas que desarrollan una enfermedad relacionada con el asbesto han estado expuestas una sola vez, en tanto que otras que han estado expuestas de forma regular a las fibras de asbesto presentes en el aire no se enferman.

    De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) no existe un nivel seguro de exposición a las fibras de asbesto inhaladas y todas las formas de asbesto (incluyendo el crisotilo) son carcinogénicas para los humanos.

    ¿Cuándo es probable que la gente esté expuesta al asbesto?

    Todos estamos expuestos a niveles bajos de asbesto en el aire que respiramos cada día. El aire del ambiente o el entorno generalmente contiene entre 10 y 200 fibras de asbesto por cada 1000 litros (o metros cúbicos) de aire (equivalentes a entre 0.01 a 0.20 fibras por litros de aire). Sin embargo, la gente raramente, si es que alguna vez lo hace, se enferma por esta exposición.

    La exposición al asbesto es preocupante en las siguientes ocupaciones y procesos:

    • Minería de asbesto que se lleve a cabo en depósitos de mineral natural
    • Procesamiento de minerales de asbesto (molinos)
    • Manufactura de productos que contienen asbesto, por ejemplo tejas de asbesto cemento o productos de fricción
    • Industria de la construcción: alteración de materiales que contienen asbesto durante las renovaciones o demoliciones de edificaciones y la eliminación del asbesto
    • Mecánica: reparación de frenos y clutch (embrague) de vehículos
    • Astilleros: renovación o demolición de barcos construidos con materiales que contienen asbesto
    • Trabajadores de aislamientos y calefacción
    • Trabajadores de mecánica industrial, plomeros e instaladores de tuberías
    • Trabajadores responsables de la disposición final de los residuos de asbesto y trabajadores del manejo de residuos generales
    • Trabajadores de mantenimiento de acueductos

    Existen también riesgos de exposición para los miembros de las familias, si los trabajadores no se descontaminan totalmente antes de regresar al hogar.

    Un riesgo de exposición adicional existe para los residentes y trabajadores de los edificios con materiales que contienen asbesto, y estos riesgos permanecerán hasta que el asbesto sea retirado del entorno de la edificación

    Asbesto en el agua potable

    Con frecuencia, el agua potable ha sido transportada, recogida y almacenada en tuberías y tanques domésticos de asbesto cemento, proveniente de techos en asbesto-cemento. La Organización Mundial de la Salud ha concluido que el riesgo para la salud que presenta la ingestión de fibras de asbesto en el agua potable es tan bajo que no ha podido determinarse tal riesgo.

    Sin embargo, las fibras de asbesto que han sido desplazadas por el agua pueden ser motivo de preocupación cuando el agua se seca, ya que estas pueden ser inhaladas. Los ejemplos incluyen escorrentía desde los techos que se recoge en las canales o en escombros de asbesto seco posteriores a una inundación.

    1.3 HISTORIA DEL USO DEL ASBESTO EN COLOMBIA

    1942 – Eternit da inicio al uso industrial y la producción de asbesto. La primera planta transformadora para este material fue construida en 1942,en Sibaté, cerca de Bogotá, bajo el nombre de Eternit Colombiana.

    1945 – Aparecieron subsidiarias de Eternit en Barranquilla (Eternit Atlántico) y en Yumbo (Eternit Pacífico).

    1957 – Chaid Neme Hermanos abrió Indubestos en Bogotá para producir piezas de repuestos para automóviles tales como frenos y empaquetaduras.

    1967 – Apareció in Manizales la compañía de asbesto cemento Colombit

    1974 – Una mina de asbesto crisotilo inició operaciones en el departamento de Antioquia

    1983 – La compañía de asbesto cemento Manilit apareció en Manizales

    1986 – Fue prohibido el uso de anfíboles de asbesto

    2011 – Se prohibieron productos de asbesto crisotilo friable y de baja densidad tales como los de Spray (aerosoles) o Sprayform© (sistema de reparación de bajantes).

    Por encima de 3,600 productos de asbesto han sido usados en países desarrollados, los cuales pueden ser encontrados en hogares, vehículos, plantas y edificaciones que incluyen fábricas, oficinas, colegios y hospitales.

    Ejemplos de productos que contienen asbesto

    El asbesto puede ser encontrado en los siguientes productos en instalaciones residenciales y comerciales:

    • material para techado y canales y bajantes de agua
    • tanques de agua
    • gabletes y aleros
    • revestimiento de paredes internas y externas
    • cielorrasos
    • material de base para vinilo, alfombrado o baldosas
    • recubrimiento detrás de los baldosines para pared
    • cercados
    • puerta contra incendios (con centro en asbesto)
    • conductos de la chimeneas o estufas
    • empaques y pastillas para frenos en vehículos
    • tuberías con revestimiento calorífugo
    • plantas y otra maquinaria con empaques y/o sellos que contengan asbesto
    • tableros de mando (switchboards)
    • paneles de protección para calderas y calentadores detrás o debajo de las calderas.
  • MANEJO DEL ASBESTO (Introducción)

    MANEJO DEL ASBESTO (Introducción)

    Guía para el manejo del asbesto

    INTRODUCCIÓN

    Colombia promulgó la prohibición total de todas las formas de asbesto, la cual entra en vigencia el 1º de enero de 2021. Aun cuando el uso de cualquier asbesto anfíbolo había sido prohibido desde 1986, la nueva prohibición incluirá al asbesto crisotilo. El propósito de esta guía es proporcionar directrices informativas y provisionales para los sitios de trabajo y para el público en general, sobre el manejo y la remoción segura de materiales que contienen asbesto durante la implementación de la prohibición total del asbesto en Colombia.

    Esta guía incluye capítulos sobre el asbesto en los hogares y el asbesto en los sitios de trabajo, de modo que los diversos públicos objetivo (jefes de hogar y de negocios) puedan ser educados sobre los riesgos de la exposición al asbesto en estos varios escenarios. Esta guía se debe leer en armonía con los requisitos legales colombianos para el manejo y la remoción del asbesto.

    ¿EN QUÉ CONSISTE LA PROHIBICIÓN DEL ASBESTO?

    A partir del 1º de enero de 2021, la minería, la producción, la distribución, la venta, el uso, la importación y la exportación de todo tipo de asbesto estarán prohibidos en Colombia. Existe un período de transición operacional desde el 11 de julio de 2019 hasta el 1º de enero de 2021, para permitirles a los fabricantes substituir el asbesto en sus productos por materiales no carcinogénicos. El Ministerio de Salud y Protección Social, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y el Ministerio del Trabajo, desarrollarán campañas de difusión y promoción para el manejo adecuado del asbesto instalado y su tratamiento como residuo peligroso de conformidad con el Decreto 4741 de 2005. Esto incluye la formulación de políticas públicas para el reemplazo del asbesto instalado dentro de los cinco (5) años contados a partir de la entrada en vigencia de esta ley.

    El gobierno también identificará y dará nueva formación a las personas que están trabajando actualmente en la extracción, procesamiento, almacenamiento, distribución y mercadeo del asbesto. Aún más importante, la salud de dichos trabajadores será monitoreada durante un período de 20 años.

  • EL EXCESO SIMBÓLICO DEL ACTIVISMO ARTÍSTICO

    EL EXCESO SIMBÓLICO DEL ACTIVISMO ARTÍSTICO

    Uno de los cambios más significativos en el arte contemporáneo durante las últimas dos décadas se refiere a artistas y colectivos que han trasladado su enfoque artístico de la representación a la acción social directa. El libro THE ART OF DIRECT ACTION. Social Sculpture and Beyond muestra por qué esta transición podría cambiar nuestra comprensión de la producción artística en general y hacernos reconsiderar el papel del arte en la sociedad. El libro reúne a artistas, académicos y expertos reconocidos internacionalmente en el campo del arte socialmente comprometido para reflexionar sobre los desarrollos históricos en este campo, y explorar el papel que el concepto de escultura social del artista alemán Joseph Beuys jugó en su evolución. Las contribuciones brindan reflexiones teóricas, análisis históricos que enmarcan debates críticos sobre proyectos artísticos ejemplares, socialmente comprometidos desde la década de 1970 con el fin de examinar las estrategias, oportunidades y fracasos de esta práctica.

    De este libro editado por Karen Van Den Berg, Cara Jordan y Philipp Kleinmichel y publicado bajo el sello editorial de Sternberg press publicamos el siguiente texto de uno de los editores.

     

    EL EXCESO SIMBÓLICO DEL ACTIVISMO ARTÍSTICO

    Por Philipp Kleinmichel

    Uno de los debates centrales que ocupa el discurso sobre el papel social y la función del arte, tiene que ver con el tema del arte políticamente comprometido. Durante la mayor parte de la segunda mitad del siglo XX, estas discusiones se centraron en el valor estético del arte políticamente comprometido y, por lo tanto, si el arte políticamente comprometido se debía entender como arte y ser legitimado como tal. Hoy, sin embargo, la pregunta más urgente interpela al valor político del compromiso artístico. Al menos una de las razones de este cambio se puede encontrar con relativa facilidad: hacia fines del siglo pasado, la cultura contemporánea se acostumbró cada vez más al hecho de que todas las imágenes y formas posibles podrían presentarse como arte, independientemente de su valor estético. Las prácticas artísticas ya no se reducen a los conceptos de la belleza o lo sublime, ni a la autonomía estética pura y desinteresada. Después de décadas de procedimientos de vanguardia y neo-vanguardia, y la deconstrucción de la oposición entre la alta y la baja cultura, tales conceptos han dejado de ser la norma predominante para la evaluación artística. Y de la misma manera que los espectadores contemporáneos ya no se irritan por la presencia de objetos industriales producidos en masa en el contexto del arte, que antes se caracterizaba por sus hábiles producciones, la aparición de imágenes políticas, objetos, performances y otras actividades políticas en este contexto se han vuelto no solo aceptadas de manera similar, sino que han sido incorporadas al lenguaje natural del arte.

    La creciente importancia del valor político del arte contemporáneo también ha llevado a un cambio en el debate sobre el arte contemporáneo políticamente comprometido. Además de todas las otras consideraciones, la preocupación central para los artistas políticamente comprometidos en la actualidad, implica la cuestión de cómo producir arte para que este tenga un valor político real. Para esto, parece poco representar simplemente ciertas cuestiones políticas de una manera estética, atractiva o impactante. Por el contrario, tales representaciones de conflictos políticos en el campo del arte a menudo son criticadas como estéticas y explotadoras de la política y, por lo tanto, hechas simplemente para abastecer a una específica demanda moral del mercado del arte. Este tipo de crítica es una de las razones por las que las prácticas artísticas han mostrado una tendencia creciente a comprometerse directamente con la vida política contemporánea, durante las últimas décadas.[1] La reducción de todos los excedentes estéticos y representativos, y la participación directa en la vida política parecen haber demostrado ser una estrategia prometedora y seductora para convencer al espectador crítico del valor político real del arte. Sin embargo, al mismo tiempo, un argumento igualmente convincente ha sido que el valor político real del arte se puede encontrar en su poder estético esencial. Según esta perspectiva, el verdadero valor político del arte no puede consistir en la sustracción absoluta de la estética y, por lo tanto, no en la acción política directa, sino en la distancia estética del arte, en su mediación y reflexión que tiene el poder de abrir nuevas e inimaginables posibilidades de existencia a nivel individual y colectivo.[2] Ninguna de las nuevas formas de acción política directa puede tener un valor político convincente de acuerdo con esta posición, pero el arte que se centra en la dimensión estética y se diferencia de todas las otras formas de acción política lo puede hacer. Sin embargo, independientemente de qué lado se elija, este argumento enfatiza un cambio significativo en el debate: la cuestión central ya no es si el arte políticamente comprometido puede ser legitimado como arte, sino qué tipo de proyectos artísticos pueden legitimarse como formas valiosas de efectividad política.

    De hecho, cada proyecto artístico debe analizarse y evaluarse de forma individual con respecto a los efectos que logra tener en la vida política. Sin embargo, existen varias formas de abordar la cuestión del valor político que posee el activismo artístico en general. Quiero centrarme aquí solo en dos aspectos. El primero se refiere al cambio histórico de interés dentro de la discusión sobre el arte políticamente comprometido, y su tendencia a entrar en la vida política de forma directa. El segundo implica la diferencia mínima, casi invisible pero no obstante irreducible, entre un compromiso político directo tan avanzado y no representativo en nombre del arte, y un compromiso político no artístico en nombre de determinados temas políticos. Más que todas las otras diferencias estructurales, como las diferencias entre el arte político activista no representativo y el arte político representativo tradicional, no activista, es la delgada y casi invisible línea entre el activismo político artístico y no artístico lo que permite una posible comprensión del valor político del activismo político artístico. Esta diferencia irreductible entre estas dos formas nos permite abstraernos de las intenciones honorables pero subjetivas de los artistas políticamente comprometidos, para comprender el valor político objetivo de sus producciones artísticas. Los artistas políticamente comprometidos pueden tener la intención e incluso lograr que su audiencia sea consciente de ciertos conflictos políticos ocultos, o interactuar directamente con la vida política pública. Pero su éxito o fracaso particular en estos términos no es lo que distingue su práctica política de otro activismo político no artístico, que puede tener éxito o fracasar de la misma manera. El valor distintivo del activismo político del arte no depende de si es más o menos efectivo que otras formas de activismo político. Lo que nos permite caracterizar el arte políticamente comprometido en sus formas avanzadas contemporáneas y, por lo tanto, comprender su valor político particular, es el hecho de entender qué significan las formas estéticas y simbólicas específicas del compromiso político no artístico como arte, que se han desarrollado desde los años sesenta y setenta en el contexto político del mundo occidental. La significación de estas formas políticas como arte, las transfiere del contexto de la vida política al contexto del arte y, por lo tanto, al contexto del museo y del archivo. Es, como mostraré, esta «musealización» lo que representa un valor político objetivo significativo. La musealización de estas formas políticas tiene valor político no solo porque nos permite entenderlas como resultado de ciertas estrategias políticas del pasado, como formas de un antiguo Occidente en las que potencialmente ya han perdido su valor político en la vida política contemporánea. También permite e incluso obliga a los espectadores contemporáneos a distanciarse de estos resultados de una acción directa, para estudiarlos y compararlos con todas las demás formas e imágenes políticas y estéticas que se han producido durante el curso de la historia.

    El cambio epistémico

    De hecho, para comprender la función y el valor del activismo político del arte, debemos reconocer y admitir el cambio histórico que reencausa el debate sobre el arte políticamente comprometido desde la cuestión de su valor estético a su valor político. Históricamente, este cambio se remonta a Joseph Beuys. Lo que hace que su práctica sea significativa a este respecto no es solo el hecho de que se apropió muy temprano de la forma organizativa del activismo político, sino también de que estas formas, como el Partido Estudiantil Alemán (Studentenpartei, 1967), la Organización de No Votantes (Organisation der Nichtwähler, 1970) y la organización para la Democracia Directa a través del Referéndum (Organization für direkte Demokratie durch Volksabstimmung, 1971), las cuales además fueron reconocidas y discutidas como arte desde un comienzo debido a la participación de Beuys en grandes exposiciones como documenta. Y es precisamente el reconocimiento de estos prototipos del arte activista contemporáneo y la crítica que atrajo de inmediato, lo que permite comprender el cambio del valor estético al valor político que caracteriza el debate contemporáneo sobre el arte políticamente comprometido.

    De hecho, el objetivo político de Beuys al utilizar el activismo artístico para superar la sociedad desencantada, moderna y racionalizada en la que la existencia individual se caracteriza por un trabajo especializado, alienado y nada creativo, no estaba por fuera de los postulados en el contexto cultural de los años setenta. Alimentadas por el marxismo occidental, las revueltas estudiantiles que determinaron la vida política en esta época se dirigieron contra los mismos mecanismos burocráticos de la sociedad unidimensional integral del capitalismo tardío entregado al consumo. Ya se trate de las relaciones profesionales, íntimas y sexuales entre las personas, o la relación del individuo con la naturaleza o con la constitución psíquica interna del ser: todas las relaciones humanas individuales quedaron sujetas a crítica y posible transformación experimental. Sin embargo, lo más significativo para el proyecto político de Beuys en comparación con otros proyectos revolucionarios de moda en ese momento no es simplemente el hecho de que trató de lograr sus objetivos organizando su activismo como arte, sino también su forma distinta de dirección política.[3]

    Mientras que una mayoría de las demás actividades políticas durante este tiempo buscaron reemplazar la forma de producción capitalista, el proyecto de Beuys estaba motivado por la idea de radicalizarlo.[4] En su conferencia «Die Gesellschaft als Kunstwerk» (La sociedad como obra de arte), por ejemplo, Beuys describe su proyecto como un intento difícil, pero posible, de reemplazar la sociedad racionalizada moderna por «formas puras alrededor de un organismo social autoorganizado que cobrará vida en el futuro.» [5]  Sin embargo, la posibilidad de realizar el organismo social como una obra de arte dependía de las inversiones financieras. Y esas inversiones solo podrían ser atraídas, pensó Beuys, si la economía real existente era reemplazada por una «forma pura de capital empresarial.» [6] La financiación para remodelar el organismo social del futuro de una manera artística requería que la economía capitalista real existente, desde la perspectiva de Beuys quien carecía de una visión metafísica radical y un espíritu aventurero, fuera suplantada por un orden económico impulsado por un capital puramente aventurero. Incluso después de su finalización, este nuevo organismo del futuro tendría, como dijo Beuys, «capital empresarial» en su corazón, ya que es «el flujo de dinero a través del cual se nutren las instituciones» [7], lo que constituiría el nuevo «organismo social del futuro.» [8]

    Sin embargo, una de las razones por las que el proyecto de Beuys fue y sigue siendo criticado por su valor político se debe al lenguaje trascendentalista, el cual resulta fácilmente identificable con el idealismo alemán, sobre todo el de Kant y Wagner, que se encuentra en su descripción de un «emprendimiento puro» y la visión total de la sociedad como obra de arte del futuro.[9] Esta similitud subraya la distancia con las revueltas estudiantiles orientadas por el marxismo, y acerca el emprendimiento revolucionario y activista de Beuys al proyecto romántico del conservadurismo revolucionario. El objetivo de Beuys de reemplazar las estructuras sociales reales existentes no estaba motivado por una visión materialista y comunista de una sociedad sin clases, de moda durante ese tiempo. En cambio, aparecía justificado a través de una visión idealista que Beuys tenía inspirado en un pasado arcaico y premoderno. «La tarea», afirmó, es «abrir los ojos del público y revelarle estos ideales arcaico-imaginarios [urbildhaften Vorstellungen] del organismo social»[10] para llevarlo a crear un «nuevo estado planetario».[11] Y la «tendencia de regresión, es decir, volver al pasado, volver al útero», afirmó en otra parte, es una «regresión en el sentido de progresión, lo futurológico».[12]

    Al igual que la tradición conservadora romántica que va desde Nietzsche hasta Heidegger, el proyecto de Beuys no se basaba en una crítica a la estructura capitalista explotadora de la vida moderna, sino en una crítica de la metafísica occidental que, según Beuys, ha generado históricamente la perspectiva materialista predominante que oculta la verdad espiritual y confina al individuo creativo en una oscuridad profunda y peligrosa. En su análisis de la relación entre el breve período de compromiso político de Heidegger con el fascismo alemán y su crítica filosófica de la metafísica europea, Philippe Lacoue-Labarthe ha demostrado que la conexión entre esta tradición filosófica conservadora y el fascismo consiste en una perspectiva romántica que, desde su punto de vista totalizante, permite concebir la ficción del organismo social como arte. «Es ahí donde se disimula la verdad de lo que llamamos «totalitarismo»», escribe Lacoue-Labarthe. «Decir que lo político es orgánico no significa solo que el Estado es comprendido a la vez como «totalidad viva» y como obra de arte.» En cambio, es, a medida que continúa, «la organicidad de la comunidad: el Gemeinschaft o como Heidegger dice […] el Gemeinschaftswesen. Es por consiguiente la organicidad del pueblo, el Volkstum, lo que permite que nuestro concepto de «nación» sea restaurado a su significado original.[13]

    De hecho, si bien puede ser difícil vincular el proyecto de Beuys con este «concepto de «nación»», no hay duda de que Beuys heredó su perspectiva romántica del especialista en Goethe y Nietzsche que es Rudolf Steiner. Y es este punto de vista totalizador, así como la apropiación de Beuys de la idea romántica de un organismo social, lo que ha atraído comentarios críticos.[14] Sin embargo, aunque la apropiación de Beuys de esta perspectiva romántica culminó en la estética de sus representaciones, objetos y trajes, así como en su proximidad retórica al idealismo alemán, la dirección de esta crítica corre el riesgo de ocultar la novedad real y el valor político programático en el centro de su activismo artístico. La innovación histórica del proyecto de Beuys puede describirse como una combinación de su punto de vista totalizador romántico y la crítica de la cosmovisión materialista moderna, por un lado, y la visión ideal y aventurera de un orden capitalista puro basado en la energía de una desatada individualidad creativa, por otro lado.

    Esta conexión innovadora permite reconocer el espíritu neoliberal capitalista en el llamado de Beuys para reemplazar la cosmovisión materialista por una nueva perspectiva espiritual.[15] Para Beuys, así como para el proyecto neoliberal, el individuo es visto esencialmente como capital creativo. Y para ambos, la activación, inversión y realización del capital empresarial puro depende de la deconstrucción del limitado y real aparato estatal existente y de sus reificaciones burocráticas. El organismo social del futuro de Beuys, en el que la creatividad del individuo debe invertirse sin ninguna represión burocrática, y el proyecto neoliberal, en el que se supone que el equilibrio del libre mercado desregulado está determinado por el libre flujo de las decisiones individuales y empresariales del mercado, al menos en este sentido, aparecen estrechamente relacionados.

    Este parentesco intelectual tuvo un claro impacto en el arte contemporáneo después de la vanguardia. El ideal compartido del yo creativo desatado y la visión de una totalidad orgánica autopoética desregulada socialmente, proporcionaron una salida a la contradicción en la que artistas contemporáneos como Beuys se encontraron siguiendo los logros de la vanguardia: por un lado, los artistas eran libres de declarar todas las imágenes y formas como arte sin ninguna limitación en su creatividad, mientras que, por otro lado, ellas estaban reguladas y dependían de instituciones estatales burguesas como museos, academias y galerías para su evaluación como arte. La visión utópica de un estado desregulado y su transformación en un organismo social determinado por el libre flujo de la creatividad, permitió a los artistas posteriores a las vanguardias ubicar su práctica en un nuevo contexto. En este nuevo contexto, que encuentra su expresión en la noción extendida de arte de Beuys (erweiterter Kunstbegriff), el artista, en lugar de presentar su obra como arte dentro de las limitaciones que imponen las instituciones burguesas, parece participar con la nueva clase creativa de arquitectos y urbanistas, diseñadores y empresarios alternativos para remodelar la imagen del nuevo mundo urbano postindustrial.

    Sin embargo, la estrecha relación de Beuys con el paradigma neoliberal como el medio para realizar su futurología regresiva a partir de un organismo social armonioso de forma progresiva, también ha atraído una serie de críticas, que nuevamente ayudan a subrayar el cambio característico de una crítica del valor estético del arte a una crítica de su valor político.[16] En su ensayo «Haacke, Broodthaers, Beuys» de 1988, Stefan Germer argumenta, por ejemplo, que el proyecto político de Beuys no puede entenderse como una visión alternativa al mundo capitalista, sino como una reproducción conservadora de su ideología hegemónica.[17] La insistencia de Beuys en la «importancia de la creatividad individual» no le permitió alcanzar una visión alternativa, argumenta Germer, sino que simplemente apoyó la ideología prevaleciente en la que el «individuo asumió el estatus mítico» como actor creativo.[18] Según Germer, Beuys logró el éxito en el mundo del arte y el reconocimiento general de los medios de comunicación, porque satisfizo la demanda de una existencia no alienada, no reificada y lúdica al «suministrar al mercado el llamado ‘arte político’» con un tipo de suplemento ilusorio que mantuvo «la creencia ilusoria en el poder del arte» y, por lo tanto, devolvió «al artista marginado un papel social central.»[19]

    En una mesa redonda publicada en octubre de 1979 con motivo de la retrospectiva de Beuys en el Museo Solomon R. Guggenheim, que también marcó un momento definitivo en la recepción crítica de su trabajo en los Estados Unidos, Benjamin Buchloh señala que el éxito público de Beuys debería ser visto no en relación con el público de la década de 1960 «que proporcionó la base teórica para una nueva politización», sino en relación con un entorno diferente que «representa una nueva conciencia, una seguridad en sí mismo, una complacencia que encuentra su equivalente en el mito de la personalidad propuesta por el trabajo de Beuys».[20] El análisis de Luc Boltanski y Eve Chiapello de la literatura administrativa de la década de 1960 en su libro The New Spirit of Capitalism describe esta nueva conciencia en detalle. Explican que este tipo de literatura «acompaña la transición de una burguesía patrimonial centrada en la firma personal a una burguesía de gerentes, que son asalariados, académicamente calificados e integrados en grandes administraciones públicas o privadas».[21] Los objetivos espirituales de esta generación, muestran los autores, estaban «dirigidos a la liberación de puestos de trabajo y la relajación de la burocracia que se desarrolló a partir de la centralización y la creciente integración de empresas cada vez más grandes».[22] Incluso si este nuevo público aún no era un portador del nuevo espíritu del capitalismo, según Buchloh, ya estaba en demanda de «un héroe-artista que proporcionara las imágenes para una nueva identidad cultural», que sin duda es la identidad del yo creativo liberado.[23]

    La diferencia irreducible y mínima

    Ya sea que se esté o no de acuerdo con la posible conexión entre la visión ideal de Beuys de un capitalismo puro, o su llamado a una perspectiva espiritual dentro del nuevo espíritu del capitalismo, este tipo de crítica ejemplifica cómo el proyecto político artístico ya no es criticado por su valor aparentemente estético y el fracaso en el campo del arte, sino más bien por su valor político real, como portador ideológico de un ideal revolucionario regresivo. Lo central de esta evaluación crítica no es si uno encuentra belleza en las actividades políticas, performances, roles míticos o reliquias sobrantes de Beuys, sino más bien si estas son políticamente valiosas y efectivas. Esta recepción crítica del proyecto político de Beuys nos permite comprender una de las razones detrás de la tendencia general que ha surgido en el arte políticamente comprometido, durante las últimas dos décadas. Si los artistas políticos necesitan evitar el riesgo de repetir la ideología prevaleciente y evitar la sospecha de explotar los conflictos políticos contemporáneos solo para satisfacer una cierta demanda del mercado del arte, entonces se verán cada vez más obligados a diseñar nuevas formas artísticas de acción política directa. Los artistas solo parecen capaces de defender el valor político de su trabajo contra tales formas establecidas de crítica, si son capaces de reducir el excedente estético y representativo a tal grado que se vuelva indistinguible del activismo político no artístico.

    Esas formas avanzadas de activismo político que ya no se pueden distinguir de las formas no artísticas de activismo político son ciertamente innovadoras, en comparación con las prácticas artísticas políticas anteriores. El compromiso político de artistas del siglo XIX como Wagner, Baudelaire o Pissarro, por ejemplo, incluyó planes estratégicos para subvertir la vida política, mediante la creación de círculos anárquicos, peleas callejeras con fuerzas armadas, construcción de barricadas, etcétera. Pero estas actividades pueden considerarse separadas de su trabajo artístico, que también podría describirse como una práctica política de nivel estético. Como artistas, describieron críticamente la realidad del mundo prevaleciente para arrojar luz sobre aspectos ocultos y subrepresentados de la realidad social y, sobre todo, para transformar las formas reificadas y completamente racionalizadas del ver, sentir y pensar burgueses. Los activistas del arte contemporáneo, por otro lado, ya no parecen diferenciar entre las instituciones de arte, la calle, o los medios de comunicación. Los miembros del colectivo Mosireen con sede en El Cairo, por ejemplo, consideran que su práctica es arte, aunque, en línea con el énfasis del arte contemporáneo en el valor político, declaran que la dimensión artística de su práctica es secundaria a su dimensión política.[24] Y a pesar de que esta dimensión artística también es objetivamente reconocida por los curadores y críticos que han mostrado y discutido su trabajo en el contexto del arte contemporáneo, la diferencia entre su trabajo y otras prácticas no artísticas parece haber desaparecido.[25] Durante los disturbios revolucionarios en El Cairo en julio de 2011, Mosireen distribuyó imágenes tomadas con teléfonos móviles y cámaras a través de varios canales de medios, plataformas en línea, exposiciones de arte y las calles.[26] Los efectos políticos y las discusiones generadas por tal proyecto no difieren estructuralmente de los eventos iniciados por organizaciones políticas como Attac, Occupy o los recientes gilets jaunes (chalecos amarillos), que emplean técnicas artísticas y estéticas similares.[27] La aparente desaparición de esa diferencia también se debe al hecho de que el activismo político en la era de los medios digitales siempre se basa en un terreno estético.[28] Los activistas políticos contemporáneos generan atención pública a través de imágenes e información cuidadosamente dirigidas y seleccionadas en plataformas de televisión y redes sociales.

    Esta tendencia en el activismo político contemporáneo subraya la creciente dificultad, si no la imposibilidad, de distinguir entre activismo artístico y no artístico. Ambos parecen potencialmente exitosos en iniciar, provocar y repetir las discusiones públicas en curso, a través de medios estéticos. Ambos operan en las calles, en público, con el objetivo de atraer la atención de los medios, ya sea televisión, medios impresos, Internet o museos de arte contemporáneo. Por lo tanto, ambas son actividades estéticas y espectaculares que, al menos en cierto grado, dependen de la circulación viral y la amplificación de sus imágenes, información y mensajes políticos, y, por lo tanto, de las economías de atención de los medios. Pero si la diferencia entre el activismo artístico y el no artístico se ha vuelto indistinguible, entonces es imposible argumentar que el activismo político artístico sería menos efectivo que el activismo político no artístico, o preferir objetivamente uno como políticamente más efectivo o auténtico que el otro.

    Sin embargo, no se puede caer en la conclusión de que la diferencia entre arte y política ha desaparecido por completo, sin dejar un pequeño residuo que permita identificar tal oposición. Aún permanece una diferencia casi invisible, pero no obstante irreducible, entre el arte y la política. El activismo político fuera del mundo del arte, como las recientes protestas de gilets jaunes en Francia, por ejemplo, utilizan estrategias estéticas, simbólicas y mediáticas similares o incluso idénticas a las de los activistas del arte político contemporáneo. Es posible que puedan integrar sus protestas en el espectáculo de los medios de comunicación, mediante el uso de la estética corporativa de los chalecos de señal, y de las redes sociales como Facebook e Instagram para capturar y distribuir imágenes del evento, y así sucesivamente. Sin embargo, también está claro que, para estos activistas políticos no artísticos, no hay ningún valor si sus protestas simbólicas entran a ser consideradas y reconocidas como arte. Los artistas activistas, por el contrario, deben considerar el valor artístico de su práctica, incluso si esto les lleva a la conclusión de que sus actividades solo tienen un valor artístico secundario o incluso no inmediato. Para los activistas políticos no artísticos, tales preguntas y cálculos son absurdos. Sus acciones están impulsadas por cálculos pragmáticos diarios, como si pueden permitirse gasolina suficiente para llegar a un trabajo que les paga por la gasolina.

    Esta diferencia, en el nivel oculto y fenomenológico de intencionalidad, muestra que, en comparación con el activismo no artístico tradicional, el activismo político artístico opera con un excedente excesivo de significado y valor simbólico. El artista como activista puede compartir los cálculos profanos y cotidianos con el activista no artístico tradicional, pero el artista agrega a esto un excedente de intención subjetiva a la hora de producir estas formas de protestas políticas en nombre del arte. Además de todas las otras intenciones pragmáticas que un activista artístico y un activista político no artístico pueden compartir, los artistas políticamente comprometidos son reconocidos por su intención de acceder al reino del arte y su economía simbólica. En un mundo social con un sistema de arte existente y desarrollado, una cosa es dibujar una línea y otra muy distinta dibujar una línea como una obra de arte. En la medida en que se dibuja como arte, y todas las líneas dibujadas por artistas atraen la atención cuidadosa y el juicio del mundo del arte, su distinción de cualquier otra línea profana dibujada sin dicho reconocimiento consiste en el exceso simbólico proporcionado por el contexto del arte. Lo mismo es cierto para el activismo político artístico. En la medida en que se reconozca el activismo político en exposiciones, publicaciones, conferencias y simposios, el exceso simbólico se manifiesta objetivamente. Los espectadores contemporáneos que están familiarizados con el desarrollo histórico del arte, por lo tanto, estarán bien preparados para reconocer estas formas de activismo político como arte. Esto muestra que la diferencia mínima, casi invisible, puede ser intencional y simbólica, pero se manifiesta objetivamente a través del reconocimiento institucional, que a su vez está profundamente anclado en la condición material de la economía política contemporánea.

    La hiperrealidad del activismo político

    Si, de hecho, existe una diferencia simbólica y material casi invisible, objetiva, y que nos permite diferenciar entre estas dos prácticas aparentemente idénticas, se podría concluir fácilmente que el activismo político como arte, ha alcanzado la etapa de estetización absoluta y simulación artística perfecta. La simulación parece estar formada con tal precisión que se hace imposible comprender esa diferencia, sin recurrir a una perspectiva fenomenológica científica. De esta manera, el arte de la acción directa que traza el territorio del activismo político desde una perspectiva artística recuerda a los cartógrafos de la famosa historia de Jorge Luis Borges, sobre un país en el que el arte de la cartografía alcanzó tal perfección que los mapas lentamente reemplazaron al verdadero imperio.[29] En La precisión de los simulacros, Baudrillard se refiere a la precisión del mapa para demostrar que la simulación perfeccionada «ya no es la de un territorio, un ser referencial, una sustancia. Es la generación por modelos de un real sin origen o realidad: un hiperreal. El territorio ya no precede al mapa, ni lo sobrevive. Sin embargo, es el mapa el que precede al territorio, la precesión de los simulacros que engendra el territorio».[30] El activismo político artístico puede describirse claramente en analogía con la ilustración de Baudrillard. Su simulación parece haber alcanzado un nivel de perfección tan alto, que se hace imposible criticarlo como una simple representación del territorio político y no parlamentario del activismo político. El activismo político artístico produce, parafraseando a Baudrillard, una generación de modelos de activismo político que preceden al activismo político no artístico.

    Sin embargo, a menudo no se reconoce que incluso el activismo político no artístico que uno asocia hoy con los Yippies, Spontis, Post-Operaism y sus formas más recientes, los movimientos Occupy y Black Lives Matter, es en sí mismo una forma histórica relativamente nueva de organización política que se basa en técnicas artísticas, incluido el teatro callejero, la creación de situaciones espontáneas, la distribución de medios alternativos, acontecimientos, sentadas, etc. No es un accidente que, en su Revolución por el infierno de 1968, Abbie Hoffman, uno de los activistas políticos más reconocidos e influyentes de la época, describa su estrategia política como una combinación de los estilos de Andy Warhol y Fidel Castro.[31] «Si me viera obligado a tomar una decisión», declara Hoffman con respecto a las condiciones políticas y culturales de la época, «elegiría a Castro, pero ahora, en este período de cambio en el país, los estilos de ambos pueden combinarse». «No es una guerra de guerrillas, pero quizás un buen término sea guerra de micos. Si el país se vuelve más represivo, debemos convertirnos en Castros. Si se vuelve más tolerante, debemos convertirnos en Warhols».[32]

    El cálculo de Hoffman muestra que el territorio mismo del activismo político no artístico desde la segunda mitad del siglo XX ya estaba mapeado por los medios, y las estrategias estéticas de los movimientos artísticos de vanguardia como el dadaísmo y el surrealismo, así como las prácticas artísticas de la década de 1960 como el Pop art o los situacionistas. Esto de ninguna manera significa que el activismo político no artístico contemporáneo pueda o deba reducirse a la historia de las artes. Pero independientemente de si los activistas políticos son conscientes de este linaje, o si eligen sus modelos activistas al mirar el arte tan conscientemente como lo hizo Hoffman, la genealogía de las formas y estrategias contemporáneas del activismo político no artístico se remonta a través de las artes, donde la estética y las técnicas simbólicas se han desarrollado a lo largo de la historia, preparando y mapeando el territorio para el activismo político no artístico.

    Es posible, a este respecto, rastrear aún más el origen del activismo político no artístico de los años sesenta y setenta. Una de las primeras conceptualizaciones del terreno en el que tendría lugar la simulación posterior del activismo político, se puede encontrar en el «Manifiesto para un arte revolucionario independiente» de 1938, escrito por André Breton, el estratega jefe del surrealismo, y León Trotsky después que rompió con la política del Partido Comunista de la Unión Soviética estalinista».[33] En él, los autores visualizan una verdadera cultura humana bajo la condición de ciencia y arte independientes. La premisa de cualquier desarrollo cultural humano es, afirman, la creatividad, el juego libre de las facultades de la imaginación, la intuición y la individualidad. Por esta razón, la crítica política del manifiesto está dirigida a las democracias capitalistas liberales y al fascismo, como su forma más elevada e imperial. La crítica de Breton y Trotsky también está dirigida al proyecto comunista de tipo estalinista, que a sus ojos explotó la producción artística y científica en lugar de desatar la creatividad artística y científica. Para «el mejor desarrollo de las fuerzas de la producción material, la revolución debe construir un régimen socialista con control centralizado», declara el manifiesto. Sin embargo, para «desarrollar la creación intelectual», también agregan, «primero se debe establecer un régimen anarquista de libertad individual».[34] Por lo tanto, para organizar las clases creativas reprimidas de intelectuales y artistas, los dos activistas exigen la fundación de una organización político-artística que pueda describirse como un modelo ideal de las organizaciones de activistas del arte contemporáneo. La llamada Federación Internacional de Arte Revolucionario Independiente fue diseñada para unir a los «miles y miles de pensadores y artistas aislados», que estaban «dispersos por todo el mundo», legitimándose a sí mismos a través de la creencia de que la tarea suprema del arte en nuestra época es participar activa y conscientemente en la preparación de la revolución».[35] Por supuesto, la organización nunca se realizó. Pero se preveía interferir directamente con la esfera política, sin «ninguna autoridad, ningún dictado, ni el menor rastro de órdenes desde arriba», y, sin embargo, funcionar «sobre una base de cooperación amistosa, sin restricciones externas». Los aspectos centrales de la organización han sobrevivido en la base ideológica de muchos proyectos de activismo político alternativo tanto artístico como no artístico, desde la década de 1960 y que están igualmente comprometidos en la creación de estructuras políticas no jerárquicas, lúdicas, colaborativas y autónomas.[36]

    Históricamente, estas nuevas formas políticas difieren de los movimientos políticos anteriores de la Antigüedad y la Edad Media, así como de las luchas de clases modernas entre la burguesía y la aristocracia, y más tarde el proletariado y la burguesía. En su libro Riot Strike Riot, Joshua Clover ha demostrado que la cuestión de si los trastornos sociales en la historia están estructurados como los disturbios espontáneos de las insurrecciones de esclavos y campesinos, sin ninguna estrategia política a largo plazo, o como las llamadas revueltas proletarias que fueron diseñadas y planeadas por profesionales revolucionarios, depende de un principio simple. En períodos históricos, como la era de la industrialización en la que las sociedades estaban determinadas por la producción de bienes de consumo, las demandas sociales y políticas de las masas tendían a afectar el campo de producción a través de huelgas organizadas y estratégicamente planificadas. Mientras que, en las sociedades estructuradas a través del consumo y la circulación de bienes, como las sociedades de consumo posfordistas de Occidente, las demandas sociales y políticas de las masas tienden a afectar el campo de circulación, interrumpiéndolo a través de disturbios espontáneos. Lo que distingue estas formas políticas anteriores, revolucionarias y rebeldes, y las diferencia de las formas contemporáneas de activismo político, es el hecho de que eran proyectos letales, luchados hasta la muerte, ya sea mediante la decapitación de los delincuentes revolucionarios o la decapitación del soberano. Dentro de las limitaciones del mundo occidental en su estado actual, que Foucault ha denominado «biopolítico», esa muerte siempre es un accidente, un momento escandaloso que debe evitarse a toda costa.[37] En consecuencia, las formas arcaicas de ira política ante las injusticias sociales, culturales y ecológicas se invierten principalmente en un nivel simbólico.[38] Están sublimadas en una alta forma cultural de resistencia estética y simbólica, y distribuidas por nuevas formas históricas de activismo político simbólico, que a su vez son cuidadosamente seleccionadas y vigiladas.[39]

    La musealización del activismo político artístico

    Sin embargo, debido a la significación simbólica del arte activista contemporáneo, hoy es posible describir el ascenso y la caída de esta forma históricamente nueva de activismo político simbólico. A primera vista, puede describirse como exitoso en la medida en que sus estrategias simbólicas han atraído y siguen atrayendo la atención de los medios. Además, como crítica de las estructuras de poder y propiedad del mundo del consumidor capitalista tardío, estos proyectos también parecen haber desarrollado una crítica exitosa de la organización política prevaleciente de las estructuras de partido reales existentes, ya sean las de las democracias de presentación occidentales o las nuevas, tipo partidos comunistas.[40] Y, de hecho, en comparación con estos partidos políticos que envejecen, las diversas formas de activismo político desde la década de 1960 parecen ser una forma de vida política real, auténtica y vital. Desde este punto de vista, el activismo político todavía parece ser una opción auténtica para trabajar contra la revolución neoliberal, ya sea a través de formas de protesta o mediante intervención política terapéutica o directa.

    Sin embargo, también es posible y necesario señalar la larga cadena de fracasos y la impotencia de estas formas de activismo político simbólico. En comparación con la implementación política de la revolución neoliberal desde principios de la década de 1980 (la destrucción del estado social moderno y una nueva y creciente división de clases; la redistribución de la riqueza común de abajo hacia arriba y la creación de nuevas redes políticas y económicas de individuos creativos y precarios, auto explotadores; la explotación rigurosa de los recursos naturales y sus efectos globales, como la migración masiva y la guerra), las formas contemporáneas de activismo político simbólico siempre parecen estar un paso atrás. De hecho, a pesar de las revueltas en Génova y Seattle a fines de la década de 1990, y las diversas organizaciones de protesta como Attac, Occupy y Black Lives Matter, la reorganización real del mundo globalizado sugiere que las rebeliones de los medios, los disturbios simbólicos excedentes y la asistencia directa del vecindario, los programas son incapaces de remodelar progresivamente, e incluso influir en esta dirección hacia la reconstrucción de la vida social de una manera sostenible. Tras una inspección más cercana, incluso parecen peligrosamente similares a todos los demás proyectos determinados por el nuevo espíritu del capital: estructuras de servicio creativamente organizadas y movilizadas, temporales y participativas basadas en el trabajo no remunerado y la auto explotación. Y en la medida en que estos proyectos activistas bien intencionados a menudo se diseñan como desestructuraciones temporales y rizomáticas, como estructuras sin estructuras, como modelos performativos, flotantes y circulantes que evitan la estasis material, las jerarquías y otras formas de burocracias,[41] también deben ser escenificados como espectáculos que necesitan repetirse y recrearse, de acuerdo a la lógica general de los eventos de nuestro tiempo, que necesitan ir de evento en evento.

    Nuevamente, si el activismo político no artístico puede describirse desde esta perspectiva histórica como una simulación, no significa que haya una falta de efectividad política. Como se argumentó anteriormente, está claro que no existe un activismo político auténtico, por un lado, y un activismo político no auténtico, fallido, estetizado o simulado, por el otro. Sin embargo, existe una diferencia mínima pero irreductible entre el activismo político no artístico y el artístico que comprende la producción de un excedente simbólico excesivo que sobrepasa la dimensión simbólica del activismo político. Si bien el activismo político no artístico puede emplear estrategias estéticas y simbólicas con desinterés en el hecho, ya sea que se reconozcan o no como arte, el activismo político artístico está impulsado por la intención consciente o inconsciente de significar y codificar las formas estéticas y simbólicas específicas del activismo político no artístico como arte.[42] Y en la medida en que el arte contemporáneo ha alcanzado históricamente un estado en el que tales estrategias activistas son de hecho reconocidas con éxito como arte por museos, bienales y otras instituciones, la función objetiva y el valor del activismo político artístico consiste precisamente en el hecho de que significa activismo político no artístico como una simulación de sí mismo.

    El reconocimiento objetivo y la celebración de estos proyectos activistas como arte subrayan el simbolismo y el valor estético de estas formas históricas de disturbios y protestas con excedentes simbólicos. Su significado por parte de los artistas y el reconocimiento por parte de los curadores y espectadores, significa que se transfieren con éxito al campo del arte y, por lo tanto, al contexto del museo. De hecho, la significación objetiva de estas formas como arte implica su regreso del contexto de la esfera política vital al contexto del museo burgués y el archivo. Pero este regreso del arte políticamente comprometido al contexto musealizado no significa que no sea auténtico y políticamente ineficiente. La función misma del activismo político artístico que significa activismo político como arte, no solo permite, sino que también obliga al espectador a distanciarse de los efectos inmediatos de la acción política directa.

    Ser forzado a tomar esta distancia le da al espectador tiempo y espacio para reflexionar y comparar los productos de lo formal y lo estético, que ya tienen decisiones en nombre de la política, como formas que ya se han quedado sin tiempo. Ya sea una imagen artística, un objeto cotidiano profano o un animal de peluche, la musealización crea una distancia que permite la reflexión sobre la apariencia y el significado, sin verse inmediatamente afectada por su apariencia natural. Los dinosaurios, las estatuas apolíneas y las reliquias de los mártires sagrados han perdido su función en su entorno original y, sin embargo, todavía son accesibles en nuestro mundo. Sin embargo, dado que su mundo original ha desaparecido, también han perdido su poder afectivo inmediato sobre nosotros.[43]

    Lo mismo se aplica a la musealización del activismo político. El exceso de significado simbólico del activismo artístico empuja al espectador a una distancia artificial, lo que permite reconocer el hecho de que el activismo político para la democracia radical y directa pertenece a un mundo pasado. Después del advenimiento declarado del llamado fin de la historia que hoy en día parece ser el fin de una parte particular de la historia determinada por la competencia de dos imperios político-económicos y sus fuerzas ideológicas el trasfondo político y cultural para el activismo democrático radical simbólico ha desaparecido. Estas formas originalmente pertenecían a un período que, con la disolución de la Unión Soviética, ya ha dejado de existir. Al transferirlos al contexto simbólico y al orden del arte, y por lo tanto también al contexto del museo y el archivo, el activismo político artístico obliga al espectador a distanciarse y hacer que estas formas políticas sean visibles como formas del pasado. Esta es la función específica del activismo artístico. Ver estas actividades como arte, como pertenecientes al museo y, por lo tanto, a un mundo que ya ha desaparecido, permite al espectador retroceder y reposicionarse a una distancia contemplativa y reflexiva para comprender y estudiar el origen histórico de los métodos y las técnicas, así como su relación con la función social y los contextos político-económicos. El espectador se ve obligado a reflexionar críticamente y escudriñar estas formas, y a comparar objetivamente el uso estratégico de imágenes e información con todas las demás imágenes y formas que, como la pintura abstracta, los readymades o el Land art, ya se reconocen como arte. El valor de esta comparación debería ser obvio, ya que estas imágenes y formas estéticas han sido interpretadas repetidamente como formas políticas de compromiso artístico. Al mismo tiempo, sin embargo, la musealización del activismo político también significa que el espectador ahora puede estudiar y comparar las imágenes y formas de activismo artístico con otras formas de compromiso político contemporáneo y su estética, la estética carnavalesca de protesta, producción y distribución de imágenes en el espacio público y los medios de comunicación, así como con formas históricas de activismo político. El valor político del arte activista reside en el hecho de que proyecta los procedimientos estéticos y simbólicos del activismo político como arte y, por lo tanto, los hace visibles como formas históricas específicas de política, como formas de un mundo perdido del pasado.

     

    [1] Para un breve y preciso análisis histórico sobre este desarrollo, ver Karen van den Berg, Kritik, Protest, Poiesis: Künstler mischen sick ein—von 1970 bis heute (Hamburg: Murmann Publishers, 2015.

    [2] Para conocer la defensa teórica más destacada de esta posición en las últimas décadas, ver Jacques Rancière, The Politics of Aesthetics: The Distribution of the Sensible (London: Bloomsbury, 2006).

    [3] Otras actividades en el campo del arte durante ese tiempo, como las de Situationists International e incluso Fluxus, no intentaron transferir las formas organizativas de activismo al campo del arte, sino que abandonaron las instituciones de arte para transferir métodos artísticos y técnicas en la vida ordinaria.

    [4] Boris Groys, «On Art Activism,» e_flux Journal (Junio 2014), consultado Febrero 13, 2019,

    http://www.e-flux.com/journal/on-art-activism/

    [5] Joseph Beuys, «Die Gesellschaft als Kunstwerk,» in Kunst = Kapital: Achberger Vortrage (Achberg, Germany: FIU-Verlag, 2018), 18. Todas las traducciones son del autor.

    [6] Ibid.

    [7] Ibid., 30ff.

    [8] Ibid., 15.

    [9] Cartas a Beuys de Marcel Broodthaers, «Mon cher Beuys», desde 1972 se puede considerar que fue la primera contribución que reconoce esta conexión, influyendo de esta manera en una de las más significativas críticas sobre el proyecto político de Beuys.  Para una reproducción de estas cartas, ver Birgit Pelzer, «Recourse to a Letter,» October, No. 42 (Fall 1987): 174-76.

    [10] Beuys, «Die Gesellschaft als Kunstwerk», 21.

    [11] Ibid., 27.

    [12] Annemarie Hürlimann, «Joseph Beuys», en Mythos & Ritual in der Kunst der 70er. Jahre (Zurich: Kunsthaus Zurich, 1981), 89; citada en Bettina Funcke, «Joseph Beuys. Charlatanism as Media Strategy», Public Journal no 37 Public Access Collective (Spring 2008): 86-97.

    [13] Philippe Lacoue-Labarthe, Heidegger, Art, and Politics: The Fiction of the Political (Cambridge, UK: B. Blackwell, 1990).

    [14] Esta conexión fue reconocida muy pronto por Broodthaers. Ver Pelzer, «Recourse to a Letter», 174-76. Esta línea crítica lleva a Benjamin Buchloh, quien, aunque en tono polémico, revela por primera vez el uso de fotografías por parte de Beuys con el fin de crear su propia mitología, lo que los populistas de hoy todavía usan para vincular a Beuys aún más cerca del fascismo. «Der ewige Hitlerjunge,» in Nach den grossen Erzählungen (Frankfurt Am Main: Suhrkamp, 2009),106-15.

    [15] Ciertamente, es más que una coincidencia que Beuys haya intentado entrar en la escena intelectual de la London School of Economics, el lugar donde Karl Popper desarrolló al menos algunos de los fundamentos teóricos para la nueva sociedad liberal de finales del siglo XX y donde Friedrich Hayek, el fundador de la doctrina neoliberal de libre mercado de la escuela de Chicago, trabajó en una relación cercana y amistosa con él antes de mudarse a la Escuela de Economía de la Universidad y su director Ralf Dahrendorf, quien fue uno de los principales, aunque moderados, neoliberales germano-británicos. De hecho, incluso si fuera imposible reducir la perspectiva de Beuys al paradigma neoliberal, estos estrechos vínculos sugieren, como mínimo, una conexión para futuros estudios. Ver Beuys, «Die Gesellschaft als Kunstwerk», 20.

    [16] Esta línea crítica, que también ha dado forma al discurso de Beuys en los Estados Unidos, comienza accidentalmente después del reconocimiento exitoso de sus proyectos por parte de importantes instituciones de arte como el Museo Solomon R. Guggenheim. Con respecto a la ausencia de una profunda recepción crítica del trabajo de Beuys, ver Benjamin H. D. Buchloh, Rosalind Krauss, y Annette Michechelson, «Joseph Beuys en el Guggenheim», October, no. 12 (Spring 1980): 3-21.

    [17] Stefan  Germer, «Haacke, Broodthaers, Beuys», October, no. 45 (Summer 1988): 63-75. La política del neoliberalismo y su desarrollo histórico desde el paradigma ordocapitalista de la década de 1930 hasta las posteriores doctrinas de libre mercado, desarrolladas en las escuelas de economía de Londres y Chicago, no eran tan obvias en 1988. Esta puede ser una de las razones por las que Germer todavía habla aquí sobre la ideología del Wirtschaftswunder (milagro económico alemán). Cf. ibid., p. 71.

    [18] Ibid 70-71.

    [19]   Ibid., 75, 70.

    [20] Buchloh, Krauss, y Michelson, «Joseph Beuys at the Guggenheim», 14.

    [21] Luc Boltanski and Eve Chiapello, The New Spirit of Capitalism, trans. Gregory Elliott (London: Verso, 2005), 68.

    [22] Ibid.

    [23] Buchloh, Krauss, and Michelson, «Joseph Beuys at the Guggenheim», 14.

    [24] Ver por ejemplo, «Mosireen—Visibleproject», Visible Project, accessed February 15, 2019, https://www.visibleproject.org/blog/project/mosireen/.

    [25] Su trabajo se ha exbibido entre otros en la 7a Bienal de Berlin en 2012, pero también fue discutido por varios críticos de arte, por ejemplo Basia Lewandowska Cummings, «In Focus: Mosireen», Frieze, no. 157 (September 2013), accessed February 15, 2019, https://frieze.com/article/focus-mosireen.

    [26] Durante los disturbios de julio de 2011, por ejemplo, Mosireen organizó el cine Tahrir para oponerse a los medios «oficiales» con una contranarrativa de los acontecimientos.

    [27] En su libro Strike Art!, Yates McKee intenta demostrar que el hecho de que las estrategias estéticas se hayan desarrollado durante mucho tiempo como arte y que muchas protestas sean organizadas por artistas, proporciona una comprensión de estos proyectos también como arte, particularmente desde una perspectiva histórica del arte profesional. Yates McKee, Strike Art! El arte contemporáneo y la post condición (London: Verso, 2016).

    [28] Benjamin was one of the first authors who recognized the phenomenon, which can be subsumed under his famous category of the «aesthetization of political life.» See. Walter Benjamin, «The Work of Art in the Age of Mechanical Reproduction», in Illuminations: Essays and Reflections, trans. Harry Zohn (New York: Schocken Books, 1968).

    [29] Jorge Luis Borges, «Del Rigor en la Ciencia» en Historia universal de la infamia (London: Penguin, 2004).

    [30] Jean Baudrillard, «The Precision of Simulacra», in Simulacra and Simulation (Ann Arbor: University of Michigan Press, 1994).

    [31] Abbie Hoffman, Revolution for the Hell of It (New York: Dial Press, 1970), 59.

    [32] Ibid.

    [33] André Breton y Leon Trotsky, «Manifesto for an Independent Revolutionary Art», Marxists.org, accessed January 18, 2018, https://www.marxists.org/subject/art/lit_crit/works/rivera/manifesto.htm.

    [34] Ibid.

    [35] Ibid.

    [36] Ibid.

    [37] Michel Foucault, «Society Must Be Defended»: Lectures at the College de France, (New York: Picador, 2003), 95ff. 38 1975-1976 (New York: Picador, 2003), 95ff.

    [38] The historical structure that Clover discovered as an analogy to Marx can be explained in this regard as riot-strike-(surplus) riot. See Joshua Clover, Riot strike Riot: The new era of Uprisings (London: Verso, 2016).

    [39] Jacques Ranciere’s theorem according to which the political is replaced by the police, points to this phenomenon but misses that both the politics of the dissensus that operates on the aesthetic level and its policing belong to the same territory of the symbolic politics of signs. Jacques Ranciere, Dissensus: On Politics and Aesthetics (London, Bloomsbury, 2010).

    [40] See as an exemplary form of this post-Marxist critique, Ernesto Laclau and Chantal Mouffe, Hegemony and Socialist Strategy: Toward a Radical Democratic Politics (London: Verso, 2001).

    [41] Stefano Harney and Fred Moten, The Undercommons: Fugitive Planning & Black study (Wivenhoe, NY: Minor Compositions, 2013), 20.

    [42] Por supuesto, los artistas pueden negar esta intención, ya que tienden a enfatizar que el valor de sus proyectos y la intención en sí misma, puede estar motivada por objetivos diferentes. Los activistas pueden incluso verse tentados a ingresar al mundo del arte para apropiarse de fondos culturales para reinvertir el capital en proyectos sociales. Pero esto muestra que, independientemente de sus intenciones, el arte y las estructuras museales se han preparado para estas prácticas, como si fueran objetos y prácticas de un tiempo diferente.

    [43] Parts of this argument were presented at the conference «Creative Dissidence: A Workshop on Art and Activism», University of York, June 5, 2013. See also Philipp Kleinmichel, «Artists as Activists: The Simulation of Politics and Its Value», AM Journal of Art and Media Studies, no. 7 (March 2015): 13-20.

  • RIESGOS DE MANIPULAR EL ASBESTO

    RIESGOS DE MANIPULAR EL ASBESTO

    Los materiales que contienen asbesto pueden ser peligrosos para la salud si no se mantienen adecuadamente, o si se alteran de alguna manera (perforación, corte, aserrado, fresado, lijado, pintura, etc.) o se eliminan descuidadamente, causando la liberación de fibras.

    Hay dos tipos de materiales que contienen asbesto:

    • Materiales friables
    • Materiales no friables

    El término “friable” se refiere a materiales que contienen asbesto y que pueden reducirse fácilmente a polvo cuando se trituran con la mano, aun permaneciendo secos. Los productos de asbesto no friables están hechos de un compuesto adhesivo (como el cemento mezclado con asbesto, o en el caso de juntas y frenos de carros). Los productos de asbesto no friables son sólidos, rígidos, y no pueden desmenuzarse, pulverizarse ni reducirse a polvo mediante presión manual. Las fibras de asbesto que forman parte del producto se liberan al aire cuando se manipulan o se usan según lo previsto, como en el caso de los frenos. Los ejemplos de materiales que contienen asbesto no friable incluyen:

    • Productos de fibrocemento (láminas planas, perfiladas y corrugadas utilizadas en paredes, techos y cubiertas, elementos moldeados como bajantes)
    • Tanques de agua y tuberías en asbesto cemento
    • Plásticos reforzados
    • Selladores de techos
    • Adhesivos
    • Pinturas y recubrimientos
    • Baldosas
    • Juntas
    • Ropa para bomberos
    • Alféizares de ventanas

     ASBESTO Y SALUD

    Las fibras de asbesto no son visibles a simple vista. Son tan pequeñas que se necesitaría colocar cientos de fibras de asbesto, una al lado de la otra, para igualar el ancho de un cabello humano.

    La Organización Mundial de la Salud afirma que no existe un nivel seguro de exposición a las fibras de asbesto y que todas las formas de asbesto son cancerígenas para los seres humanos.

    Respirar fibras de asbesto puede causar una variedad de enfermedades en los pulmones, que incluyen mesotelioma, cáncer de pulmón y asbestosis.

    Los estudios científicos revisados por el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés, 2012) demuestran que el asbesto también puede causar cáncer de laringe y ovarios, y se asocia además con cáncer de faringe, estómago y colorrectal. Otros cánceres también han sido reportados. Cuando se inhalan las fibras de asbesto, estas pueden permanecer en lo profundo de los pulmones.

    Pueden alojarse en el tejido pulmonar y causar inflamación, cicatrices y tumores que conducen a una mayor gravedad. Las enfermedades relacionadas con el asbesto generalmente tardan muchos años, a veces décadas, en desarrollarse.

    Sin educación formal, pocos propietarios de viviendas o gerentes de empresas se sienten seguros de comprender exactamente dónde se encuentra el asbesto en el hogar o en la empresa y cómo se identifica. Educar a los propietarios de viviendas sobre los riesgos del asbesto en el hogar y cuáles son sus responsabilidades es un paso importante para aumentar las evaluaciones del asbesto. Una mayor conciencia y comprensión ayudará a empoderar a los colombianos para abordar y manejar el asbesto, ajustados a normas técnicas que reduzcan los riesgos de la exposición doméstica y ambiental, tanto en los hogares como en la industria.

    Si usted está planeando renovar su casa, es importante que sepa primero si en ella puede haber asbesto. Muchas personas desconocen la gama completa de los materiales que contienen asbesto y que se encuentran en y alrededor de los hogares colombianos. También hay grandes vacíos en el conocimiento sobre los lugares y objetos en que se puede encontrar asbesto dentro de la casa, por ejemplo, en los tanques de agua, debajo de los pisos y en las áreas de los techos.

    Tenga cuidado con el asbesto en el hogar, aprenda a identificarlo y observe buenas prácticas. Desde la Fundación Colombia Libre de Asbesto venimos trabajando en un manual para el Manejo del asbesto: guía de buenas prácticas para reducir el riesgo de exposición al asbesto instalado. En los próximos meses esperamos cumplir con esta tarea.

    Los mantendremos informados.

  • ONCE ARTÍCULOS FRAUDULENTOS SOBRE EL ASBESTO

    ONCE ARTÍCULOS FRAUDULENTOS SOBRE EL ASBESTO

    Por Kathleen Ruff

    Exdirectora del Court Challenges Program of Canada (ccp) y de la Comisión Ciudadana por los Derechos Humanos de Columbia Británica. Fue la fundadora y editora del Canadian Human Rights Reporter. Coordinadora de la Alianza del Convenio de Rotterdam, fundadora de rightoncanada.ca y asesora principal de derechos humanos del Instituto Rideau de Asuntos Internacionales.

    Traducción del texto original en inglés «Scientific articles, intended to cast doubt on harm caused by chrysotile asbestos, were potentially part of a crime-fraud» (2013), publicado en RightOn Canada. Recuperado de http://bit.ly/2TmVjEj.

    Texto original en español publicado en ASBESTO EN COLOMBIA: Fundamentos para el debate.

    La periodista y activista de derechos humanos canadiense, denuncia el comportamiento corporativo de la industria del asbesto al filtrar documentos en revistas con concejos editoriales proclives al sesgo; ella señala puntualmente que las grandes corporaciones a menudo invierten estratégicamente en agendas de investigación, cuyo objetivo es desarrollar un cuerpo de conocimiento científico favorable a un interés económico particular o útil, para defenderse contra demandas particulares de responsabilidad legal,  y aunque para algunos académicos estas declaraciones sean simples datos anecdóticos, estas terminan siendo las fuentes que alimentan los análisis del estado del arte en temas relacionados con el asbesto, sembrando la literatura científica con estudios financiados por la propia industria para afectar la veracidad de las conclusiones que emiten los expertos. Este es, puntualiza ella, el problema de nuestro tiempo.

    INTRODUCCIÓN

    En una poderosa decisión, un tribunal de apelaciones de Nueva York encontró que 11 artículos, publicados en revistas científicas, fueron potencialmente parte de un delito de fraude. Los artículos, financiados por Georgia-Pacific, tenían la intención de arrojar dudas sobre la capacidad del asbesto crisotilo para causar cáncer.

    El 6 de junio de 2013, cinco jueces de un Tribunal de Apelaciones de Nueva York dictaminaron de manera unánime (New York Supreme Court, Appellate Divison, 2013) que Georgia-Pacific (GP) debe permitir una revisión (privada) en cámara de documentos y datos brutos relacionados con 11 estudios de investigación publicados y financiados por GP, relativos a los efectos sobre la salud del compuesto para masillas de esta empresa —un producto utilizado en la construcción—, el cual contiene asbesto.

    El tribunal de apelación rechazó el argumento de GP de que los documentos estaban protegidos por el privilegio del sigilo entre abogado-cliente, por lo que no deberían divulgarse. Normalmente, el privilegio del sigilo abogado-cliente se considera sacrosanto en Estados Unidos. Sin embargo, en circunstancias excepcionales, ese privilegio puede anularse. Los jueces de apelación decidieron que se trataba de una situación excepcional y confirmaron una decisión judicial anterior que dictaminó que debe ejecutarse una revisión a puerta cerrada de los documentos, para determinar si se aplica la excepción de fraude delictivo al privilegio del sigilo abogado-cliente.

    Los cinco jueces observaron que la excepción de fraude delictivo comprende «un plan fraudulento, una supuesta violación del deber fiduciario o
    una acusación de otra conducta ilícita» (New York Supreme Court, Appellate Division, 2013).

    Los consejos para el cumplimiento de un objetivo fraudulento o ilegal no pueden considerarse sólidos. Más bien, el asesoramiento en el cumplimiento de tales objetivos es socialmente perverso, y las comunicaciones del cliente que buscan tal consejo no son dignas de protección. (New York Supreme Court, Appellate Division, 2013)

    GP financió estos estudios en 2005 para ayudarse en su defensa de las demandas relacionadas con el asbesto, los cuales se presentaron falsamente como investigaciones independientes y se publicaron en las siguientes revistas científicas: Inhalation Toxicology, Journal of Occupational & Environmental Hygiene, Annals of Occupational Hygiene y Risk Analysis. En efecto, el tribunal señaló que los estudios tenían la intención de arrojar dudas sobre la capacidad del asbesto crisotilo para causar cáncer y que los autores no revelaron la participación y sugerencias del abogado de GP en largas discusiones sobre el contenido de los manuscritos antes de la publicación. Incluso, dos artículos afirmaron que «[GP] no participó en el diseño del estudio, el análisis de los datos o la preparación del manuscrito» (New York Supreme Court, Appellate Division, 2013) y la afirmación de David Bernstein de que su investigación fue «patrocinada» por una subvención de gp resultó falsa. En realidad, no existieron tales subvenciones y Bernstein fue contratado por GP en una tarifa por horas.

    Asimismo, el tribunal declaró que la única revelación sobre conflictos de interés en tres artículos liderados por David Bernstein y coescritos por Stewart Holm, fue que la investigación era «patrocinada» o «respaldada» por una beca de GP. Los artículos no explicitaron que Holm fue contratado especialmente por gp para los litigios por asbesto o que él informaba al abogado interno de la empresa. Los artículos tampoco informaron que Bernstein hubiese sido testigo experto de GP en el litigio por asbesto del Condado de Nueva York desde 2009, que había testificado como experto en defensa de Union Carbide Corporation en litigios sobre asbesto o que había recibido pago y hablado en nombre del Instituto del Crisotilo, el brazo para cabildeo de la industria minera del crisotilo en Quebec.

    Si bien Bernstein se presenta como un científico independiente, él ha sido financiado durante décadas y ha trabajado en estrecha colaboración con la industria del asbesto en todo el mundo. Por ejemplo, en agosto de 2012, Bernstein fue llevado por el lobby brasileño del asbesto para testificar ante
    la Corte Suprema de Brasil, en apoyo de la industria y su negativa a que el asbesto crisotilo debería ser prohibido.

    El tribunal de apelación también señaló que, aunque GP se esforzó tardíamente a abordar las deficiencias de algunas de sus divulgaciones, sus correcciones no reconocieron la participación de su abogado interno y no aclararon que el testimonio del doctor Bernstein como testigo experto precedió a la publicación del primer artículo sobre el compuesto para masilla de GP, reformulado en 2008.

    De acuerdo con los jueces de apelación, lo anterior constituye una base fáctica suficiente para concluir que las comunicaciones relevantes podrían haberse realizado en fomento de un fraude y el tribunal de mociones confirmó la recomendación de proponer la revisión en cámara de los documentos internos. Los jueces citaron la observación del tribunal anterior sobre lo preocupante que es la participación tan íntima del abogado interno de GP en estudios científicos —los cuales deberían ser objetivos—, especialmente a la luz de las negaciones de GP de dicha participación.

    Los jueces de apelación citaron una sentencia judicial que dice que «las grandes corporaciones a menudo invierten estratégicamente en agendas de
    investigación, cuyo objetivo es desarrollar un cuerpo de conocimiento científico favorable a un interés económico particular o útil, para defenderse contra demandas particulares de responsabilidad legal» (New York Supreme Court, Appellate Division, 2013). También citaron la sentencia del caso contra la British American Tobacco: «la publicación de los hallazgos y conclusiones [de la investigación] invita al uso de personas a quienes los hallazgos favorecen y a la confianza de los que buscan los hechos. El público tiene interés por resolver disputas sobre la base de información precisa» (New York Supreme Court, Appellate Division, 2013). En el presente caso, GP encargó los estudios en anticipación a un litigio y admitió que «[en] un momento apropiado y después de que se hubiere completado su publicación, GP planeaba presentar los resultados de los estudios en litigio» (New York Supreme Court, Appellate Division, 2013).

    Finalmente, el tribunal de apelación declaró que los principios de imparcialidad requieren una divulgación más completa y que no se debe permitir
    que GP use las conclusiones de sus expertos como una espada al sembrar la literatura científica con estudios financiados por la misma empresa, mientras que usa el privilegio como escudo al retener los datos brutos subyacentes, los cuales podrían ser objeto de escrutinio por parte de la parte contraria y afectar la veracidad de las conclusiones de sus expertos.

    RESPONSABILIDAD DE LAS REVISTAS CIENTÍFICAS

    Las revistas científicas que publicaron los artículos son Inhalation Toxicology (cuatro artículos), Journal of Occupational & Environmental Hygiene (cuatro artículos), Annals of Occupational Hygiene (dos artículos) y Risk Analysis (un artículo).

    Estas cuatro revistas científicas fueron supuestamente engañadas para que publicaran artículos manipulados, controlados y financiados por la industria del asbesto como si se tratara de investigaciones científicas legítimas e independientes. Por lo tanto, las revistas engañaron y les fallaron a sus lectores sin saberlo. Es importante que estas cuatro revistas científicas publiquen una disculpa a sus lectores, eliminen los artículos de sus sitios web y archivos y los reemplacen por una declaración que explique la razón de la eliminación.

    Así, es de esperar que científicos y defensores de la salud, preocupados por la integridad de la ciencia y la protección de la salud, se pongan en contacto con las revistas, haciendo esta solicitud y publicando la respuesta que reciban.

    LISTA DE LOS ARTÍCULOS FRAUDULENTOS

    • Bernstein, D. M., Donaldson, K. T., Decker, U., Gaering, S., Kunzendorf, P., Chevalier, J., y Holm, S. E. (2008). A biopersistence study following
      exposure to chrysotile asbestos alone or in combination with fine particles. Inhalation Toxicology, 20(11), 1009-28.
    • Bernstein, D. M., Rogers, R. A., Sepulveda, R., Donaldson, K. T., Schuler, D., Gaering, S. Holm, S. E. (2010). The pathological response and fate in the lung and pleura of chrysotile in combination with fine particles compared to amosite asbestos following short-term inhalation exposure: interim results. Inhalation Toxicology, 22(11), 937-62.
    • Bernstein, D. M., Rogers, R. A., Sepulveda, R., Donaldson, K. T., Schuler, D., Gaering, S. Holm, S. E. (2011). Quantification of the pathological response and fate in the lung and pleura of chrysotile in combination with fine particles compared to amosite-asbestos following short-term inhalation exposure. Inhalation Toxicology, 23(7), 372-91.
    • Berman, D. W., Brorby, G. P., Sheehan, P. J., Bogen, K. T., y Holm, S. E. (2012). More on the dynamics of dust generation: the effects of mixing
      and sanding chrysotile, calcium carbonate, and other components on the characteristics of joint-compound dusts. Annals of Occupational Hygiene, 56(7), 852-67.
    • Brorby, G. P., Sheehan, P. J., Berman, D. W., Greene, J. F., y Holm, S. E (2008). Re-creation of historical chrysotile-containing joint compounds. Inhalation Toxicology, 20(11), 1043-53.
    • Brorby, G. P., Sheehan, P. J., Berman, D. W., Bogen K. T., y Holm, S. E. (2011). Potential artifacts associated with historical preparation of joint compound samples and reported airborne asbestos concentrations. Journal of Occupational and Environmental Hygiene, 8(5), 271-8.
    • Brorby, G. P., Sheehan, P. J., Berman,D. W., Bogen K. T., y Holm, S. E. (2013). Exposures from chrysotile-containing joint compound: evaluation of new model relating respirable dust to fiber concentrations. Risk Analysis, 33(1), 161-76.
    • Jones, R. M., Simmons, C. E., y Boelter, F. W. (2011). Comparing two-zone models of dust exposure. Journal of Occupational and Environmental Hygiene, 8(9), 513-9.
    • Jones, R. M., Simmons, C. E., y Boelter, F. W. (2011). Development and evaluation of a semi-empirical two zone dust exposure model for a dusty construction trade. Journal of Occupational and Environmental Hygiene, 8(6), 337-48.
    • Sheehan, P. J., Brorby, G. P., Berman, D. W., Bogen, K. T., y Holm, S. E. (2011). Chamber for testing asbestos-containing products: validation and testing of a re-created chrysotile-containing joint compound. Annals of Occupational Hygiene, 55(7), 797-809.
    • Simmons, C. E., Jones, R. M., y Boelter, F. W. (2011). Factors influencing dust exposure: finishing activities in drywall construction. Journal of Occupational and Environmental Hygiene, 8(5), 324-36.

    Los 11 artículos que se acaban de listar fueron citados en declaraciones judiciales por Stewart Holm, director de Toxicología y Manejo Químico de GP,
    como «investigación basada en litigios» (O’Neill, 2013, p. 1). Según el tribunal y como ya se mencionó, los documentos no eran enteramente el producto de mentes científicas independientes, sino que la empresa contrató a un grupo de expertos, quienes reportaban a los abogados de GP. El análisis permitió observar que los autores no revelaron que el asesor jurídico de GP desempeñó un papel significativo en la preparación de los estudios, pues participó en largas discusiones de los manuscritos y sugirió revisiones. Seth Shulman, de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS), explicó la importancia de este asunto:

    ¿Por qué preocuparse por un montón de artículos técnicos en revistas científicas arcanas? Debido a que, como señaló el tribunal, hay indicios de que esos estudios fueron una mala información plantada deliberadamente para poner en duda la naturaleza carcinogénica del asbesto crisotilo, un componente del joint compound de Georgia Pacific para trabajos de construcción. (O’Neill, 2013, p. 3)

    Stewart Holm fue coautor de los tres documentos publicados en Inhalation Toxicology y coautor de casi todos los estudios. En una declaración de junio de 2011 a la Corte Suprema de Nueva York, Holm dijo que había sido «especialmente contratado» por GP en 2005 para «prestar servicios de consultoría especializada en relación con los litigios pendientes y venideros relativos a la supuesta exposición al asbesto» (O’Neill, 2013, p. 3). Según el tribunal de apelación, Holm reveló que trabajó «bajo los auspicios» de los abogados internos de la compañía, «que también participaron significativamente en el proceso de revisión previa a la publicación » (O’Neill, 2013, p. 3). Una condición que Holm describió es que cualquier
    publicación de esta «investigación basada en litigios» tenía que ser aprobada por el principal abogado litigante de GP, John Childs (O’Neill, 2013, p. 3).

    Los jueces de Nueva York adoptaron una opinión muy diferente y exigieron la divulgación de los datos relativos a los estudios con plena justificación, debido a que el caso involucraba «un esquema fraudulento, un supuesto incumplimiento del deber fiduciario o una acusación de conducta inapropiada» (O’Neill, 2013, p. 4). La corte agregó que los documentos en los que Donaldson era coautor no hicieron revelaciones importantes, pues no hizo mención alguna «de que Holm fue empleado especialmente por gp para el litigio de asbesto o que él reportaba al abogado residente de la compañía» (O’Neill, 2013, p. 4).

    Los seis coautores (Bernstein, Rogers, Sepúlveda, Decker, Gaering y Kuzendorf) recibieron pagos de GP por un total de US$ 2.3 millones, como informó la corte. Holm estimó que Donaldson había recibido alrededor de us$ 6000 (O -Neill, 2013).

    Por otro lado, estos documentos de la Corte Suprema de Nueva York no solo involucran al profesor Donaldson. El más reciente dice que su testimonio
    sería sobre «conceptos respecto de la dosis, el aclaramiento, la biopersistencia y cómo el cuerpo reacciona de forma diferente al crisotilo» (O’Neill, 2013, p. 5), comparado con otras formas de asbesto, incluyendo la aseveración de que «las fibras cortas de crisotilo no son una causa potente de la enfermedad en seres humanos y, en dosis bajas, no se espera que causen enfermedad en absoluto, incluyendo el mesotelioma» (O’Neill, 2013, p. 5).

    REFERENCIAS

    O’Neill, R. (2013). Dust storm: «crime-fraud» allegations cloud conference. Hazards Magazine,
    (123). Recuperado de http://bit.ly/2GWsLeY.

    Ruff, K. (2013). Scientific articles, intended to cast doubt on harm caused by chrysotile asbestos, were potentially part of a crime-fraud. Ottawa: RightOn Canada. Recuperado de http://bit.ly/2TmVjEj. New York Supreme Court, Appellate Division. (6 de junio de 2013). In the matter of New York City Asbestos Litigation. Weitz & Luxenberg P. C. et al., respondents, v Georgia-Pacific LLC, appellant. New York State Law Reporting Bureau. Recuperado de http://bit.ly/2VwJoBd.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • COLOMBIA PROHÍBE EL ASBESTO

    COLOMBIA PROHÍBE EL ASBESTO

     

    Bajo la premisa del “uso controlado”, Colombia ha sido consumidor de asbesto desde hace 78 años, y productor desde hace 42, replicando prácticas industriales y mineras importadas de Europa y Norteamérica, con un promedio de 20.000 toneladas anuales de consumo en las últimas décadas, a pesar de las advertencias de algunas voces científicas e institucionales aisladas, que se pronunciaron en los años 80.

    Es solo en la primera década del 2000 que aparecen iniciativas jurídicas y legislativas tendientes a su prohibición, sistemáticamente fallidas, que se prolongan durante casi toda la segunda década, cuando en 2019 cristaliza al fin un proyecto de ley que logra el apoyo unánime del Congreso de la República.

    Pero este es el resultado de la labor seria y persistente de líderes sociales, ambientales y políticos, científicos y académicos, mediáticos y artísticos, incluyendo a funcionarios del Estado, quienes fueron creando un movimiento a favor de la prohibición definitiva del asbesto en Colombia, con el apoyo de una creciente ola de opinión pública, quienes lograron superar todos los obstáculos hasta la aprobación final en junio de 2019.  La Ley Ana Cecilia Niño, en homenaje a las víctimas del asbesto, fue sancionada por el Sr. Presidente de la República el 11 de julio de 2019.

     

    EL CONGRESO DE LA REPÚBLICA

    DECRETA:

    ARTÍCULO 1°. OBJETO. La presente ley tiene por objeto preservar la vida, la salud y el ambiente de los trabajadores y todos los habitantes, del territorio nacional frente a los riesgos que representa la exposición al asbesto para la salud pública, colectiva e individual en cualquiera de sus modalidades o presentaciones.

    ARTÍCULO 2°. PROHIBICIÓN, A partir del primero (1) de ene/o de 2021 se prohíbe explotar, producir, comercializar, importar, distribuir o exportar cualquier variedad de asbesto y de los productos con él elaborados en el territorio nacional.
    Parágrafo. La prohibición dispuesta en el presente artículo no aplicará ni generará consecuencias jurídicas respecto al asbesto instalado antes de la fecha establecida.

    ARTÍCULO 3°. Política pública para sustitución de asbesto instalado. El Gobierno nacional, contará con un período de cinco (5) años contados a partir de la promulgación de la presente ley, para formular una política pública de sustitución del asbesto instalado.

    Parágrafo 1°. Durante este período, el Ministerio del Trabajo, el de Salud y Protección Social, Ambiente y Desarrollo Sostenible y el de Comercio Industria y Turismo, establecerán de manera coordinada mediante Reglamentación conjunta, las medidas regulatorias necesarias que permitan cumplir la presente norma y reducir hasta su eliminación de manera segura y sostenible el uso del asbesto en las diferentes actividades industriales del país.

    Parágrafo 2°. Durante este período, las entidades a que hace referencia el parágrafo primero de este artículo establecerán las medidas necesarias para garantizar la identificación y la reconversión productiva de los trabajadores expuestos y relacionados con la cadena de extracción, procesamiento, almacenamiento, distribución y comercialización del asbesto, así como las medidas de identificación y monitoreo sobre la salud de estos trabajadores por un período umbral de 20 años.

    Parágrafo 3°. En ningún caso la aplicación de lo dispuesto en la presente ley deberá (i) obstaculizar las relaciones laborales, y/o; (ii) generar el despido o terminación del contrato de ninguna persona, en razón de la sustitución del asbesto. Estas medidas pretenden evitar el impacto desproporcionado de la prohibición sobre los trabajadores de las empresas que usan asbesto.

    ARTÍCULO 4°. Títulos para la explotación de asbesto. A partir de la expedición de esta ley, no podrán otorgarse concesiones, licencias o permisos, ni prórrogas, para la explotación y exploración del asbesto en el territorio nacional.

    Parágrafo 1°. Las actividades que cuenten con título, contrato, licencia ambiental o con el instrumento de control y manejo ambiental equivalente para la explotación y exploración de asbesto, deberán iniciar la fase de desmantelamiento y abandono cumpliendo la normativa vigente
    para dicha fase, especialmente lo establecido en el artículo 2.2.2.3.9.2 del Decreto 1076 de 2015, o la norma que la modifique, sustituya o adicione, con el fin de preservar la vida, la salud y el ambiente de todos los habitantes del territorio nacional, a más tardar el primero (1°) de enero de 2021.

    Parágrafo 2°. Mientras se encuentren vigentes los títulos en los términos del parágrafo anterior, el Ministerio de Salud y Protección Social, el Ministerio de Minas y Energía, el Ministerio de Trabajo y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible evaluarán anualmente el cumplimiento de las regulaciones de orden técnico, de higiene, seguridad y laborales sobre la exploración y explotación de asbesto, a los títulos o permisos vigentes, de conformidad con lo dispuesto en el capítulo XII, de la Ley 685 de 2001. Asimismo, el Ministerio del Trabajo, a través de las direcciones territoriales, velará porque se dé estricto cumplimiento a la normatividad vigente.

    ARTÍCULO 5°. Plan de adaptación laboral y reconversión productiva. El Gobierno nacional en cabeza del Ministerio de Trabajo, Agricultura y Desarrollo Rural, Minas y Energía, Comercio Industria y Turismo, Educación, Salud y Protección Social, y el Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena); adelantarán un Plan de Adaptación Laboral y reconversión productiva que garantice a los trabajadores de las minas e industria del asbesto la continuidad del derecho al trabajo y el seguimiento a sus condiciones de salud por medio de programas de formación, capacitación y fortalecimiento empresarial en actividades diferentes a la minería de asbesto.

    El plan de adaptación laboral y reconversión productiva tendrá por objetivos:

    1. Identificar a los trabajadores afectados por la exposición al asbesto.

    2. Generar los estudios epidemiológicos necesarios para la observancia a la salud de estos trabajadores.

    3. Dictar medidas que garanticen la reubicación de un trabajo, un nuevo empleo o la participación en las actividades económicas propias de la reconversión productiva, que no genere las afectaciones a la salud que produce el contacto con el asbesto.

    4. Establecer los programas o proyectos de reconversión a que haya lugar, que involucren las dimensiones ambiental y productiva.

    5. Implementar un programa especial para el municipio de Campamento, Antioquia, con el fin de que todos los trabajadores de la mina tengan una adecuada adaptación laboral y económica.

    ARTÍCULO 6°. Comisión Nacional para la Sustitución del Asbesto. Créase la Comisión Nacional para la Sustitución del Asbesto, que estará conformada por los siguientes integrantes: dos delegados del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, dos delegados del Ministerio de Salud y Protección Social, dos delegados del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, dos delegados del Ministerio de Minas y Energía, dos delegados del Ministerio del Trabajo, que serán designados por el Ministro de la Rama correspondiente, un delegado de Colciencias postulado por el Director General, un Veedor Ciudadano y un integrante de Universidades que represente a la academia, elegido por convocatoria pública. Los Ministerios desarrollarán las funciones encomendadas a la Comisión, en el ámbito de su competencia funcional.

    La Comisión tendrá a su cargo las siguientes funciones, sin perjuicio de las que establezca posteriormente el Gobierno nacional:

    1. Supervisar el efectivo cumplimiento de la sustitución del asbesto en todas sus formas, a lo largo de todo el territorio nacional, en el plazo establecido en esta ley.

    2. El seguimiento de las medidas aquí establecidas con el objetivo de sustituir el asbesto en el período de transición señalado en esta ley.

    3. Expedir el Programa Nacional de Eliminación de Enfermedades Relacionadas con el Asbesto (PNEERA), con referencia al expedido por la Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo.

    4. Elaborar el plan de adaptación laboral y reconversión productiva de que habla el artículo 5° de la presente ley.

    ARTÍCULO 7°. Sanciones. A partir del primero (1°) de enero de 2021, será sancionado todo aquel, persona natural o jurídica, que continúe con la explotación, producción, comercialización, importación, distribución y/o exportación de cualquier variedad de asbesto y de los productos con este elaborados, se le impondrá una sanción económica que oscilará entre los cien (100) y los cinco mil (5.000) SMLMV, sin perjuicio de las acciones penales y disciplinarias que hubiere lugar por los mismos hechos.

    Parágrafo 1°. El procedimiento para imponer dicha sanción será adelantado por la Superintendencia de Industria y Comercio en los asuntos de su competencia, y por las demás entidades de inspección, vigilancia y control, entre otras, el Ministerio de Salud y Protección Social, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN), en aplicación de las normas sancionatorias especiales aplicables por cada entidad según la naturaleza de los hechos objeto de sanción o, en su defecto, de acuerdo a lo establecido en el Código de Procedimiento Administrativo y de lo Contencioso Administrativo.

    Parágrafo 2°. Como parte integral del seguimiento a las disposiciones establecidas en la presente ley, la Autoridad Ambiental competente, deberá realizar un estudio y seguimiento de la calidad del aire, el cual deberá medir y monitorear la concentración de fibras de asbesto en las plantas y áreas de explotación como en los territorios donde exista mayor infraestructura con este material y dar cuenta de los procesos sancionatorios por incumplimiento al que haya lugar.

    ARTÍCULO 8°. De la Comisión Nacional de Salud Ocupacional del Asbesto, Crisolito y otras Fibras. A partir del primero (1°) de enero de 2021 la Comisión Nacional de Salud Ocupacional del Asbesto, Crisolito y otras Fibras, cesará sus funciones.

    ARTÍCULO 9°. Monitoreo e investigación científica. Corresponderá al Ministerio de Salud y Protección Social a través del Instituto Nacional de Salud, en acopio con Colciencias, instituciones científicas públicas o privadas, nacionales o internacionales, realizar el monitoreo e investigaciones científicas constante relacionadas con el objeto de la presente ley.

    Parágrafo. El Gobierno nacional, por medio del Ministerio de Salud y Protección Social y el Ministerio de Ciencia y Tecnología e Innovación, informará a las Comisiones Séptimas Constitucionales Permanentes de Senado y Cámara de Representantes al comienzo de cada legislatura, durante un término de cinco (5) años, sobre el avance de las investigaciones y estudios que se encuentren realizando en los casos relacionados con el objeto de la presente ley, los cuales tendrán un énfasis especial en el tratamiento de enfermedades generadas por el asbesto y en el desarrollo de industrias y nuevos materiales sustituidos para fortalecer la producción nacional.

    ARTÍCULO 10. Informe de gestión. El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Ministerio de Salud y Protección Social, Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, Ministerio de Minas y Energía, Ministerio del Trabajo, en el marco de sus competencias presentarán un informe al comienzo de cada legislatura a las Comisiones Séptimas Constitucionales Permanentes de Senado y Cámara de Representantes sobre los avances obtenidos en materia de la presente ley.

    ARTÍCULO 11. Deber de reglamentación. Como consecuencia de las actividades de investigación o monitoreo y la existencia de material científico avalado por las autoridades internacionales en materia de salud, el Gobierno nacional, a través del Ministerio de Salud y Protección Social, deberá adoptar las decisiones tendientes a limitar, reducir y eliminar el uso, comercialización y/o toda forma de distribución de una sustancia o materia prima que representan nocividad para la salud pública colectiva.

    Parágrafo. El Ministerio de Salud y Protección Social, Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y el Ministerio de Trabajo, deberán desarrollar campañas de divulgación y promoción del manejo adecuado del asbesto instalado y su tratamiento como desecho peligroso de conformidad con el Decreto 4741 de 2005.

    ARTÍCULO 12. Ruta de atención integral para personas expuestas al asbesto. Créase la ruta integral para la atención integral para personas expuestas al asbesto, mediante la cual se deberá suministrar información y orientación acerca de los derechos, medidas y recursos con los que cuenta, y de atención en salud, incluyendo los exámenes médico legales y especializados orientados al diagnóstico y tratamiento.

    Parágrafo 1°. El Gobierno nacional reglamentará en un plazo máximo de seis (6) meses posteriores a la expedición de la presente ley, la puesta en marcha de la ruta integral y su funcionamiento en los distintos entes territoriales.
    Parágrafo 2°. Las Aseguradoras de Riesgos Laborales (ARL) y las Entidades Promotoras de Salud (EPS), a las que se encuentren afiliados los trabajadores expuestos, incluirá los exámenes médicos legales, y dará aplicación a lo dispuesto en el presente artículo para estos trabajadores.

    ARTÍCULO 13. Vigencia y derogatorias. La presente ley rige a partir de la fecha de su publicación y deroga todas las normas que le sean contrarias.

    El Presidente del honorable Senado de la República,
    Ernesto Macías Tovar.

    El Secretario General del honorable Senado de la República,
    Gregorio Eljach Pacheco.

    El Presidente (e) de la honorable Cámara de Representantes,
    Atilano Alonso Giraldo Arboleda.

    El Secretario General de la honorable Cámara de Representantes,
    Jorge Humberto Mantilla Serrano.

    REPÚBLICA DE COLOMBIA – GOBIERNO NACIONAL
    Publíquese y cúmplase.

    Dada en Bogotá, D. C., a 11 de julio de 2019.

    IVÁN DUQUE MÁRQUEZ

    El Ministro de Hacienda y Crédito Público,
    Alberto Carrasquilla Barrera.

    El Ministro de Salud y Protección Social,
    Juan Pablo Uribe Restrepo.

    La Ministra de Trabajo,
    Alicia Arango Olmos.

    La Ministra de Minas y Energía,
    María Fernanda Suárez Londoño.

    El Ministro de Comercio, Industria y Turismo,
    José Manuel Restrepo Abondano.

    El Ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible,
    Ricardo José Lozano Picón.

  • Asbestología como práctica social desde el campo del arte

    Asbestología como práctica social desde el campo del arte

    Por Guillermo Villamizar

    del libro ASBESTO EN COLOMBIA. Fundamentos para el debate. Sello editorial Universidad Nacional. 2019. 

    En 2012, oí por primera vez la palabra asbesto. En ese momento, escribía un artículo sobre el Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá y las sorpresas aparecieron al conocer la Colección Daros Latinamerica y los préstamos frecuentes de sus piezas al museo.

    Es difícil entender que detrás de la Colección Daros Latinamerica apareciera el antiguo dueño de Eternit, Stephan Ernest Schmidheiny, recién condenado en Italia a 16 años de prisión en primera instancia —con posibilidad de acudir a una corte de apelaciones y a la Corte Suprema de Justicia italiana, donde un tecnicismo legal lo absolvió—, por «desastre ambiental doloso permanente». Esto, debido a la muerte de 3 000 personas por contaminación, incluidos empleados, familiares y personas de los vecindarios donde operaron las cuatro plantas de Eternit en Italia. Estas muertes fueron provocadas por el uso y la fabricación de productos con asbesto, violando voluntariamente normas de seguridad para estos casos.

    Ahora bien, una vez retirado del negocio del asbesto de manera estratégica, Stephan Ernest Schmidheiny inició su morphing verde y ecosostenible, hasta consolidar un holding con tres grandes brazos de negocios y filantropías; junto a su papel como impulsor y presidente del Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible, siendo todos ellos sus más visibles paquetes de green [1] y artwashing [2] para mostrarle al mundo.

    En una nota periodística publicada por Daniel M. Berman (Allen y Kazan-Allen, 2012), se informa que Schmidheiny emprendió una serie de esfuerzos notables por integrarse a las altas esferas de la sociedad estadounidense disfrazado de empresario y filósofo ambiental. En 1992, publicó Cambiando el rumbo: una perspectiva global del empresariado para el desarrollo y el medio ambiente, donde argumenta que el desarrollo de un capitalismo racional basado en el concepto de ecoeficiencia es la solución a largo plazo para la deforestación ambiental y el decrecimiento de las ganancias.

    Para entonces empecé un intercambio epistolar con Laurie Kazan-Allen. De todo el material de apoyo compartido, un libro en particular marcaría definitivamente mi compromiso con esta causa: Defendiendo lo indefendible (2008), de los historiadores Jock McCulloch y Geoffrey Tweedale. El libro contiene descripciones muy claras y precisas sobre la historia del asbesto y las diferentes cortinas de humo que la industria fabricó a lo largo del siglo xx para defender su imperio, a pesar de la enorme evidencia científica que vinculaba el mineral con enfermedades mortales. Poco a poco, fui entendiendo las zonas blancas y negras del problema en el nivel internacional hasta terminar posando la mirada sobre Colombia y preguntarme por nuestra situación.

    Encontré que en Colombia se usa el asbesto desde 1942, una época que ya le permitía al mundo conocer sobre la asbestosis (Reino Unido, 1924) y el cáncer de pulmón (Alemania, Reino Unido en 1935, 1938, 1943) como enfermedades relacionadas con el mineral. Sin embargo, las asimetrías económicas entre países desarrollados y emergentes marcaban una pauta neocolonialista, porque mientras en Estados Unidos y Europa occidental crecía el debate sobre el asbesto y la evidencia científica aumentaba, nuestros países incorporaban esas tecnologías de manera indulgente. Esto, porque la modernidad imponía la idea del progreso como un factor determinante para medir la riqueza de las naciones y nosotros, carentes de progreso y desarrollo, pero deseantes, nos dimos a la tarea de incorporar las tecnologías que el mundo desarrollado iba desechando. He ahí el precio que la idea de progreso nos impuso, fagocitar desechos, vender materias primas, exportar capitales de deuda, acabar con el medio ambiente y producir tecnologías obsoletas.

    Por otro lado, a medida que le hacía preguntas sobre el tema a Laurie Kazan- Allen, iban apareciendo en mi vida personas de la talla de Barry Castleman, Fernanda Giannasi, Eduardo Rodríguez, Paco Báez, Paco Puce, Tania Muñoz, David Egilman, Andy Oberta y Arthur Frank. Más adelante, los encuentros del International Mesothelioma Interest Group (iMig), que se celebran cada dos años, me permitirían conocer con mayor precisión las condiciones científicas de la lucha por encontrar mejores herramientas para enfrentar el mesotelioma, un cáncer provocado por la exposición al asbesto. Personas sobresalientes como los doctores Sam Armato, Hedy Kindler y Chris Strauss, de la Universidad de Chicago, me aportarían saberes para descifrar mejor los enigmas del asbesto desde la perspectiva oncológica y la radiológica. Curiosamente, encontré también que el arte había estado presente en la problemática del asbesto a través de figuras como Conrad Atkinson, Peter Dunn, Margaret Harrison y Bill Ravanesi.

    De cada uno de ellos fui aprendiendo parte del inmenso arsenal de conocimiento requerido para entender mínimamente las complejas tramas del asbesto. Es necesario intentar reunir en una sola mente a un químico, un médico, un ingeniero, un abogado, un sindicalista y un activista, con el temperamento y la sensibilidad de un artista, a fin de ir armando este rompecabezas. Si se logra conservar la cabeza fría y se corre el riesgo, podremos llegar a convertirnos en «asbestólogos» con una perspectiva holística y un enfoque interdisciplinario.

    Sin la ingente información proveída por estas personas, este libro no habría sido posible. De hecho, sus aportes directos conforman una parte importante de este. Cada científico y experto consultado en cualquier lugar del planeta ha estado presto para atender mis preguntas, a veces impertinentes, y su solidaridad ha resultado invaluable.

    Dicho esto, ¿cómo es que un campo de investigación como el que he llamado la asbestología ha devenido en una práctica social, como la he asumido
    en mi trabajo artístico y crítico? En la introducción de Chlöe Bass a su libro Art as social action, coeditado con Greg Sholette, se brinda la siguiente definición de las prácticas sociales artísticas:

    La práctica social desde el arte es un campo emergente e interdisciplinario de investigación y práctica que gira en torno a las artes y las humanidades, al mismo tiempo que abarca disciplinas externas como los estudios urbanos, ambientales o laborales, arquitectura pública, y organización política, entre otros. Su objetivo general no es simplemente hacer arte que represente instancias de injusticia sociopolítica (consideremos el Guernica de Picasso), sino que recurre a variadas formas que ofrece el campo expandido del arte contemporáneo, como un método social colaborativo, colectivo y participativo, para lograr instancias objetivas de justicia progresiva, construcción de comunidad y transformación. (2018, p.3)

    Asimismo, Claire Bishop (2006) declara que una breve genealogía de las prácticas artísticas las puede situar originalmente en el interés de algunos artistas por ver la escultura in situ como un espacio para problematizar lo social, antes que lo formal o lo fenomenológico (Kwon, 2002). Esa producción del espacio social había sido trabajada antes por el filósofo francés Henri Lefebvre desde la década de los 70, a partir de consideraciones tomadas de Hegel y Marx, según las cuales el espacio social no solo es la producción de bienes, cosas, mercancías y productos, sino que también es la producción de lo intangible, como ideas, conocimiento, ideologías, instituciones y obras de arte (Lefebvre, 1974).

    En el espacio de lo social y su desarrollo, una serie de eventos marcaron pautas definitivas para este giro cultural, que van desde la caída del Muro de Berlín en 1989, el ascenso del neoliberalismo y la privatización de lo público, pasando por la crisis del sida, la caída de las Torres Gemelas en 2001, las guerras de Irak y Afganistán, hasta la lucha contra el terrorismo, la flexibilización laboral y, en el plano nacional, el ascenso del narcotráfico y el fenómeno paramilitar, que determinarían la vida política de forma contundente. Incluso se puede afirmar la existencia de todo un siglo de movimientos que han determinado el giro social del arte, tales como el movimiento feminista, la lucha contra el régimen del Apartheid, el movimiento en defensa de los derechos civiles en Estados Unidos, Mayo del 68 en Francia, la guerra de Argelia, el
    reciente movimiento antiglobalización, las protestas de Seattle, la Primavera
    árabe, el 15M en España, la ocupación de Wall Street y el conflicto interno
    entre el Estado colombiano y la insurgencia armada.

    Podemos ver el vínculo referencial entre la historia del arte y las prácticas sociales en la identidad de algunos artistas de la mitad del siglo xix —entre los que se encuentra Gustave Courbet—, en el cual la retórica revolucionaria y las luchas de la naciente clase obrera (Grant, 2005) coinciden con el ascenso de las vanguardias artísticas que desafían las convenciones estéticas.

    Las vanguardias históricas introdujeron un sesgo importante en sus procedimientos al integrar en sus postulados la base revolucionaria del arte, entendida como una crítica a los aparatos de control del poder social, los valores y el gusto burgueses. Esto es evidente en la representación que el realismo hace de temas tabú, como la prostitución y la pobreza; el rechazo del impresionismo hacia las normas del realismo académico; el posterior desmantelamiento aun más radical de estas mismas normas por parte del cubismo (Grant, 2005); el intento del dadaísmo de desgarrar el repertorio de formas heredadas a fin de disolver las estructuras del ego burgués (Blissant, 2007); el surrealismo y su huida de la razón; el proyecto constructivista de infundir una nueva dinámica de propósito social y una inteligencia multidisciplinaria de diálogo político entre arquitectura, el diseño y los medios de comunicación nacientes, y la integración de la convergencia marxista y frankfurtiana de los situacionistas en su cuerpo de obra, tanto teórico como práctico, mediante una labor subversiva en el campo de la recepción del arte, activada potencialmente en la vida cotidiana
    de las sociedades de consumo (Blissant, 2007).

    Posteriormente, el ascenso de la escuela de Nueva York, con la emergencia de una vanguardia neodadá que permitió el posterior desarrollo del arte
    conceptual a partir de los postulados del minimalismo, fue el sello distintivo que legitimó los esfuerzos por desmaterializar la actividad sensible (Lippard, 2001). Una deriva conceptual de esta tendencia fue la crítica institucional. De 1969 en adelante, comienza a surgir el concepto de institución del arte que incluye no solo el museo y los espacios de producción, distribución y recepción del arte, sino la totalidad del campo del arte como universo social (Fraser, 2005). Los reparos hechos al sistema artístico, liderados por la crítica institucional, permitieron al movimiento social del arte extender su análisis más allá de la institución central y abarcar al conjunto de la sociedad. Era posible, entonces, trabajar en complicidad con la institución, criticarla o trabajar contra ella a fin de reinventarla.

    En la definición que propone Julia Bryan-Wilson (2003), la crítica institucional es el mecanismo que interroga las funciones ideológicas, sociales y
    económicas del mercado del arte, en particular de los museos, el mecenazgo y otros mecanismos de distribución y exhibición. En efecto, el desarrollo y crecimiento del mercado del arte lo convirtieron en un actor decisivo en el devenir del arte contemporáneo.

    A partir de una perspectiva marxista y la impronta teórica heredada de la escuela de Frankfurt —la cual definió un cuerpo de teoría crítica de los
    postulados de Walter Benjamin, Theodor Adorno y Max Horkheimer, entre otros—, se empezó a discutir sobre la transformación gradual de la obra de arte en mercancía, planteando una alternativa sobre el rol de la cultura en un contexto capitalista.

    Uno de los primeros en advertir tal fenómeno fue Walter Benjamin, «señalando esa mercantilización a partir del desarrollo tecnológico que condujo a la reproducción mecánica incontrolada de las obras de arte, lo que de resultas tuvo un impacto negativo en su autenticidad» (Papaioannou, 2013, p. 1). Más adelante, Theodor Adorno y Max Horkheimer, en Dialéctica de la ilustración (1944), acuñaron el término industria cultural como un concepto clave para definir la producción de bienes culturales en serie, reflejando la influencia del capital en la cultura. El tema del aura que se pierde en la obra reproducida probablemente plantee un debate superado, pero lo importante es señalar esa relación que provoca la obra reproducida y masificada. En vez de acercar el gran arte al público, esto condujo a su banalización y ulterior reducción a mercancía. Lo sustancial aquí no es la reproducción infinita ni la pérdida de autenticidad, sino lo que se transmite.

    Después, en Industria cultural (1991), Adorno señala que la producción de obras de arte se redujo a la reproducción dirigida al consumo masivo con el objeto de intervenir, educar y controlar el tiempo libre de las masas. Y, de acuerdo con Adorno, la producción cultural se transformó en un componente integrado de la economía capitalista en su conjunto al sumar dos dispositivos esenciales del control social: el mercado y la cultura.

    La producción de bienes (materialismo) y el consumo se definen a partir de las reglas del mercado. Este último es la institución central que ejerce el control social. Por lo tanto, los individuos en nuestras sociedades son vistos, sobre todo, en términos de su rol en el mercado, de modo que el mercado se convierte en la llamada fuerza «natural» de la sociedad, la cual, se dice, está más allá del control humano porque tiene la capacidad de autorregularse (Bellamy, 2002).

    Como respuesta al poder del mercado y sus mecanismos de exclusión, la convergencia de una tradición vanguardista inspirada en los movimientos
    artísticos de comienzos del siglo xx y la neovanguardia de los 60, además de una respuesta al vacío que dejó la caída del comunismo como un vestigio revolucionario que unía política y radicalismo estético (Bishop, 2006), los artistas fueron descubriendo que la resistencia de base podía ofrecer alternativas al ascenso del modelo neoliberal y apareció un movimiento diverso. En muchos casos, este movimiento no necesariamente respondía a las emergencias sociales, pero era signo de un cambio de paradigma, como el arte comprometido con la sociedad, el arte comunitario, las comunidades experimentales, el arte dialógico, el arte cooperativo, el activismo urbano, el arte de mapeo ambiental, el arte participativo, el arte basado en la investigación, la estética relacional, la crítica institucional, las instalaciones interactivas, el arte de acción, el arte ecológico y muchas otras denominaciones que hoy en día se pueden etiquetar bajo el sello amplio de las prácticas sociales desde el campo del arte.

    En palabras del artista británico Peter Dunn, los artistas pasaron de ser «proveedores de contenidos» encapsulados en un objeto a «proveedores de
    contextos» (Grant, 2005), con el fin de transformar, alterar, modular o cambiar el curso de esos contextos en la esfera pública. Esto terminó por crear un movimiento desde un asunto ontológico (¿qué es el arte?) hacia una pregunta pragmática (¿qué puede hacer el arte?) (Allen, 2001).

    Las prácticas sociales artísticas han devenido en un fenómeno con una incidencia importante en el arte alternativo internacional. El desencanto frente al campo del arte, donde son muchos los jugadores y pocos los escogidos, ha provocado que los artistas coincidan en la percepción de su trabajo como si estuviera sometido a una suerte de censura, producto de la «selección natural» que impone la economía del gusto; acompañado esto de un interés legítimo por experimentar con nuevas formas de producción en abierto desafío a las lógicas del mercado del arte. La condición intangible con que operan las prácticas artísticas se puede equiparar a las dinámicas de la era digital, en la que la infraestructura física no es esencial para generar oportunidades de crecimiento y la producción de bienes es desplazada por una economía de servicios que impulsan las tecnologías de la información.

    Una estampida de artistas hacia formas más complejas de relación con la sociedad y el arte ha surgido a causa del debate interminable sobre la influencia del mercado del arte y su autoridad para modelizar los sistemas artísticos, en aparente complicidad con ese mismo mercado, sin importar cuán radicales lleguen a ser las propuestas de los artistas. En algunos casos, esta misma radicalidad es una condición imprescindible del éxito, pero también una receta perfecta para desactivar los contenidos subversivos del arte, ya sean estos de carácter social fuera de su campo o integrados a su esfera interna.

    Así pues, el artista se metamorfosea hacia el campo de la asbestología a fin de participar con agudeza en una investigación de largo alcance y poder entender las complejas tramas que rodean aspectos vitales de la sociedad como la salud pública, ambiental y ocupacional, puesta en riesgo por los modelos de desarrollo imperantes. Lo que he llamado metáfora del asbesto es también una herramienta interesante para comprender las lógicas del capital y su idea del progreso, amparada en ese concepto de la modernidad que le ofreció al hombre la posibilidad de usar su conocimiento para dominar las fuerzas de la naturaleza y construir un bienestar general. Sin embargo, el bienestar que nos ofrecen sustancias como el asbesto conlleva una preocupante deuda en términos de salud pública, ambiental y ocupacional, convirtiéndose en el precio que paga la sociedad por el desarrollo. Desafortunadamente, este costo lo terminan sufragando los eslabones más débiles de la sociedad, en este caso, los trabajadores. De igual modo ocurre con el fracking, la fumigación con glifosato y el cambio climático.

    El desarrollo sostenible y la responsabilidad social corporativa son las renovadas estrategias que ha inventado el progreso para bendecir su vieja prédica: acumulación de capital mediante la privatización y la mercantilización de cada aspecto de la naturaleza, desde moléculas hasta montañas, desde tejido humano hasta la atmósfera de la tierra (McAfee, 1999). La insistencia en prácticas como el desarrollo sostenible y la coordinación de esfuerzos por conservar y regenerar los recursos naturales se inscribe en unas nuevas políticas del desarrollismo ambiental cercano al capitalismo contemporáneo, las cuales buscan la bancarización de este sector como un activo que se debe salvar, no para protegerlo sino para comercializarlo.

    Bajo el modelo de desarrollo imperante en el capitalismo global, las actuales condiciones sociales hacen impensable la posibilidad de que el progreso humano se dé sin violentar temerariamente la capacidad disponible de recursos naturales en unos términos razonables, es decir, sin poner en peligro la autosostenibilidad ambiental y la vida humana en el planeta.

    Karl William Kapp, economista alemán, escribió El costo social de la empresa privada (1950), un libro pionero sobre lo que vendría a llamarse más
    adelante la economía ecológica. Kapp habla de los costos sociales en vidas humanas que representa el hecho de que las empresas no asuman responsabilidad por afectaciones biológicas que perjudican a sus trabajadores, los cuales exponen sus vidas con la promesa de una remuneración por su trabajo y un sustento para vivir dignamente.

    Claramente, Kapp señala que el capitalismo debería ser recordado como el sistema económico de los costos no pagados. Y no hablamos tan solo de vidas humanas expuestas en el ambiente laboral, sino del calentamiento global y la destrucción de la capa de ozono. Además de las consecuencias de estos, como el crecimiento de las temperaturas ambientales de la superficie y las capas internas de los océanos, que incrementa ciclos inesperados en la tasa de lluvias y aumenta la desertización en las regiones semiáridas. Todo esto, acompañado de la extinción de especies animales, la sobrepesca, la pérdida de la diversidad genética, la eliminación de los arrecifes coralinos, el aumento de la toxicidad en el medio ambiente, la puesta en riesgo de las fuentes hídricas, la contaminación radioactiva electromagnética de las nuevas tecnologías, el impacto de los experimentos transgénicos y un largo etcétera (McAfee, 1999). Me refiero a este tipo de cosas cuando acuño el término metáfora del asbesto como un método para entender nuestras sociedades contemporáneas.

    Como se sabe, la OMS es la autoridad directiva y coordinadora de este tema dentro del Sistema de Naciones Unidas. Es la entidad responsable de liderar los asuntos mundiales sobre la salud, configurar la agenda de investigación, establecer normas y estándares, articular opciones políticas basadas en evidencia, prestar asistencia técnica a los países y monitorear, vigilar y evaluar las tendencias mundiales de la salud. A pesar de la enorme evidencia ofrecida por la oms al catalogar el asbesto en todas sus formas dentro del Grupo 1 de sustancias (International Agency for Research on Cancer, 2012) —como un carcinógeno para el ser humano, lo que significa que se tienen pruebas suficientes para confirmar que causa cáncer a humanos—, las autoridades colombianas siguen sin tomar medidas efectivas para prohibir el uso del asbesto crisotilo. Pero la batalla más importante de este conflicto por la salud pública se da en el terreno de las argumentaciones que, desde el campo de la ciencia y la epidemiología, ponen en tela de juicio las aseveraciones de organismos como la OMS y otros.

    ¿Por qué ocurre esto? Esta pregunta nos pone a sobrevolar terrenos que desafían las lógicas de la verdad y el rigor científico. Nos adentramos en el campo de las ficciones y las producciones simbólicas que construyen y modelan un mundo obligado a responder a los intereses del capital y a las ganancias económicas de la industria del asbesto en vez de los intereses públicos. Frente a la concluyente evidencia científica esgrimida por los investigadores, la industria se dio a la tarea de construir su propia «sólida» evidencia científica que controvirtiera los vínculos del asbesto con enfermedades mortales como la asbestosis, el cáncer de pulmón y el mesotelioma. Y, en cierta medida, lo consiguió. Esto explica cómo en muchas economías emergentes como Rusia, India, China y Colombia, entre otras, se sigue utilizando el asbesto bajo la falsa premisa de que uno de sus tipos, el asbesto crisotilo, no representa daño alguno para la salud humana en condiciones de seguridad y exposición controlada.

    Así, la industria creó todo un arsenal de informes, declaraciones, simposios y conferencias que fueron formando la teoría del uso controlado del asbesto. Poco a poco, la industria del asbesto elaboró, desde los escritorios y laboratorios, una ficción, un discurso plagado de errores y basado en el fraude científico, que llegó a los medios de comunicación y a los estrados judiciales, a los ministerios y funcionarios y demás personas que toman decisiones u ofrecen consejería en esta materia, a fin de cubrir con un manto de sospecha lo que la ciencia había demostrado. Aparecieron entonces una ciencia buena y una ciencia mala; hombres de negocios disfrazados de médicos emergieron como musas inspiradoras de supuestas ciencias que inundaron los debates con hábiles mentiras por dinero, las cuales se constituyeron en verdades incontrovertibles.

    La ficción y sus símbolos, herramientas únicas del arte y la imaginación del escritor, empezaron a ser instrumentos de la creatividad aplicada a los negocios; de este modo, el mundo objetivo se convirtió en un universo dibujado por imágenes y apariencias encargadas de pintar un mundo mítico, fantasioso, mágico, podría decirse, pero con ogros y monstruos que matan sin misericordia como en los cuentos de horror. Desde la aparición de la evidencia, hemos sido espectadores de un juego complejo dirigido por la industria del asbesto con el propósito claro de deslegitimar las aseveraciones de la ciencia con el fin de salvarse a sí misma, no importa cuántas vidas humanas se expongan a la muerte.

    Aquí quiero señalar la presencia de una dimensión simbólica que opera abiertamente en ese espectro de la realidad, y que, por ser realidad y llamarse de esta manera, suponemos que se trata de un espacio desprovisto de ficciones y de fábulas. Esta «realidad» es la ficción que actúa como verdad. Reemplazadas por las ficciones del engaño, las relaciones humanas se hacen presa fácil de la mitología social que quiere ocultar la enfermedad en este caso —pero que sirve como modelo para entender otros campos de la actividad humana—, operando en el espacio social de la realidad con una perspectiva que toma las herramientas de la simbología como armas de control social. La división de saberes ha impuesto a la sociedad una parcelación del conocimiento tal, que solo aprendemos a entender las cosas desde una posición restringida. Por eso somos víctimas de desinformación, es decir, de las ficciones que los sistemas de poder nos implantan.

    Mediante diagnósticos claros, la evidencia científica permite al paciente, por ejemplo un trabajador, conocer el verdadero estado de su salud, en especial cuando hablamos de exposiciones a sustancias peligrosas. El asbesto es una de tales sustancias, pero esto supone un camino tortuoso para el trabajador, que busca las atenciones adecuadas a sus demandas en los sistemas de salud públicos.

    Al revisar la legislación colombiana en esta materia y a pesar del retroceso neoliberal desde la última década del siglo pasado, se pueden encontrar
    elementos garantes del derecho laboral. Sin embargo, esto no se aplica en muchos casos. Frente al ordenamiento jurídico que garantiza esos derechos, se impone una realidad que los niega. El ejemplo del médico investigador Mauricio Torres Tovar (Torres, Luna, Parra y Spurling, 2016), quien reseña el caso de la Asociación de Trabajadores y Extrabajadores Enfermos de General Motors Colmotores (asotrecol), documenta que las acciones de los trabajadores son producto de una inoperancia de la ley para hacer cumplir sus derechos. En ese sentido, lo que aparece consignado en la ley no es evidente al momento de ejercer el derecho, cuando son violadas las normas que protegen taxativamente a los trabajadores de las fábricas.

    En el trabajo de campo, las cifras halladas parecen controvertir la teoría jurídica, pues se detecta un contraste entre la condición taxativa de los hechos que cubre la ley y su cumplimiento en la realidad. Vale la pena anotar la dimensión del caudal de datos empíricos con que cuenta el investigador. A falta de ellos, la escasa información determina la especulación científica cuando se trata de interpretar la realidad, pero introduce una dimensión ética respecto del quehacer que es fundamental para la valoración de los resultados. Si la información no es escasa, se puede decir que es una información manipulada cuando, por ejemplo, los gremios interesados en el sector aportan aquellas investigaciones que puedan sesgar la mirada científica del investigador.

    La redacción de las normas para cualquier sector corre por cuenta de abogados que definen las autopistas por donde circulan los ciudadanos y sus necesidades, como es el caso de la atención en salud y más si hablamos de salud ocupacional. El imperio de la ley es de los abogados y la democracia se sostiene a partir del respeto y el acatamiento de todos sus asociados (ciudadanos) a la ley establecida. Aquello que dicen los funcionarios y los académicos es una narrativa inventada por el Estado, que, como máquina, crea modelos de operación en una suerte de estetización de la salud pública. Las cifras tranquilizan, los informes aplacan las sospechas, los gráficos dicen que todo está en orden, que la salud se cuida, que los trabajadores están a salvo de la barbarie productiva de un modelo de desarrollo que depreda todo, excepto sus ganancias.

    Entre la ficción de la ley y la veracidad del cuerpo que muere despacio para que tenga incluso valor de producción hasta su último momento —el
    cual llega con una pensión— triunfa el relato artístico de los documentos que muestran las cosas como si estuvieran en orden. La ficción de los derechos laborales se negocia entre instituciones, empresarios y sindicatos patronales sin la presencia del cuerpo de la evidencia. Este cuerpo no aparece en las imágenes diagnósticas, ni en los soplos que miden el aire, ni en la mirada del médico, ni en los dictámenes que leen las placas o en los fonendoscopios que oyen los pulmones silbar. Ahí hay silencio, no hay obra, no hay narrativa y, si existe, es una narrativa invisible que no se deja valorar en las contabilidades epidemiológicas, porque su presencia destruiría la práctica de la ficción de salubridad bajo una máscara de corrección estética.

    No obstante, el ojo sabe que hay un daño en el parénquima del pulmón, es decir, que el intercambio gaseoso no opera con normalidad y por ello el paciente se ahoga, no puede respirar bien y sufre de disnea. Al revisar la historia clínica laboral, el paciente puede decir si ha estado expuesto al asbesto o no, lo que permite emitir un diagnóstico: positivo por asbestosis causada por exposición. De este modo, una historia sencilla se convierte en una amenaza para la industria. Demostrar que el asbesto enferma y mata presupondría detener su uso, pero el progreso, obstinado en su labor predadora, dice: «¡Es imposible! Debo permitir su uso bajo modalidades de control que no afecten la salud del trabajador».

    A partir de este ejemplo se puede comprender la producción de ficciones y los elementos que la ley y la ciencia aportan. Estos se transforman en un
    universo complejo, saturado por dudas que intentan desacreditar la evidencia, la cual es una herramienta de protección para quien sufre las consecuencias de la exposición al asbesto. Esta narrativa es incontrovertible, pero susceptible de opacar la verdad y asfaltar el engaño. Por eso, es necesario crear un discurso que controle las alarmas, disipe las angustias, aplaque la verdad y, para ello, nada mejor que la ficción. Las narrativas ficticias aplacan los miedos, disipan los temores, tranquilizan a empleador y empleado, regularizan las tensiones y hacen creer en un mundo más seguro.

    Cuando se debe probar la evidencia ante el estrado judicial, la máquina narrativa entra en operación a todo vapor, según sea el caso. Ya no es el hecho científico lo que cuenta. En cambio, la ciencia se vuelve sujeto de interpretación, es puesta a narrar en un escenario que le es ajeno. Pierde importancia el carácter científico de la ciencia y asciende su carácter jurídico. El narrador (el médico, por ejemplo) debe crear otro relato o se expone a las contrapreguntas y esa artillería de inquietudes no la construye un médico, sino el abogado de la contraparte. Relaciones asimétricas, extrañas, ficcionales, donde la ley interroga por igual a charlatanes o a hombres serios de ciencia. Todo vale en los relatos de ficción.

    El derecho parodia a la justicia. Ya no se hablaría de justicia sino de una
    ciencia (el derecho) que simula buscarla. Pero ese proceso falla porque la justicia
    no se restablece. Por el contrario, queda sometida a un orden que produce ficciones y controvierte la prueba mediante tecnicismos, como sacados del sombrero de un mago; sometida a los abogados que narran de nuevo lo que la ciencia ha descubierto, a fin de introducir el sesgo que pone todo en entredicho, crear un nuevo contexto como si nada hubiese existido antes y partir de cero, eliminar la evidencia y dejar la página en blanco que será reescrita. La ficción jurídica transforma el hecho inicial en un metarrelato donde la juridicidad se viste de ciencia sin serlo. El derecho y sus alegatos «no son lo que lo hace hablar, sino lo que él habla. Habla la cosa produciéndola», dice Lyotard (1981, p. 171).

    En esta producción de ficciones es interesante observar que la ficción falla si se asemeja a la ficción. No estamos hablando de ciencia ficción o de relatos imaginarios futuros, sino de relatos presentes que deben parecer muy reales con el fin de que operen. Entonces la labor del narrador es hacer que el relato parezca real, aunque no lo sea. Si fuera real, sus contabilidades «científicas» rodarían vergonzantes ante la opinión pública. Por lo tanto, deben parecer reales; de lo contrario, el embrujo ficcional corre el riesgo de perder su efectividad.

    Por eso, los empresarios ataviados de científicos piden pruebas por doquier, en vez de admitir la lógica de la precaución, que pasa por la prohibición
    como en el caso del asbesto; y cuando aparecen las pruebas solicitadas, ellos fabrican las suyas para introducir la duda. «La duda es nuestro producto» (Michaels, 2005), decía un alto ejecutivo de la industria del tabaco en el artículo de Michaels, antes de empezar a admitir que el tabaco causa cáncer. Con el talismán de la duda en sus bolsillos, fumigan a los medios de comunicación, inundan la opinión pública con incertidumbres y atiborran los estrados judiciales con dilemas que encajan perfectamente en el teatro de la justicia.

    La sociedad de la imagen y el espectáculo profetizada por los situacionistas franceses es cosa del pasado. Ya no opera tanto la imagen como el relato ficcional. Los hechos no valen, vale su interpretación y lo que el poder político, alimentado por el poder económico, quiera decir. Del resto se encargan los medios. Por esta razón, a los industriales del asbesto les resulta más cómodo y efectivo pretender desmentir a la ciencia que debatir políticas en materia de salud pública o asumir las compensaciones económicas, como lo señala David Michaels (2005).

    Este libro apunta, entonces, a descifrar las claves de las narrativas que la industria del asbesto ha desarrollado para defender sus intereses. En palabras del doctor Richard Lemen:

    A lo largo de los últimos treinta años, las organizaciones científicas y agencias gubernamentales han revisado a fondo y de forma meticulosa gran cantidad de datos publicados sobre el asbesto, y han llegado a la conclusión de que todos los tipos de fibras comercialmente viables de asbesto (incluidos amosita, antofilita, actinolita, crisotilo, crocidolita y tremolita) causan enfermedad y muerte producidas por asbestosis, el cáncer de pulmón, el mesotelioma y el cáncer de laringe y de ovarios. No se ha identificado ningún nivel seguro de exposición a cualquier tipo de asbesto; es decir, no existe ningún valor umbral por debajo del cual todos los individuos estarían libres del riesgo de contraer una enfermedad relacionada con el asbesto. (Lemen et al., 2016, p. 5)

    Son pocas las sustancias tan estudiadas como el asbesto y las enfermedades relacionadas con él, por lo que este documento no pretende caer en una
    retórica de datos a fin de comprobar lo que está demostrado con suficiencia; no obstante, el objetivo de este libro es señalar la dimensión sociológica, si lo podemos llamar de esa manera, que subyace en el debate sobre el asbesto, es decir, el fraude científico que ha acompañado a las discusiones sobre esta problemática y sus implicaciones éticas.

    La periodista y activista de derechos humanos canadiense, Kathleen Ruff, quien también aparece en este libro, denuncia el comportamiento corporativo de la industria del asbesto al filtrar documentos en revistas con concejos editoriales proclives al sesgo. Ella señala que las grandes corporaciones a menudo invierten estratégicamente en agendas de investigación, cuyo objetivo es desarrollar un cuerpo de conocimiento científico favorable a un interés económico específico, con el fin de defenderse contra demandas particulares de responsabilidad legal. Si bien algunos académicos consideran estas declaraciones como simples datos anecdóticos, estas terminan siendo las fuentes que alimentan los análisis del estado del arte de temas relacionados con el asbesto, llenando la literatura científica de estudios financiados por la propia industria para afectar la veracidad de las conclusiones que emiten los expertos. Este es, puntualiza ella, el problema de nuestro tiempo (Ruff, 2013).

    He compilado aquí 6 años de investigación bibliográfica y trabajo de campo respecto al tema del asbesto desde un enfoque interdisciplinario y apoyado en el arsenal teórico de las prácticas sociales del arte. Han sido años de estudio y revisión de documentos, de múltiples entrevistas con todos los actores del drama. Desde un principio me llamó poderosamente la atención la existencia de dos tesis tan opuestas con la vida humana de por medio. Pero ha sido gracias a los conocimientos ofrecidos por Barry Castleman, David Egilman, Arthur Frank, Andy Oberta, Kathleen Ruff, Richard Lemen, David Michaels, Paul Brodeur, Jukka Takala, Laurie Kazan-Allen, Jock McCulloch y Geoffrey Tweedale, que poco a poco empecé a ver claridad en la inmensidad de datos, muchos de ellos contradictorios, junto al apoyo decidido e incondicional de mi compañero en esta aventura editorial, Gabriel Camero Ramos.

    He compilado aquí seis años de investigación bibliográfica y trabajo de campo respecto al tema del asbesto desde un enfoque interdisciplinario y apoyado en el arsenal teórico de las prácticas sociales del arte. Han sido años de estudio y revisión de documentos, de múltiples entrevistas con todos los actores del drama. Desde un principio me llamó poderosamente la atención la existencia de dos tesis tan opuestas con la vida humana de por medio. Pero ha sido gracias a los conocimientos ofrecidos por Barry Castleman, David Egilman, Arthur Frank, Andy Oberta, Kathleen Ruff, Richard Lemen, David Michaels, Paul Brodeur, Jukka Takala, Laurie Kazan-Allen, Jock McCulloch y Geoffrey Tweedale, que poco a poco empecé a ver claridad en la inmensidad de datos, muchos de ellos contradictorios, junto al apoyo decidido e incondicional de mi compañero en esta aventura editorial, Gabriel Camero Ramos.

    Más que autores, hemos querido ser comunicadores. Me ha interesado recopilar y ordenar selectivamente los datos obtenidos por algunos de los investigadores más importantes del mundo en el tema del asbesto, para que el lector entienda que nuestra sociedad está ante un juego de alto riesgo, que es el arrinconamiento de la veracidad científica por parte de un poder económico interesado en ocultarla.

    Actualmente, un proyecto de ley cursa en el Congreso de la República de Colombia, el cual busca prohibir el uso del asbesto. Esperamos que esta publicación contribuya a dilucidar que, detrás del debate sobre el asbesto, existen dos posiciones irreconciliables y una de ellas se ampara en la manipulación de los datos científicos. Al final de su lectura, estimado lector, usted podrá tener los elementos de juicio para comprenderlo.

    [1] El concepto de Greenwashing se entiende como “la inducción al público hacia el error o la percepción diferente, haciendo hincapié en las credenciales medioambientales de una empresa, persona o producto cuando estas son irrelevantes o infundadas”.

    [2] Un procedimiento en el que un individuo o empresa, gobierno u otro grupo promueve el arte visual y sus conceptos, para crear un beneficio y limpiar su imagen en relación con el comportamiento corrupto a nivel político, ambiental, laboral o social, de manera opuesta al objetivo de las iniciativas anunciadas por el artista.

     

    Referencias

    Adorno, T., y Bernstein, J. (Eds.). (1991). The Culture Industry. Selected Essays on Mass Culture. Londres, Inglaterra: Routledge Classics.

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    Torres, M., Luna, J. E., Parra, J., y Spurling, P. S. (2016). Acción Colectiva por el derecho a la salud en el trabajo: el caso de asotrecol. En O. Gallo y E. Castaño, La salud laboral en el siglo XX y XXI: De la negación al derecho a la salud y la enfermedad (pp. 413-42). Bogotá, Colombia: Escuela Nacional Sindical.

    Tweedale, G., y Castleman, B. (2018). Jock McCulloch (1945-2018): A Tribute. International Journal of Health Services, 48(3), pp. 586-91.

    [1] El concepto de Greenwashing se entiende como “la inducción al público hacia el error o la percepción diferente, haciendo hincapié en las credenciales medioambientales de una empresa, persona o producto cuando estas son irrelevantes o infundadas”.

    [2] Un procedimiento en el que un individuo o empresa, gobierno u otro grupo promueve el arte visual y sus conceptos, para crear un beneficio y limpiar su imagen en relación con el comportamiento corrupto a nivel político, ambiental, laboral o social, de manera opuesta al objetivo de las iniciativas anunciadas por el artista.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • PRONUNCIAMIENTO DE LA COMUNIDAD ARTISTICA

    PRONUNCIAMIENTO DE LA COMUNIDAD ARTISTICA

    El próximo lunes se adelantará un encuentro con senadores que apoyan la prohibición del asbesto en Colombia. La siguiente carta es una invitación a la comunidad artística para que apoyen la prohibición con su nombre y su cédula (http://bit.ly/2vUIMdH inbox). El documento será leído el próximo lunes por el curador y crítico de arte Guillermo Vanegas Flórez en el Congreso de la República de Colombia.

    Bogotá, mayo 10 de 2019.

    CARTA ABIERTA DE (POQUÍSIMOS) ARTISTAS E INTEGRANTES DEL CAMPO ARTÍSTICO LOCAL SOBRE LA LEY DE PROHIBICIÓN DEL ASBESTO EN COLOMBIA

    Como los bancos y las multinacionales, la comunidad artística necesita dinero para hacer su trabajo. Generalmente, como los bancos y las multinacionales, muchísimo y durante demasiado tiempo. Desde esta perspectiva, bancos, multinacionales y artistas venimos a ser lo mismo: sujetos eternamente condicionados por la obtención de recursos. Y eso está bien, parecen decirnos nuestros más avezados –y resignados– dirigentes: “así son las cosas y si no les gusta, bien puedan cambiar de sistema económico, o de mundo”.

    Perfecto, pero quienes hacemos arte o trabajamos en el campo del arte, nos enfrentamos a un problema cuando comenzamos a saber de dónde ha salido el dinero que nos ha permitido hacer nuestras geniales obras e investigaciones. Por ejemplo, cuando nos enteramos de que, quien nos compraba nuestro arte, fue condenado por enfermar comunidades enteras en Italia a consecuencia de la explotación del asbesto. Conocimos la noticia y nos sentimos mal. Nos quejamos, nos lamentamos, hasta nos enojamos. Pero pocas veces, le reclamamos a quien nos brindó esa financiación.

    Nuestro arte habla de integridad y compromiso, pero con nuestros actos apuntamos más bien hacia un pragmatismo acelerado. Callamos y continuamos.

    Desde 2013, el artista, crítico y activista Guillermo Villamizar nos mostró que como campo artístico estábamos entontecidos con los cantos de sirena del proyecto de coleccionismo pseudofilantrópico dirigido por el curador Hans Michael-Herzog y pagado con recursos de una Fundación lastrada por sus vínculos con la familia Schmidheiny. Para entendernos: Villamizar nos enseñó que arte y asbesto no combinaban; Herzog es un investigador reputado por organizar exposiciones megalomaníacas basadas, sobre todo, en sus vínculos sociales megalomaníacos; y los Schmidheiny son una familia suiza que ha obtenido parte de su fortuna explotando asbesto.

    Así, con dinero ajeno, el segundo ayudó a los terceros a organizar una colección omniabarcadora de arte latinoamericano, mientras el primero hacía todo lo posible por informarnos del desastre ético que nos amenazaba. La mayoría no lo escuchamos, hasta que el proyecto cerró: en 2015 la Fundación Daros abrió un palacete en Rio de Janeiro que sólo pudo tener abierto hasta 2016. Nuestro sueño duró menos de un año.

    Este caso no es el único entre el uso de asbesto y el patrocinio de arte en Colombia. A nivel local, es bien sabido que el Grupo Neme, uno de los patrocinadores del Museo de Arte Moderno de Bogotá y del espacio NC Arte, también produce partes de frenos con asbesto y forma parte de la coalición tóxica de lobistas que hasta ahora ha logrado detener una y otra vez el trámite de esta ley en el Congreso.

    Ahora, entre mayo y junio se han dado importantes muestras de apoyo para poder radicar y lograr la aprobación de la denominada Ley Ana Cecilia Niño, propuesta con la cual se busca erradicar el uso del asbesto en nuestro país. El proyecto ha avanzado y creemos que ya es tiempo de hacernos oír. Para buscar no tanto la reivindicación de nuestra actividad luego de los hechos ya relatados, como de sentar un precedente de nuestro verdadero compromiso con la construcción de país y de las dificultades que enfrenta este propósito a consecuencia de su modelo económico.

    Con esta carta abierta queremos decir que es imprescindible erradicar el uso del asbesto.

    Que es necesario que este proceso obtenga bases legales fuertes para sostenerlo a futuro.

    Que sabemos que se trata de una lucha prolongada, llena de contradicciones donde todas las circunstancias apuntarán a que desfallezcamos y abandonemos.

    Que este tipo de demostraciones resultan efectivas en momentos como el actual.

    Que, como las personas que firmamos esta misiva, usted también se puede manifestar.

    Que, si no está de acuerdo con la retórica de este documento, usted también puede expresar su postura.

    Que el asunto ahora es de manifestarse masivamente, reiteradamente, claramente.

    Que la desasbestización a nivel nacional será un proceso arduo –y si lo quiere escuchar, amigo empresario: rentable-.

    Que una Colombia libre de asbesto será mucho más segura para quienes hereden este país.

    Que una Colombia libre de asbesto beneficia a toda nuestra población.

    Que sin asbesto es más rico.

     

    Firmantes:

    Guillermo Villamizar
    91241502

    Guillermo Vanegas Flórez
    79861198

    Lucas Ospina
    79523501

    Úrsula Ochoa
    1020405922

    Luis Hernández Mellizo
    79835394

    Ricardo Arcos-Palma
    79053798

    Guillermo Londoño
    79233969

    Diana Drews
    52040048

    Andrés Jurado Uribe
    80032222

    Daniel Molina Sierra
    80134293

    Ori Alon
    ID 536139878 (EE.UU.)

    Jorge Sarmiento Arias
    80208533

    Fernando Murcia Fajardo
    19486285

    Edinson Javier Quiñones Falla
    10293366

    Estefanïa García Pineda
    1053812629

    Adriana Castro Criales
    52 622 623

    Germán Arrubla
    15256592

    Ulpiano Fernandez
    19149146

    Halim Badawii
    7181114

    María Alejandra ToroVesga
    1026263133

    Saír García.
    91444512

    Emilio Tarazona
    C294948 (Perú)

    Diana Carolina Romero Acuña
    53041490

    Florencia Mora Anto
    37830097

    Eli Ferrari Guadalupe
    DNI: 25161475. (Argentina)

    Luisa Ungar
    52262518

    Paula Altafulla Dorado
    52383136

    Luz Helena Cordero
    63291342

    Henry Buitrago Alba
    6773501

    Oscar Salamanca Angarita
    91262105

    Emma Rivera Chaves
    51918322

    Rai Serrano Murillo
    1098767436

    Miguel Angel Gelvez Ramirez
    13715607

    Clara Inés González.
    37542423

    Henry Olarte Alvarez
    13953999

    Magda Liliana González Sandoval.
    37615348

    María Camila Lozano González.
    1102391684

    Claudia Yaneth Ospitia Rojas.
    52755186

    Walter Alonso Gómez Céspedes
    91232766

    César Chaparro
    13844147

    Luz Marina Contreras araque
    63506937

    Luis Carlos Valero Vasquez
    91238580

    Jaime Martín Rodríguez
    91243290

    Tatiana Riascos Quiróz.
    52083055

    Mauricio Martinez
    79655127

    Marcela Salas
    52154858

    Iván Navarro
    80199834

    Julieta Suárez Londoño
    52831549

  • UN ESPECTRO DE LEGIBILIDAD

    UN ESPECTRO DE LEGIBILIDAD

    ¿Cuándo una obra de arte socialmente comprometida es demasiado obvia? ¿Y cuándo es demasiado confusa?[1]

    Para muchos seguidores del arte, una obra debe permanecer lo suficientemente opaca como para invitar a una dosis adecuada de especulación y conjetura. La confusión es aplaudida frente a la burda simplicidad que ofrece lo obvio. Una obra de arte fácilmente abierta a la interpretación proporciona cierta libertad de caer en la instrumentalización (desde una agenda) y permite al espectador experimentar con la especulación y puntos de vista diferenciados. En el activismo, sin embargo, la claridad se celebra, y un mensaje convincente puede llegar a una audiencia amplia y puede servir como un arma. Los dos extremos de esta dinámica, a la que me refiero como ambiguo y didáctico, han demostrado ser irreconciliables. Este dilema ha perseguido al arte político durante mucho tiempo. En la década de 1930, el filósofo George Lukacs arremetió contra los excesos del expresionismo, alegando que su escapismo apolítico contenía las semillas nostálgicas del fascismo. Ernst Bloch respondió que el expresionismo era, de hecho, profundamente político: en él, uno podía encontrar métodos para escapar de la tiranía del estalinismo. En la historia de la crítica estética marxista, encontramos las mismas batallas que plagan a los teóricos que se debaten entre su deseo de revolución práctica y su afecto por los gestos estéticos que se resisten a su propio tiempo. Adorno optó por el alto modernismo y elogió la música de Schopenhauer: una forma estética que se resistía a la interpretación fácil era la única apropiada para la perpetuación del capital. Y Bertolt Brecht desplegó una forma de teatro que escapaba del componente didáctico de la estética de Lukacs al intentar producir un teatro que se salía del escenario y se convertía en vida. El tema de la opresión de clase tocaría el corazón mismo de la audiencia, y al hacerlo, fomentaría una cultura revolucionaria. De esta manera, Brecht buscó apuntar a la opresión, pero sondeando producir en el espectador las semillas del cambio en el mundo.

    Aquellos que aparecen involucrados con el arte socialmente comprometido, están ciertamente familiarizados con la naturaleza divisoria de esta discusión. El trabajo que aparece muy vinculado al lenguaje de la estética es descartado como demasiado referencial, demasiado evasivo y demasiado inaccesible para una audiencia amplia por parte de aquellos cuya preocupación principal es el activismo, mientras que el arte prescriptivo es demasiado cliché y banal para las audiencias cuya preocupación principal es el arte. Los artistas comprometidos socialmente pueden sentir fácilmente, al igual que Deller en su Es lo que es, que la combinación de lo didáctico y lo poético cae entre las grietas de las preocupaciones estéticas y políticas de las comunidades activistas y artísticas; lo que crea un nudo nada fácil de desenredar.

    Lo didáctico es obvio, y lo ambiguo es opaco; lo que lo didáctico gana en claridad, la ambigüedad lo gana en oscuridad. Al igual que con todo lo binario, la mayoría de los gestos encajan en algún lugar entre estos dos puntos. La mayoría de los artistas comprometidos socialmente despliegan técnicas didácticas para hacer que una obra sea lo suficientemente legible, para luego poder involucrar al espectador en un nivel de ambigüedad que les permita explorar la obra por sí mismos, mientras que la obra que está bajo el encabezado de los rangos didácticos, desde la propaganda hasta el documental, el realismo, la sátira y la utopia, también pueden ser ambiguos. La didáctica debe ser lo suficientemente abierta para alentar la especulación, pero desplegar suficiente legibilidad para impartir ideas. De manera similar, el ambiguo debe seducir a un espectador para que se comprometa con él y, si se basa en un lenguaje estético demasiado alejado de la experiencia cotidiana, un espectador puede rechazar su curiosidad sin un compromiso cercano. Es cierto, por supuesto, que discutir los usos de la didáctica es mucho más fácil que discutir los beneficios de lo ambiguo. Particularmente porque un gesto verdaderamente abierto no es fácil de encontrar en una época de gran mercantilización, lo que brinda la oportunidad de experimentar lo ambiguo, lo raro y lo específico. Pero la experiencia de una persona sobre lo didáctico y ambiguo puede no ser la de otra, y al igual que con todas las cosas, uno debe dar un paso atrás y considerar estas preocupaciones a través de las vastas constelaciones de poderes que las determinan. Tanto lo didáctico como lo ambiguo tienen algo que ofrecer en condiciones diferentes. La batalla por lo didáctico y lo ambiguo, por lo tanto, debe considerarse desde el complejo campo que ofrecen los contextos y las audiencias.

     

    LO DIDÁCTICO

    La palabra «didáctico» carece ciertamente de amigos en las artes. En el mundo del arte, una tierra extraña que aprecia las metáforas vagas, los significados evasivos, la complejidad y las ideas conceptuales, la palabra didáctico es el último epíteto para crear escalofrío entre los artistas de estudio durante las críticas y los análisis. Un primo en segundo grado de lo «banal», lo «didáctico» se revuelve con todas las cosas vergonzosas, ingenuas y dolorosamente obvias. Esto sitúa a lo didáctico fuera del ámbito del arte.

    Sin embargo, esta abreviatura -tanto lo que constituye el reino del arte como por lo que queda por fuera de sus competencias- determina una dudosa frontera. Las contradicciones que rodean la cuestión de qué constituye realmente una obra de arte han persistido a lo largo de la historia del arte. Y una inherente falta de claridad, mezclada con una comunidad cuyos miembros sienten que entienden la definición de arte de manera bastante intuitiva, sigue impidiendo a los artistas comprometidos que usen las herramientas del arte para el cambio social. La comunidad artística es una audiencia difícil de apaciguar. La relación entre lo didáctico y las artes ha sufrido inmensamente, y el abismo sigue creciendo: el artista comprometido socialmente que se adentra en las aguas de lo didáctico se enfrenta a la ira de una comunidad artística que privilegia los códigos rígidos de la estética ambigua por encima de todo.

    Lo didáctico, por definición, significa el deseo de enseñar y moralizar. Esto a menudo se reduce a la noción de que una obra puede entenderse, que la producción de una imagen y la reacción que busca en el espectador no son difíciles de leer. Cuando un cartel dice «Stop the War», lo leemos como didáctico porque su deseo de animar al espectador a estar en contra de la guerra es obvio. Pero la capacidad de leer la intencionalidad y la capacidad de enseñar no son exactamente lo mismo. Casi se podría llegar a decir que en el habla cotidiana, la palabra se refiere a una forma de enseñanza donde la lección ya se conoce. Es decir, enseñar y moralizar implica una forma de comunicación que es repetitiva y no reveladora. A efectos de la argumentación, debemos, hasta cierto punto, aceptar esta pequeña discrepancia entre el uso común y su definición.

    Lo didáctico puede significar muchas cosas, y la legibilidad de las intenciones de un artista didáctico es inestable, -diferentes personas leen las imágenes desde diferentes perspectivas. Lo que podría ser obvio para un espectador puede no serlo para otro, y el intento de evaluar lo que tendrá sentido para un espectador, lo que la inspirará, equivale a una especie de conjetura ilustrada. Pero hay verdaderas implicaciones para esta conjetura. ¿Cómo se llega realmente a la gente? ¿Y qué hacen las imágenes, el habla y las acciones? Después de décadas de incesante producción visual, la cultura en su conjunto ha evolucionado en su capacidad para interpretar códigos. El aumento de la alfabetización visual ha proporcionado un agudo sentido para determinar la intencionalidad.

    Considere la paradoja del expresionismo abstracto, que ciertamente no es el primer género que viene a la mente cuando se habla de lo didáctico. Las pinturas abstractas de los expresionistas abstractos fueron producidas por el deseo de volverse más reales. Defendidas ​​por el teórico de Nueva York Clement Greenberg, los expresionistas abstractos rechazaron por completo la representación: argumentaron que la pintura representativa era ilusionista, que no era más real ni más evidente que un espectáculo de magia. Lo que Jackson Pollock, Mark Rothko, Clyfford Still y Barnett Newman vieron en su trabajo fue un rechazo de los valores estéticos de la burguesía en favor de una estética no representativa totalmente nueva que pintó las cosas como eran. Este rechazo de la estética burguesa a favor de la propia, es, desde luego, el punto central de la tradición vanguardista: veinte años después, el Minimalismo de Richard Serra, Donald Judd y Dan Flavin funcionaría de la misma manera. El minimalismo, también, sacó provecho de su rechazo a la estética burguesa.

    Por extraño que parezca, la crítica contemporánea del expresionismo abstracto calificó la obra como extremadamente didáctica. Era obvio, y lo que viste fue lo que obtuviste. Una pintura roja con una franja amarilla era una pintura roja con una franja amarilla, y nada más. Sin embargo, incluso si, en términos históricos del arte, el expresionismo abstracto no marcó una ruptura con el arte burgués, en la psique estadounidense, el movimiento incorporó un nuevo estado de cosas: si lo que viste fue lo que obtuviste, entonces lo que mucha gente vio fue gente rica que fingió sofisticación frente a algo que un niño podría pintar.

    Es decir, que la idea sobre lo didáctico de una persona, es el estado de confusión de otra. Cuando trabajé en el MASS MoCA, le pedimos a una clase de Harvard que estudiara la recepción de la audiencia de una exposición que organicé llamada Becoming Animal, que exploraba el espacio poroso entre humanos y animales. Para poner su conclusión en términos simples, encontraron que cuanto más conocía el público sobre arte, menos conexiones interpretativas hacían con el trabajo. Mientras que las personas que sabían sobre arte se centraron en minuciosas maniobras estéticas, las que no hicieron grandes saltos con respecto a lo que el trabajo podría significar, basándose en una amplia gama de referencias personales. Se podría argumentar que la lección del análisis es que cuanto más se sabe sobre el arte, menos se saca de él, aunque esto sería exagerar el asunto considerablemente. La lección más importante es simplemente que cuanto más se sabe sobre el arte, más radicalmente diferente es el enfoque del arte, en comparación con el del espectador general. Esta lección se vuelve aún más importante, ya que los artistas interesados ​​en llegar a audiencias populares deben explicar la brecha entre su comprensión (y su comunidad de creadores de arte y críticos) del gesto artístico y la comprensión para una audiencia general.

    Pero no diluyamos completamente la experiencia de lo didáctico, que a veces puede ser tan directo como el mensaje didáctico en sí. En una visita reciente a una librería anarquista, fui a la sección de arte para encontrar lo que uno podría esperar. Libros sobre grafiti, Adbusters, manipulación de carteleras, pósters de Emory Douglas para los Black Panthers y campañas anti guerra de posters fueron la variedad de opciones que estaban disponibles para la venta. Adornando las paredes de la librería se encontraban la maravillosa serie de carteles «Celebrando la Historia del Pueblo» que enfatiza el trabajo de líderes radicales como Fred Hampton, Emma Goldman, Little Bighorn, el hijo de puta contra el muro y numerosas personas y puntos de la historia, generalmente desconocidos. Si bien todo este trabajo sigue siendo importante, no pude evitar sentir que no había espacio en la tienda para más arte no didáctico. No se pudieron encontrar libros sobre arte contemporáneo, y cada proyecto estético tenía que tener una causa. Todo significante visual tenía que ser desde la calle o desde un movimiento. Lo ambiguo, lo poético, lo absurdo, cualquier gesto que no estuviera directamente relacionado con el activismo, simplemente no era invitado.

     

    LO AMBIGUO

    La búsqueda intensa de un artista por la ambigüedad es comprensible. El derecho a no ser claro ofrece una tremenda libertad: en un mundo que siempre quiere algo de nosotros, ¿no es atractivo hacer algo que no tiene sentido para nadie? ¿No es la búsqueda de lo ambiguo, en esencia, la búsqueda de la libertad individual? Cualquier discusión sobre arte político o socialmente comprometido debe comenzar con un reconocimiento de este instinto básico, que reside en el corazón de muchos artistas y debe ser respetado. El sueño de no ser utilitario es una ambición valiente y emocionante que no debe ser aplastada.

    Dicho esto, las tensiones entre lo didáctico y lo ambiguo deben abordarse con sensibilidad y conciencia de los valores de cada enfoque, ya que lo ambiguo es un sueño confuso que vive en todos nosotros.

    Las artes a menudo brindan un refugio seguro para proyectos que escapan a las nociones básicas de sentido común, que son, por diseño, irracionales, confusas, opacas, no literales, abiertas, poéticas y aburridas. Este abrazo de lo oscuro a menudo es liberador para los propios artistas, pero para muchos espectadores centrados en el cambio político, estas travesuras absurdas pueden parecerse a una sala llena de bufones que hacen malabares ante un rey: la rareza fácilmente descartada como entretenimiento para una aburrida clase dominante. Esta tendencia reactiva y sospechosa ha dejado la frontera de lo absurdo en el arte contemporáneo por fuera de la lente analítica de muchos activistas políticos. Sin embargo, este tipo de obras tienen mucho que ofrecer.

    Considere el aeropuerto internacional de Montello (2006), en el que un colectivo llamado eteam organizó una pequeña comunidad en Montello, Nevada, para recrear escalas aéreas en un aeropuerto local abandonado. La economía de la pequeña ciudad estaba en colapso, como la de muchas de las pequeñas ciudades que cubren el sudoeste: era una ciudad fantasma esperando que algo pasara. Un aeropuerto abandonado seguía siendo uno de los pocos elementos de la infraestructura de Montello, y estaba literalmente acumulando maleza, junto con las ocasionales bolsas de plástico arrastradas por el viento. El eteam, un colectivo de dos personas, viajó a la ciudad en un esfuerzo por reunir a la comunidad en torno a una causa absurda: la breve apertura del aeropuerto para un vuelo.

    El proyecto del aeropuerto se produjo poco después de otros extraños esfuerzos que el eteam había llevado a cabo en Montello. Después de entrevistar a numerosos residentes descubrieron que uno de los grandes activos de la ciudad era que nunca había experimentado un trancón, por lo que, en un esfuerzo por alterar el orden natural, el equipo convocó a los Montellanos para que subieran a sus autos y se dirigieran hacia una intersección central y, por primera vez en la historia de la ciudad, disfrutar del placer peculiar de un atasco de tráfico. Esta extraña acción hizo que algunos se encariñaran con el eteam y que muchos aún más, se molestaran con ellos. Después de su experimento con el tráfico de una pequeña ciudad, pidieron a los lugareños con los que habían trabajado que tramaran una parcela más ambiciosa. Con la asistencia de la organización artística de Nueva York, Art in General, el equipo recibió una beca para volar en avión a Montello y, durante medio día, disfrutar de los frutos de otro placer desconocido para Montello y sus residentes: una escala de avión (y un aeropuerto funcionando). Algunos residentes asumieron el trabajo de encargados del equipaje, mientras que otros tomaron la torre de tráfico aéreo, y otros incluso trabajaban en seguridad local o visitaban el bar. En general, el Aeropuerto Internacional de Montello surgió como una producción performativa que fue un cruce entre Airplane! y Esperando a Guffinan.

    ¿Cuáles fueron exactamente los resultados políticos de este proyecto? Habían capturado la imaginación de la ciudad, y el eteam había animado a la comunidad a tomar una forma de acción social absurda. El uso de lo absurdo había funcionado como un catalizador para un experimento local que seguramente quedaría fuera del alcance de lo didáctico. ¿Dónde cae este tipo de trabajo en el ámbito del arte socialmente comprometido? El significado social de un trabajo como este a menudo se descarta, pero merece consideración, no porque sea interesante, sino porque, a veces, puede ser eficaz para capturar la imaginación.

    Los activistas a menudo usan la frase «conviértete en el cambio que deseas ver en el mundo» y cierto arte produce con exactitud este tipo de esfuerzo, aunque no necesariamente en la forma en que los activistas pretenden que se use esta frase. La aventura de los eteams en el desierto produjo un sueño realizado por varias personas, un juego que puso la vida al borde del horizonte. El efecto y la activación de la imaginación fueron poderosos porque el trabajo generó una sensación de libertad no solo en el futuro, sino en el presente del ahora.

    Otro ejemplo de este tipo de trabajos fue creado por el colectivo vienés Gelatin. En su provocador proyecto titulado Dig Cunt (2007), Gelatin simplemente cavó un hoyo en la arena de la playa en Coney Island y lo llenó todos los días durante el curso de una semana. Esta fue una verdadera aventura sisifeana: cuatro austriacos con poca ropa fumando cigarrillos en la arena, riendo y pasando sus días haciendo algo y luego deshaciéndose de él. En otras palabras, era, un proyecto sin sentido. Y, sin embargo, durante el transcurso del evento, las personas se acercaron al equipo de Gelatin y preguntaron qué estaban haciendo. Cuando la respuesta fue «cavar un hoyo y luego volver a llenarlo», la locura de tal gesto a menudo despertó el interés de quienes los rodeaban. ¿Cuál fue el punto?

    Los dos proyectos absurdos, inspirados en el Dada —el Aeropuerto Internacional de Montello y Cavar el coño— no discuten la política de manera abierta (aunque el uso de la palabra «coño» por parte de cuatro chicos austriacos queer podría ser una especie de provocación política). Tampoco intentaban rectificar un problema social. Pero mientras su posición no política los coloca fuera del diálogo del arte político, su uso de la ambigüedad en el espacio público tiene implicaciones políticas.

    ¿Cuáles son los usos políticos de lo absurdo, lo corrosivo, lo curioso, lo tonto, lo insano y lo melancólico? ¿Cuáles son los usos políticos de la actuación de Bruce Nauman, Bouncing in the Corner No. 1 (1968), donde el artista simplemente rebota su cuerpo una y otra vez contra una pared? ¿Cuáles son las consecuencias políticas de la serie de pinturas de color rosa de Spencer Finch? Tratando de recordar el color del sombrero pastillero de Jackie Kennedy (en 10 partes) (1993), en el que el artista intenta recrear el color exacto del sombrero pastillero rosa de Jacqueline Onassis a partir de la memoria? ¿Qué ganará Guy Ben-Ner dirigiendo una telenovela familiar en las salas de exhibición de IKEA en Stealing Beauty (2007)? Todos estos proyectos ofrecen exploraciones cuidadosas del mundo que nos rodea, sin embargo, siguen siendo excluidos de la rúbrica de lo político. Incluso si uno da por sentado la afirmación de que todo arte es político, la respuesta típica a este tipo de trabajo absurdo es que se trata de un status quo cómodo. La ilegibilidad de los fenómenos culturales ambiguos presenta un gran dilema para una comunidad dedicada a la claridad, la eficiencia y la utilidad. (Por otra parte, con la misma intensidad, encontramos críticos de arte profesionales que elogian este tipo de trabajo como la forma más alta de política, dejando así de lado los trabajos más utilitarios, como un cartel de protesta, o arte destinado a ayudar a las personas sin hogar, a salvo fuera de su alcance.)

    Por definición, los gestos ambiguos resisten interpretaciones singulares. Poseen múltiples implicaciones implementadas a la vez, y la disonancia entre ellas produce una complicada red de interpretaciones. La poesía cobra impulso no por la claridad de su significado, sino por el rango de posibles significados que generan interpretaciones más sólidas y, en ocasiones, conflictivas de lo que es. Una definición cercana, pero, hasta cierto punto, muy diferente, de ambigüedad es la cualidad de ser inexplicable. En lugar de ofrecer numerosas explicaciones, esta forma de ambigüedad no ofrece ninguna. Sospecho que, de los dos, el que provoca el mayor grado de contestación es el gesto que no se puede explicar. Este gesto, este agujero negro interpretativo, muda mutuamente la acritud política hacia sus fauces agresivas y sin disculpas.

    Entonces, ¿qué hacemos con los proyectos que son completamente ambiguos, que no tienen ninguna conexión con un tema político de actualidad y que, de hecho, pueden incluso oponerse a cualquier sentido de prescripción ética?

    Tomemos, por ejemplo, la revista Gabinete, cuyo nombre se deriva del Gabinete de Curiosidades. Cada uno de los temas de la revista explora un tema simple: huesos, fuego, infancia, dobles, sombras, frutas, estados ficticios, etc. Y de forma interesante y elocuente los escritores abordan bajo una oscura demencia el tema elegido, como el estudio de un Estado ficticio llamado Atlantium, o cómo las moscas domésticas ven el mundo en un caleidoscopio, o la desaparición de los arrecifes de coral, o la historia del placebo. Hay un amor por la historia en las páginas del Gabinete, una historia que no tiene filtros, sin tapujos, oscura y aparentemente sin sentido. Los artículos están cómodamente al margen, y la revista no provoca ni produce ningún sentido de urgencia. Es extrañamente cómodo pensar por pensar en detalles extravagantes de la vida cotidiana. Hay numerosos experimentos increíbles en las artes que resisten la definición fácil. En la búsqueda de formas expresivas fuera de un lenguaje directo, muchos artistas se encuentran realizando formas de trabajo que eluden la prescripción. Piensa en los artistas brasileños Lygia Clark y Helio Oiticica, quienes en la década de 1960 produjeron rituales extraños y socialmente comprometidos con hilos, formas y cuerpos. Aunque se basó en el psicoanálisis y se produjo deliberadamente en reacción al gobierno brasileño de la época, las actuaciones de Clark y Oiticica incluían todo, desde tirar el hilo de la boca sobre el cuerpo postrado de un participante que yacía bajo unas pinturas que se usaban mientras se bailaba Samba. Piensa en Cabaret Voltaire, en Weimar, Alemania, cuyo cabaret en estado sano muestra una poesía de sonido fusionado con una interpretación absurda. Piense en el movimiento japonés Gutai posterior a la Segunda Guerra Mundial, que creó objetos al golpear sus cuerpos contra ellos, a través de ellos y a través de ellos. Estas exploraciones de principios y mediados del siglo XX fueron rupturas radicales con sensibilidad, y encontraron en el lenguaje del rechazo formal una herramienta extremadamente política.

    Estos ejemplos son sin duda algunos de los esfuerzos artísticos más reconocidos de la vanguardia. Tuvieron éxito no solo porque eran ambiguos, sino porque también crearon espacios para apreciar la naturaleza abierta de sus empresas. Es decir, estos actos a menudo tuvieron lugar fuera del ámbito de la explotación capitalista directa. Eran formas culturales híbridas, que surgieron de un deseo colectivo de hacer algo nuevo, y de un espacio profundamente ambiguo. Estas presentaciones y eventos no solo permitieron a cada miembro producir nuevas formas culturales, sino que también les permitieron participar en la producción de sí mismos. Por supuesto, estos momentos no ocurren en galerías o museos, ni ocurren en la televisión o la radio popular. Se promulgan fuera de una lógica de coerción y capital evidentes.

    [1] El siguiente texto es tomado del libro de Nato Thompson, titulado Seeing power. Art and Activism in the Twenty-first Century.